ENCICLOPEDIA VIRTUAL DE LOS VERTEBRADOS ESPAÑOLES
Key words: Roe deer,
identification, measurements, age, geographic variation, subspecies.
Morfología
El corzo es un animal de hábitos boscosos dentro del contexto peninsular, silencioso y solitario, de pequeño tamaño y con un ritmo de actividad constante, por lo que puede ser localizado en el desarrollo de éstas en cualquier momento del día (Vicent et al., 1979; Perco y Perco, 1979). Su pequeño tamaño y aspecto delicado y tímido, le hacen inconfundible del resto de los ungulados ibéricos (Sáenz de Buruaga et al., 1991).
El cuerpo de un corzo representa características propias de un animal de ambientes boscosos. Tiene grandes orejas para aumentar su sensibilidad auditiva y buenos sentidos de la vista y el olfato; un pelaje que oscila de marrón leonado a gris oscuro, que muda todos los años en dos ocasiones, y le ayuda a pasar desapercibido por los predadores. Por último, los cuartos traseros levantados respecto a los delanteros y una columna más arqueada que la de otros ungulados, le permiten desarrollar su capacidad de salto en un medio en donde los obstáculos abundan (Costa, 1992; Danilkin, 1996).
A pesar de que son los machos algo mayores que las hembras, no existen
diferencias en su conjunto y por tanto no resulta útil para su distinción en
campo; podemos afirmar a este respecto, que no existe dimorfismo sexual (Danilkin, 1966). Aquello que más nos sirve para distinguir
a machos y a hembras es la cuerna, de la que se habla más adelante, presente
únicamente en machos. El peso corporal oscila para adultos en torno a los
Tabla 1: Parámetros corporales (longitud, cruz y peso en machos y hembras) en diferentes poblaciones europeas. PM: peso del macho (entero); PH: peso de la hembra (entero).
|
Lugar |
Longitud |
Cruz |
P M |
P H |
Referencia |
|
Italia |
- |
- |
25 |
18,5 |
Tarello (1991) |
|
Italia |
- |
65 |
25 |
20 |
Perco y Perco (1979) |
|
Francia |
113 |
70 |
27 |
24 |
Boisaubert y Boutin (1993) |
|
Francia |
110 |
65 |
- |
18 / 30 |
A. N. C. G. G. (1992) |
|
Rusia |
117 |
73 |
27,5 |
24 |
Danilkin (1996) |
|
Suiza |
- |
- |
23 |
21 |
Blant (1987) |
|
Reino Unido |
120 |
65 |
24,5 |
23,5 |
Prior (1995) |
|
Reino Unido |
- |
- |
- |
20 / 25 |
Bramley (1970) |
|
Dinamarca |
- |
- |
23,6 |
- |
Strandgaard (1978) |
|
Polonia |
110 |
73 |
- |
- |
Fruzinski et al. (1982) |
|
Alemania |
- |
- |
23 |
22 |
Geist y Bayer (1988) |
|
En general |
105 |
68 |
23 |
15 |
Montulet (1984) |
|
Cádiz |
110 |
66 |
20 |
17 |
Aragón (1993) |
|
C. Cantábrica |
113 |
75 |
25,5 |
23,2 |
Costa (1992) |
|
Cáceres |
119 |
73 |
25,5 |
25 |
Mateos-Quesada (1998) |
Al año de vida resulta complicado distinguir a individuos de esta edad con otros adultos, y prácticamente esta concluido su desarrollo corporal a los dos años de vida (Loudon, 1987); en este sentido, en los grupos formados por individuos de un año y su madre resulta muy complicado realizar una distinción en base al tamaño y esta habría que hacerla considerando otros aspectos morfológicos y comportamentales (Perco y Perco, 1979; Tarello, 1991).
Las crías al nacer tienen un pelaje diseñado con coloraciones pardas y con un moteado blanco dorsal que les recorre toda su longitud. A los dos meses de vida han perdido esta librea y sólo levemente se aprecian restos de estas manchinas blancas; en esta su primera muda, adquieren la coloración de los individuos adultos y podemos difereciarlos de ellos por el escudo de color blanco, mientras que los adultos tienen una tonalidad en esta parte del cuerpo algo más amarillenta.
