ENCICLOPEDIA VIRTUAL DE LOS VERTEBRADOS ESPAÑOLES
Culebra viperina - Natrix maura
Origen y evolución
Un análisis basado en ADN mitocondrial señala que Natrix maura es la especie basal del grupo
formado por N. maura, N. natrix y N. tessellata y que divergió del ancestro de estas tres
especies hace unos 13-22 millones de años. Las tres especies se habrían formado
entre principios del Mioceno y finales del Oligoceno (Guicking
et al., 2006).1
Descripción

Ejemplares del delta del Ebro.
© Xavier Santos.
La culebra viperina es una serpiente de tamaño medio y apariencia poco esbelta, sobre todo en los ejemplares adultos. La cola es corta y representa aproximadamente una quinta parte de la longitud total aunque existen notables diferencias entre ambos sexos en este carácter. Uno de los rasgos más distintivos de este ofidio es su cabeza, muy ensanchada en comparación a otros colúbridos ibéricos, y bien delimitada respecto al resto del cuerpo. Además, la culebra viperina puede aumentar dicho rasgo cuando es amenazada en un claro ejemplo de mimetismo batesiano.
Existen pequeñas diferencias geográficas en la longitud total máxima
alcanzada. De norte a sur de
En la cabeza hay nueve grandes placas en el píleo. Existen dos escamas preoculares y dos postoculares, aunque no es raro observar cierta variación en este carácter. Por ejemplo, en el sur peninsular es frecuente ver ejemplares con una sola escama preocular (Escarré y Vericad, 1981) que llegan a representar el 28% de los animales en Andalucía oriental (Pleguezuelos et al., 1986), y en África este parece ser el carácter más frecuente (Schätti, 1982) o casi único en el Rif (94%, Fahd, 2001). En general se observan 7 escamas supralabiales (rango entre 6 y 9) de las cuales la 3ª y 4ª generalmente contactan con el ojo, y 9 escamas infralabiales (rango entre 8 y 11).
El número de escamas ventrales y subcaudales muestra diferencias entre ambos sexos siempre a favor de los machos. En el Delta del Ebro, el número medio de ventrales es de 150,9 y 148,6 para machos y hembras respectivamente (Santos, datos no publicados), mientras que en Andalucía oriental es de 152.1 y 150.2 (Feriche et al., 1993). En general estos valores son inferiores a los observados en el Rif (154.7 y 154.2) y siguen la pauta observada en la talla corporal, en el sentido de menores valores en los ejemplares peninsulares. El número de escamas subcaudales destaca por ser claramente dimórfico. Por ejemplo en el Delta del Ebro 59,5 en machos y 49,0 en hembras (Santos, datos no publicados), y en Andalucía Oriental, 63,6 en machos y 52,9 en hembras (Feriche et al., 1993). Los valores del Rif son superiores a los observados en las poblaciones peninsulares (65,2 en machos y 55,1 en hembras, Fahd 2001). Todo ello avala el estudio geográfico de Schätti (1982) que ya dibujaba una tendencia al aumento del número de subcaudales en ambos sexos en las poblaciones más meridionales.
