ENCICLOPEDIA VIRTUAL DE LOS VERTEBRADOS ESPAÑOLES

Malpolon monspessulanus

Reproducción

Alcanzan la madurez sexual entre 3-5 años (Castanet, 1987), Los machos a los 3 – 4 años y las hembras un año más tarde (Feriche et al., 2008) 1, y a los 550 y 634 mm de longitud hocico-cloaca en machos y hembras, respectivamente (Feriche, 1998; Feriche et al., 2008). 1 En machos, este tamaño de adquisición de madurez representa 2,1 veces su talla al nacer y el 37% de la talla máxima, y en hembras 2,5 veces su talla al nacer y el 66% de tu talla máxima (Feriche, 1998).

Es uno de los pocos colúbridos paleárticos en el que el ciclo reproductor de los machos no es estival, sino vernal, pues es raro que en las zonas templadas, con corta estación cálida, un reptil de cierto tamaño pueda completar todo su ciclo reproductivo (espermatogénesis, vitelogénesis, acoplamiento, desarrollo embrionario, eclosión), en el mismo año calendario. A principios de abril algunos ejemplares comienzan la espermiogénesis, la cual ocurre rápidamente, pues a finales de mayo todos los individuos están en plena espermiogénesis, encontrándose numerosos espermatozoides en los conductos deferentes desde mediados de mayo. Estos se muestran netamente hipertrofiados y serosos en el tramo que acompañan al riñón entre finales de mayo y junio. El testículo derecho es siempre anterior y más grande que el izquierdo, con muy pocos casos en los que hay solapamiento en longitud de ambos testículos (Feriche, 1998). Hacia finales de junio finaliza la espermiogénesis y sucede una involución testicular, aunque, hasta comienzos de agosto al menos, aún quedan numerosos espermatozoides en los conductos deferentes. Los meses de agosto y septiembre corresponden a un estado de reposo completo. En octubre, algunas espermatogonias comienzan a multiplicarse, lo cual se manifiesta en una leve recrudescencia testicular que se mantiene hasta enero (Feriche, 1998). Este tipo de espermatogénesis ha de condicionar la fecha del acoplamiento, la cual se situaría entre mediados de mayo y comienzos de junio, algo tardía para un colúbrido del norte del Mediterráneo (Cheylan et al., 1981; Saint-Girons, 1982b). Todos los machos maduros sexualmente realizan la espermatogénesis cada año (Feriche, 1998; Feriche et al., 20081).

Los machos más grandes tienen el volumen testicular relativamente más pequeño. El sistema de emparejamiento se basa en territorialismo, combate entre machos y guarda de la hembra, lo que no sugiere competición espermática. Por lo tanto, puede ser más importante para los machos invertir en tamaño corporal que en tamaño testicular (Feriche et al., 2008). 1

En el suroeste ibérico y sur de Francia la época en la que ocurren los cortejos y apareamientos comprende la segunda mitad de mayo y la primera de junio. Durante este período existen indicios de una mayor movilidad por parte de los machos (Cheylan et al., 1981; Blázquez, 1993, 1995; Feriche, 1998). En la Península Ibérica se conocen combates entre machos en junio (Feriche, 1998). En cautividad, se han registrado enfrentamientos entre machos, donde los dos ejemplares rivalizan colocándose juntos (Bogert y Roth, 1966). Se ha observado una cópula el 30 de mayo en la provincia de Granada (Pleguezuelos, J. M., datos no publicados). Durante el acoplamiento el macho realiza una vigilancia muy intensiva de los alrededores, expulsando a otros machos (Rijst, 1990). La cópula dura diez minutos (Rijst, 1990). La pequeñez de los hemipenes podría permitir un desacople rápido de los congéneres en una especie que frecuenta espacios abiertos, y por lo tanto está sujeta a alto riesgo de depredación cuando las cópulas (de Haan, 1999, 2003b). Durante el período primaveral, se supone que después de la cópula, la hembra suele adquirir costumbres retraídas; en cautividad el macho vigila el abrigo donde ésta se encuentra, marcando químicamente los alrededores durante 6-8 semanas en mayo/junio (de Haan, 1984, 2003b, in litt.); más detalles en de Haan (1999).