Con la edad, los individuos se van volviendo más robustos y compactos y pierden parte de la fragilidad que caracteriza su morfología: los machos engrosan sus cuartos delanteros y su cuello, mientras que las hembras ensanchan ligeramente su tercio posterior. Este hecho sirve para distinguir en campo a machos de hembras y a individuos viejos de aquellos que no lo son, si bien no resulta una distinción sencilla y hay que tener cierto habituamiento al contacto con los corzos (Cabrera, 1914; Aragón, 1993; Braza et al., 1994; Costa, 1995).
Sobre estudios de variabilidad craniométrica de poblaciones ibéricas ver: Von Lehmann y Sägesser (1986), Fandos y Orueta (1991), Fandos y Reig, 1993; Fandos (1994), Aragón et al. (1998).
Cuerna
La cuerna, como en el resto de cérvidos, es una formación ósea que crece a
partir de los pivotes ubicados en la parte superior del cráneo, y a diferencia
del resto de los huesos de su anatomía, adquiere su función cuando degenera su
irrigación sanguínea y muere. Presente únicamente en machos, no suele superar
su asta central los
Un aspecto que llama la atención en la cuerna del corzo, es la tremenda variación de forma y volumen que presenta en los diferenta individuos de una misma población. No es difícil encontrar puntas adicionales a las descritas, diseños alejados al modelo habitual o modificaciones de cualquier otro tipo relativas a su forma. Este hecho es objeto de estudio en la actualidad, pero estas variaciones podrían estar relacionadas en muchos casos con la propia densidad poblacional, el tipo de alimentación, el hábitat en el que la cuerna es desarrollada y la propia relación entre los diferentes machos (datos propios sin publicar), amén de componentes genéticos inherentes al propio individuo.
La primera cuernina comienza a desarrollarse a
partir de los tres meses de haber nacido el individuo, sin embargo no será sino
un rudimentario apéndice craneal con forma de estaca menuda. Caída esta,
comenzará el desarrollo de su primera verdadera cuerna y se verá concluida en
torno al año de su nacimiento. El aspecto de esta primera cuerna podrá variar
desde un diseño similar a la de un adulto y siempre guardando oportunas
distancias en función al tamaño, hasta dos palitroques raquíticos que asomen
con dificultad encima de su cráneo. No parece, a pesar de ello, que un
individuo con una cuerna escasa, no llegue a desarrollar una gran cuerna en su
madurez. En
Tabla 2: Proporción en el número de puntas y longitud aproximada, en la primera cuerna de la población centro peninsular de Las Villuercas. Según Mateos-Quesada (1998).
|
altura/puntas |
hasta 2 |
3 o 4 |
5 |
n |
|
Menos de |
12,50% |
0% |
0% |
2 |
|
Aprox. |
56,25% |
50% |
40% |
14 |
|
Hasta - |
31,25% |
50% |
46,67% |
13 |
|
Más de |
0% |
0% |
13,13% |
2 |
|
n |
16 |
12 |
15 |
. |
A partir de esta primera cuerna cada año desmogará en torno a noviembre y creará una nueva cuerna cuya longitud, perlado y grosor, estará relacionado con las condiciones ambientales, con el estado de salud de su portador y la relación con sus propios congéneres.
Podemos establecer una mayor sincronía en el desarrollo de la cuerna conforme los individuos van alcanzando una mayor edad (Tarello, 1991), es decir, que el conjunto de aquellos individuos jóvenes que deben desarrollar una cuerna pequeña, lo hacen en un mayor tiempo que el grupo de individuos adultos que desarrollan una cuerna mayor (Tabla 3).