Las escamas dorsales están fuertemente carenadas, a excepción de las hileras
más cercanas a las escamas ventrales. En
El aspecto más destacable del diseño corporal es la presencia de una amplia
banda oscura que se prolonga en forma de zig zag desde la parte posterior de la cabeza hasta la cola en
posición mediodorsal. Sobre este patrón general se
observan diversas variantes que incluyen manchas romboidales conectadas entre
sí o no, o simplemente barras transversales. Estas variantes pueden en
ocasiones observarse en distintas zonas del dorso de un mismo ejemplar. Un
patrón de diseño alternativo consiste en la presencia de dos líneas
longitudinales y paralelas, de colores claros, que se extienden en posición
dorsal siguiendo un recorrido parecido al de la banda en zig
zag. Aunque este diseño rayado, también llamado
"bilineado" puede sustituir al zig zag, no es infrecuente
observar ejemplares con ambos diseños superpuestos. La proporción de ejemplares
con el diseño rayado es geográficamente muy desigual. En el río Valvanera (Salamanca) la proporción de ejemplares rayados
es mínima (1/212, Jaén 1988), hecho que revela la escasez de este diseño en las
poblaciones atlánticas (Malkmus, 1996). De un total
de 4.000 ejemplares observados en Portugal entre 1976 y 2002, solamente 14
tenían el diseño rayado y siempre en las provincias del sur y el este (Malkmus, 2003). Estos resultados indican que la frecuencia
es muy baja en el norte de Portugal y va aumentando hacia el sur aunque sin
llegar a representar el 50% de las observaciones (Brito, com. pers.). En cuanto a la vertiente mediterránea, es frecuente
en el Delta del Ebro (42% de ejemplares adultos,
datos no publicados), aunque muy infrecuente en el río Matarranya
situado sólo a
Otro rasgo característico del diseño corporal de la culebra viperina es la presencia de manchas laterales de coloración oscura con el centro más claro (blanco o amarillo) que se alternan con los entrantes del zig zag. En la cabeza, destaca la presencia de dos manchas, en ocasiones unidas sobre las placas parietales en forma de V invertida. Además, las escamas supra e infralabiales son claras con los bordes de contacto entre ellas más oscuros.
La coloración de fondo es variable aunque destacan los tonos verdosos, pardos y oliváceos. También se pueden ver animales con tonalidades rojizas (extendiéndose sobretodo al vientre) o menos llamativos en un tono gris. El vientre es generalmente gris claro o amarillento, en ocasiones rojizo o anaranjado, pero siempre con manchas oscuras en forma de diseño ajedrezado. Esta disposición, altamente variable, permite identificar individualmente a los ejemplares tras un reconocimiento fotográfico y ha sido sumamente útil en estimas de densidades poblacionales mediante marcado y recaptura (Hailey y Davies, 1985). Un método más sencillo aplicado con éxito en el Delta del Ebro consiste en conocer la posición de las escamas que no poseen manchas cuadrangulares (Santos, datos no publicados) y que, como el anterior, también resulta altamente variable.
Se han descrito casos de albinismo (Pérez y Collado, 1975; Rollinat, 1934) y también de melanismo (Angel, 1946; Naulleau, 1978; Galán, 2003), además de diversas malformaciones como un caso de ciclopismo (Bosch y Musters, 1987) y otros dos de bicefalia (Blanc, 1979; Sánchez-García y Martínez-Silvestre, 1999).
Los hemipenes son ligeramente bilobulados, cubiertos en gran parte de su superficie por pequeñas espinas, que solamente en su base adquieren un tamaño mayor. Ver dibujos de hemipenes en Schätti (1982; 1999) y Schleich et al. (1996).
Las células de la culebra viperina poseen 17 parejas de cromosomas, incluyendo cromosomas de gran tamaño y también microcromosomas (Rossman y Eberle, 1977). El número de eritrocitos varía entre 0.4x106 y 1.4x106 por mm3 de sangre, siendo este valor ligeramente superior en los machos (Duguy, 1967) y también con ligeras variaciones estacionales.
El número de mudas por año es variable aunque oscila entre 2 y 5 (Duguy y Saint Girons, 1966). Los individuos juveniles parece que mudan cuatro veces al año (Hailey y Davies, 1987a).
Dimorfismo sexual
La culebra viperina presenta un destacado dimorfismo sexual en la talla corporal, pues las hembras son mayores que los machos en todas las poblaciones. Sin embargo, sorprende el hecho que el dimorfismo en longitud corporal no coincida con diferencias parecidas en número de ventrales, pues los machos tienen un número significativamente mayor de ventrales a pesar de que son menores. Hembras mayores aparecen en aquellas especies donde la selección de un tamaño corporal mayor favorece el incremento de la cavidad abdominal y por tanto, del tamaño de la puesta o de los neonatos. Esta parece ser la explicación más plausible en el caso de la culebra viperina. Como en la talla corporal, el dimorfismo es también muy evidente en la longitud de cola y el número de subcaudales, en ambos casos mayores en machos. En conjunto, la cola es relativamente más larga en machos (23% de la longitud total) que en hembras (19%) (Feriche et al., 1993). Una longitud de la cola mayor en los machos parece responder a la presencia de los hemipenes en su base. Además, la posición de estos órganos hace que el grosor del cuerpo antes y después de la cloaca sea francamente distinto en las hembras y en cambio muy parecido en los machos (Feriche et al., 1993). Este carácter permite un fácil reconocimiento de ambos sexos en ejemplares sexualmente maduros.