Los ovarios de las hembras adultas contienen folículos pequeños (0,2-5,0 mm de longitud) todo el año, pero también muestran un modelo fuertemente estacional de recrudescencia ovárica; la vitelogénesis tiene lugar desde final de abril hasta finales de junio, con ovulación en la primera quincena de junio (Feriche, 1998). Durante este mes, en el sureste ibérico, todas las hembras adultas tienen folículos grandes o huevos oviductales, por lo que se reproducen anualmente (Feriche, 1998, Feriche et al., 20081); en el suroeste ibérico, sin embargo, entre el 50-75% de las hembras adultas se reproducen cada año (Blázquez, 1993). El ovario derecho es anterior, más grande, y produce un número mayor de folículos, que el izquierdo; aunque siempre los dos ovarios participan en la reproducción (Feriche, 1998). Si la cópula está retrasada pero no así la ovulación, los espermatozoides han de permanecer menos tiempo en los gonoductos femeninos (Cheylan et al., 1981).

La puesta se produce entre los 19-32 días de efectuada la última cópula (González de la Vega, 1988), normalmente a mediados de julio (Blázquez y Villafuerte, 1990; Alvarez, 1974), o a comienzos del mismo mes (Cheylan et al., 1981; Millán, 1994). En el sureste ibérico, la puesta se produce durante los últimos días de junio y los primeros de julio (Feriche, 1998, Feriche et al., 20081). Coincidiendo con la ovoposición, se aprecia un aumento en la longitud de los desplazamientos de las hembras; días antes de ser realizada la puesta, recorren casi a diario galerías de conejos y otros posibles lugares donde depositarla (Blázquez, 1993, 1995; Millán, 1994, Pleguezuelos, datos inéd.).

El tamaño de puesta varía entre 3-11 (Feriche, 1998), 3 – 11 huevos (media = 6,7; n = 18) (Feriche et al., 2008) 1, 7-15 (Blázquez, 1993), 5-14 (González de la Vega, 1988), 9 (Millán, 1994); más datos en Boulenger (1913), Salgues (1937), Cheylan et al. (1981), Bons (1967), Latifi (1991). El tamaño máximo registrado en varias puestas en cautividad, es de 14 huevos (de Haan, 1984); más información en de Haan (1999). Hay correlación positiva entre la longitud del cuerpo de la madre y su fecundidad (Feriche, 1998, Feriche et al., 2008) 1. La ovoposición se completa en un plazo de cuatro horas y media (Millán, 1994). En un caso en el suroeste ibérico, una hembra de 735 mm de longitud de cabeza y cuerpo tuvo una pérdida del 36,5% de su peso corporal al realizar una puesta de siete huevos que pesaba 62 g (Blázquez, 1993).

Los huevos son típicamente alargados, de aspecto pergaminoso-coriáceo y color blanquecino grisáceo. La dimensión media es de 39,2 x 21,12 mm. La pared es bastante gruesa y externamente aparece surcada en la superficie por estrías más o menos paralelas (Blázquez, 1993). Datos sobre composición química de la cáscara y microfotografías de las paredes en Blázquez (1993). Más datos sobre dimensiones de los huevos en Postel (1968), González de la Vega (1988), Rijst (1990), y de Haan (1999).

La puesta es depositada en lugares húmedos y soleados, bajo grandes piedras, troncos caídos, hojas secas, escombros, agujeros de terreno e incluso bajo cualquier material con determinada humedad (Hailey, 1982; González de la Vega, 1988). También en galerías de conejos (Oryctolagus cuniculus) o de abejarucos (Merops apiaster) en las marismas del Guadalquivir, probablemente debido a la falta de agujeros naturales (Blázquez y Villafuerte, 1990). En el suroeste de la Península Ibérica se encuentran agrupaciones de huevos o jóvenes claramente superiores en número a los que corresponderían a una sola puesta (18, 22, 31, 42), por lo que han de practicar nidificación colonial, por la falta de agujeros naturales donde realizar la puesta (Blázquez y Villafuerte, 1990; ver también Millán, 1994). En el sur de Galicia se han llegado a encontrar hasta 68 huevos juntos (Galán y Fernández-Arias, 1993).