Tabla 3: Tiempo total, inicial, final y mínimo (en días), calculado para el desarrollo de la cuerna, en las diferentes clases de edad del corzo. Según Mateos-Quesada (1998).
|
. |
Adultos |
Crías |
Jóvenes |
|
Periodo total |
141 |
148 |
158 |
|
Periodo mínimo inicial |
57 |
* |
33 |
|
Periodo mínimo final |
92 |
48 |
84 |
|
Diferencia inicial/final |
35 |
* |
51 |
|
Tiempo medio |
74,5 |
48 |
58,5 |
Un aspecto que aún no ha sido explicado de manera satisfactoria es el hecho de que la especie desarrolle la cuerna en un periodo en el que menos disposición trófica tiene y cuando el frío requiere de los individuos un mayor aporte energético para el mantenimiento de su metabolismo. La mayor parte de los individuos ibéricos desarrollan la cuerna entre los meses de noviembre y diciembre, lejos de los mejores momentos para la búsqueda de alimento como los meses primaverales y que son los elegidos, por ejemplo, por especies como el ciervo.
Edad
La esperanza de vida en las hembras es mayor que en los machos, debido no sólo a cuestiones ligadas con la propia biología de la especie, sino a la presión cinegética a la que los machos se ven sometidos. Si la esperanza media de vida se encuentra sobre los doce años, la encontrada en los machos del centro peninsular no supera los 3-4 años; las hembras por su parte superan ampliamente esta media e incluso han sido localizadas con edades de hasta 19 años (Mateos-Quesada, 1998).
No existe un método fiable para conocer la edad de un individuo en vivo. La única aproximación a los diferentes grupos de edades que podemos hacer en campo (jóvenes, maduros, viejos) se basará en la propia complexión corporal, más robusta conforme más edad van alcanzando los individuos. La cuerna no aporta datos fiables en este sentido, y aquellos parámetros que se encuentran relacionados con la edad, no són fácilmente detectables en campo.
Sobre animales capturados en vivo, el desgaste de los dientes aporta una información fiable al respecto. Sin embargo debemos tener claro que este desgaste estará relacionado en buena medida con el tipo de vegetación que cubra el territorio del individuo y puede presentar variaciones en un entorno de escasos kilómetros. La aproximación a la edad de este método exige por tanto, la confección de un juego de mandíbulas con el desgaste dentario de animales cuya edad es perfectamente conocida; la comparación de animales en vivo con este patrón, nos dará resultados más fiables (Van-Laere et al., 1989).
En muerto podemos llegar a conocer de manera más precisa la edad del animal. Para ello realizaremos un corte transversal del primer molar, lo que nos puede mostrar con una potente lupa, líneas de deposición de cemento que corresponden a las deposiciones de cada año de vida del animal. Estas deposiciones suelen mostrar entre un bandeado formado por deposiciones claras y oscuras, obedeciendo estas tonalidades al diferente espectro alimentario del que el individuo ha dispuesto en los periodos de abundancia y carencia trófica (Mitchel, 1963; Szabik, 1973). A pesar de todo este razonamiento puede llegar a presentar problemas en el corzo debido al tipo de alimentación: siempre que lo permita el terreno comerán brotes tiernos, hierbas y frutos durante todo el año, por lo que estas discontinuidades debidas a la diferencia en la alimentación del verano y el invierno pueden no ser evientes. El método de estima de edad más fiable en ungulados, no nos sería útil en este caso.
Variacion geográfica
El corzo es una especie que expresa de manera llamativa su relación con el medio donde crece, por medio de las modificaciones corporales de sus individuos (Mateos-Quesada, 1998). Así y a lo largo de toda su área de distribución, encontramos variaciones en peso que no corresponde a la máxima biológica que dicta que los individuos de una especie aumentan de tamaño dentro de su área geográfica conforme más septentrionales son. Valga como ejemplo lo que sucede en la península Ibérica, donde podemos encontrar los corzos más pequeños y los mayores de las poblaciones descritas hasta ahora (Ver tabla 1).