Existen otros caracteres menos visibles para los que también hay dimorfismo sexual. Los machos poseen la musculatura corporal y los riñones relativamente más desarrollados que las hembras, y en cambio, estas poseen el hígado y cuerpos grasos más desarrollados que los machos (Santos y Llorente, 2004). Las diferencias en la musculatura se relacionan con la mayor actividad desarrollada por los machos (p. e. recorridos mayores, Santos y Llorente 1997) en su búsqueda de hembras durante el periodo de cópulas, y el mayor tamaño de los riñones indica su papel en la secreción se sustancias que se combinan con el semen. Por el contrario las hembras presentan un mayor tamaño en aquellos órganos relacionados con los procesos metabólicos y de almacenamiento energético, especialmente durante la vitelogénesis (Santos y Llorente, 2004). Existen otras diferencias sexuales en diversos aspectos de la ecología de la especie, que son desarrollados en otros apartados.
Variación geográfica
La culebra viperina es una especie monotípica, sin descripción de ninguna forma que haya alcanzado el rango de subespecie. No obstante existen ciertas diferencias morfológicas especialmente entre las poblaciones peninsulares y africanas. Por ejemplo, Schätti (1982) y Fahd (2001) han detectado una singularidad en el número de placas preoculares de las poblaciones africanas. Sin embargo, el primer autor observó mayor semejanza entre estas poblaciones y las del sur de la península en la frecuencia de la forma rayada y el número de dorsales que con las poblaciones al norte de los Pirineos. Otros caracteres morfológicos y de diseño muestran variación latitudinal (p. e. frecuencia de la forma rayada, ventrales, subcaudales) que solo se ponen claramente de manifiesto en la comparación entre poblaciones alejadas.
Busack (1986) realizó un estudio molecular que
comparaba 26 alozimas en ejemplares a ambos lados del
Estrecho de Gibraltar. La comparación parece atinada debido al aislamiento de
ambos continentes al menos desde hace 5,2 millones de años. Los
resultados no indicaron gran diferenciación molecular con este tipo de
marcador, pues las distancias genéticas intercontinentales fueron solo
ligeramente superiores a las intracontinentales. Pero
recientemente, Guicking et al. (2002) han realizado
un estudio filogeográfico con el citocromo
b que ha revelado resultados más concluyentes. Según estos autores, existen
tres clados principales claramente diferenciados en
Túnez-Cerdeña, Marruecos y Europa (distancias genéticas entre 3.9 y 4.6%) con
un tiempo de divergencia estimado de 3-
Se ha observado una clara diferenciación entre poblaciones del norte y del sur de la península Ibérica, que podrían haber estado aisladas en refugios durante las glaciaciones del Pleistoceno. En el sur, la diversidad genética está asociada con los valles de los principales ríos, mientras que los haplotipos del norte están más ampliamente distribuidos, lo que sugiere que ha habido expansión postglacial de su distribución (Guicking et al., 2008).2
Guicking et al. (2002) también indicaron que
existía poca estructura genética en las poblaciones europeas (distancia
genética media de 1.3%), con una mayor diversidad de haplotipos
en
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Xavier Santos
Departamento de Biología Animal y Ecología,
Facultad de Ciencias, Universidad de Granada, E-18071 Granada, España
xsantos1@ugr.es
Fecha de publicación: 16-03-2004
Otras
contribuciones: 1: Alfredo Salvador. 20-12-2006; 2. Alfredo Salvador. 2-09-2008
Santos, X. (2004). Culebra viperina – Natrix maura. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/
Sociedad de Amigos del MNCN - Museo Nacional de Ciencias Naturales - CSIC