Los nacimientos ocurren entre el 20 de agosto y el 10 de septiembre en el sureste ibérico (Feriche, 1998); desde mediados de agosto en Galicia (Galán y Fernández-Arias, 1993); 22 de agosto-7 de septiembre en el suroeste ibérico (Blázquez y Villafuerte, 1990; Blázquez, 1993); comienzos de septiembre en el noreste (Millán, 1994); finales de agosto en el resto de la Península Ibérica (Boscá, 1880); más datos en Hailey (1982). El tiempo de incubación es de 60 días (Pleguezuelos, datos inéditos), 59-63 días (Blázquez, 1993), 36-52 (en cautividad; González de la Vega, 1988), 60-62 (en cautividad; Millán, 1994); más datos en de Haan (1982), Rijst (1990). El proceso de eclosión y abandono total del huevo por parte de los neonatos se extiende entre 9-24 h (Millán, 1994).

Los neonatos tienen una longitud hocico-cloaca media de 263 mm (rango 205-294 mm; Feriche, 1998), 205 – 294 mm (media = 258,3 mm; n = 25) (Feriche et al., 2008) 1, 250-290 mm (Blázquez, 1993), o 199-223 (Millán, 1994), o una longitud total de 276-301 mm (Galán y Fernández-Arias, 1993), 252-326 mm (González de la Vega, 1988). Pesan de media 7,9 gr (rango 6,5-10,2 gr; Feriche, 1998), 5,8 – 10,2 g (media = 7,5 g; n = 13) (Feriche et al., 2008) 1. 4,3-7,1 g (Galán y Fernández-Arias, 1993), 6,5-10,5 g (Blázquez, 1993); más datos en Hailey (1982), Rijst (1990), y de Hann (1984, 1999).

 

Demografía

La proporción de sexos (secundaria, n= 128) del sureste peninsular es de 1,66:1 favorable a los machos, aunque este resultado puede estar sesgado por la mayor actividad que este sexo muestra en primavera. Escarré y Vericad (1981) encuentran una relación de sexos prácticamente del 50%.

Es la especie de ofidio ibérico sobre la que se dispone de más datos de edad mediante técnicas de esqueletocronología (Valverde, 1967; Díaz-Paniagua, 1976; Castanet, 1987; Pleguezuelos y Moreno, 1988). Las leyes de crecimiento parecen similares para los dos sexos hasta una edad de 12-13 años, longevidad calculada para las hembras; a partir de esta edad sólo sobreviven los machos, siendo por tanto los únicos que alcanzan los tamaños mayores y una edad de 25 años (ver apartado de Dimorfismo). Sobre 275 ejemplares estudiados en el sur de la Península Ibérica a los que se les calculó la edad mediante estas técnicas, ninguno de los 50 a los que se les determinó 14 o más años fue hembra (Pleguezuelos y Moreno, 1988). De Haan (1984, 1999), basándose en la observación de numerosos ejemplares nacidos en cautividad, encuentra que el dimorfismo en el tamaño es debido a diferente tasa de crecimiento en los dos sexos; los machos no serían tan longevos, pues al tener dos períodos de crecimiento al año, antes y después del período reproductor, se les formarían dos anillos de crecimiento/año, siendo cada anillo contado como perteneciente a un año por los otros autores. Pero recientemente, mediante cortes transversales en huesos craneales, F. Hueso (com. per.) ha podido establecer que las edades hasta ahora determinadas para esta especie indican que en condiciones naturales ambos sexos presentan igual tasa de crecimiento hasta los 1.300 mm de longitud total.

La temperatura puede afectar a la dinámica de poblaciones. La detectabilidad de adultos en un año está relacionada con la temperatura media registrada en los dos años anteriores, lo que sugiere que temperaturas más elevadas pueden incrementar la supervivencia (Moreno-Rueda y Pleguezuelos, 2007).1

 

Referencias

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Juan M. Pleguezuelos
Departamento de Zoología, Facultad de Ciencias, Universidad de Granada, E-18071 Granada, España

Fecha de publicación: 23-10-2003

Revisiones: 2-06-2005

Otras contribuciones: 1. Alfredo Salvador. 29-08-2008

Pleguezuelos, J. M. (2003). Culebra bastarda – Malpolon monspessulanus. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/

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