En la sierra de Los Alcornocales en Cádiz (Aragón, 1993) existen variaciones entre individuos sobre el color, atribuyéndoles dos razas diferentes. Sin embargo no existen evidencias genéticas a este respecto (J.Carranza, datos no publicados) y sí una evidencia de que la especie refleja en su morfología (color del pelaje o de la cuerna, peso) el ambiente en el que vive. En este sentido y como se comentaba anteriormente, cabe destacar dentro de la península ibérica las variaciones de tamaño entre las poblaciones ubicadas en las sierras de Cádiz o las del centro o norte de España: en las primeras tenemos a los individuos más pequeños de toda el área de distribución de la especie (Aragón, 1993), mientras que en las otras el tamaño de los individuos es de los mayores en este mismo espectro (Costa, 1992; Mateos-Quesada, 1998).
Se han descrito las subespecies Capreolus
capreolus canus Miller, 1910 (Quintanar de
Hay diferenciación molecular entre las poblaciones del noroeste ibérico y las del centro-sur (Aragón et al., 1998; Lorenzini et al., 2003; Royo et al., 20071). Estudios de ADN mitocondrial señalan que hay tres haplogrupos diferenciados: un clado oeste, que se encuentra en la península Ibérica; un clado este, que se encuentra en Grecia y los Balcanes, y un clado central repartido por toda Europa. Estos clados se podrían haber originado en los refugios ibérico y balcánico durante las últimas glaciaciones. En el centro y sur ibérico hay haplotipos del clado central y oeste, por lo que estas poblaciones tienen origen mixto y no apoyan la validez de la subespecie C. c. garganta. Las poblaciones del norte de Portugal están bien diferenciadas genéticamente y parecen representar poblaciones aisladas (Randi et al., 2004).1
Referencias
A. N. C. G. G. (1992). Le grand gibier: les especes, la chasse, la gestion. Hatier, Paris.
Aragón, S. (1993). El Corzo (Capreolus capreolus) en Cádiz. Caracterización y encuadre de sus poblaciones en el conjunto de la especie. Tesis Doctoral. Universidad de Sevilla.
Aragón, S., Braza, F., San José, C. (1995). Características morfológicas de los corzos (Capreolus capreolus) de las sierras de Cádiz-Málaga. Doñana, Acta Vertebrata, 22 (1-2): 51-64.
Aragón, S., Braza, F., San-José, C. (1998). First results on genetic variability
in an autochthonous population of roe deer from a Mediterranean forest in
southern
Aragón, S., Braza, F., San-José, C., Fandos, P. (1998). Variabilite craniometrique en fonction de l'age chez le chevreuil (Capreolus capreolus). Mammalia, 61 (4): 603-610.
Blant, M. (1987). Dynamique
de population, condition physiques lors d’un tir de reduction
d’une population de chevreuils (Capreolus capreolus L.). Pp. 407-413. En: XVIIth
Congress of the IUGB.
Boisaubert, B., Boutin,
J. M. (1993). Le chevreuil.
Hatier,
Bramley, P. S. (1970). Territoriality and reproductive behaviour of roe deer. J. Reprod. Fert., 11: 43-70.
Braza, F., San José, C., Aragón, S., Delibes, J. R. (1994). El corzo andaluz. Junta de Andalucía, Cádiz.
Cabrera, A. (1914). Fauna ibérica. Mamíferos. Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid.
Cabrera, A. (1916). Un nuevo cérvido español. Boletín de
Costa, L. (1992). Ecología del corzo en las montañas cantábricas. Modelo de gestión. Tesis doctoral. Facultad de Biología. Universidad de León.
Costa, L.
(1995). First
data on the size of north-Iberian roe bucks (Capreolus
capreolus). Mammalia,
59 (3): 447-451.
Danilkin, A. (1996). Behavioural
ecology of Siberian and European roe deer. Chapman
& Hall,
Fandos, P. (1994). Skull biometry of Spanish roe deer (Capreolus capreolus). Folia Zoologica, 43 (1): 11-20.
Fandos, P., Orueta, J.
F. (1991). Variaciones morfológicas en el cráneo del corzo (Capreolus
capreolus L.). Doñana, Acta
Vertebrata, 18 (2): 159-171.
Fandos, P., Reig,
S. (1993). Craniometric variability in two populations of roe deer (Capreolus
capreolus) from
Fruzinski, B., Kaluzinski,
J., Baksalary, J. (1982). Weight
and body measurements of forest and field roe deer. Acta
Theriologica, 27 (33): 479-488.
Geist, V., Bayer, M. (1988). Sexual dimorphism
in the cervidae and its relation to habitat. Journal
of Zoology, 214: 45-53.
Goss, R. J. (1983). Deer antlers. Regeneration,
function and evolution. Academic
Press,
Lorenzini, R., San-José, C., Braza,
F., Aragón, S. (2003). Genetic differentiation and phylogeography
of roe deer in
Loudon, A. S. I. (1987). The influence of forest habitat structure on growth, body size and
reproduction in roe deer (Capreolus capreolus L.). Pp. En: (Ed. Wemmer).
Biology and management of the cervidae.
Mateos-Quesada, P. (1998). Parámetros poblacionales y sistema de apareamiento del corzo en las Villuercas. Tesis Doctoral. Facultad de Veterinaria. Universidad de Extremadura. Cáceres.
Miller, G. S. (1912). Catalogue of the mammals of western Europe.
Mitchell, B. (1963).
Determination of age in Scottish
Montulet, J. P. (1984). Les cervides du monde entier. Lechevalier, Paris.
Perco, F., Perco, D. 1979. Il capriolo. Carso, Sgonico.
Prior, R. (1995). The roe deer. Conservation of a
native species. Swan Hill Press,
Randi, E., Alves, P. C., Carranza, J., Milosevic-Zlatanovic, S., Sfougaris, A., Mucci, N. (2004). Phylogeography of roe deer (Capreolus capreolus) populations: the effects of historical genetic subdivisions and recent nonequilibrium dynamics. Mol. Ecol., 13 (10): 3071-3083.
Royo, L. J., Pajares, G., Alvarez, I., Fernández, I., Goyache, F. (2007). Genetic variability and differentiation in Spanish roe deer (Capreolus capreolus): a phylogeographic reassessment within the European framework. Molecular Phylogenetics and Evolution, 42 (1): 47-61.
Sáenz de Buruaga, M., Lucio, A. J., Purroy, F. J. (1991). Reconocimiento de sexo y edad en
especies cinegéticas. Gobierno Vasco, Vitoria-Gasteiz.
Strandgaard, H. (1972). The
roe deer (Capreolus capreolus)
population at Kalo and the factors regulating its
size. Danish Review of Game Biology, 7: 1-205.
Szabik, E. (1973). Age
estimation of Roe deer from different hunting grounds of south-eastern
Tarello, W. (1991). Il
cervo e il capriolo. Musumeci. Quart.
Van-Laere, G., Botin, J. M.,
Gaillard, J. M. (1989). Estimation de l’age
chez le Chevreuil (Capreolus capreolus)
par lùssure dentaire test de fiabilite, sur des animaux marqués. Gibier Fauna Suvage, 6: 417-426.
Vicent, J. P., Janeau, G., Quere, J. P., Spitz, F. (1979). Note sur la repartition et le rythme d'activitè du chevreuil (Capreolus capreolus) en forêt ouverte. Ann. Zool. Ecol. Anim., 11 (2): 145-157.
Von Lehmann, E., Sägesser, H. (1986). Capreolus capreolus Linneus, 1758 - Reh. Pp. 233-268. En: Niethammer, J., Krapp, F. (Eds.). Handbuch der Säugetiere Europas. Band 2/II Paarhufer - Artiodactyla (Suidae, Cervidae, Bovidae). Aula Verlag, Wiesbaden.
Patricio Mateos-Quesada
Gabinete de Estudio y Gestión Ambiental
C/ Francisco Pizarro, 25
10200 Trujillo (Cáceres)
pmquesada@terra.es
Fecha de
publicación: 4-04-2005
Otras contribuciones.
1. Alfredo Salvador. 8-08-2008
Mateos-Quesada, P. (2005). Corzo - Capreolus capreolus. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/
Sociedad de Amigos del MNCN - Museo Nacional de Ciencias Naturales - CSIC