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Víbora áspid - Vipera aspis (Linnaeus, 1758)

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Portada

 

Identificación

 

Estatus de conservación

 

Distribución

 

Habitat

 

Ecología trófica

 

Biología de la reproducción

 

Interacciones entre especies

 

Comportamiento

 

Bibliografía

 

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Key words: Asp Viper, description, variation, subspecies.

 

Origen

Saint-Girons (1980a) propuso el primer escenario hipotético sobre la evolución de las víboras europeas occidentales en base a datos morfológicos, biogeográficos y ecológicos. En este escenario relacionaba la actual distribución de las especies con los principales eventos geológicos y climáticos ocurridos en Europa durante el Cuaternario.

De forma general, durante el Plioceno y los períodos glaciares del Pleistoceno los ancestros de las especies actuales sufrieron contracciones de su rango distribucional y quedaron aislados en refugios en el sur de Europa; en éstos, a falta de intercambio genético con otras poblaciones, se dieron procesos de deriva genética y adaptaciones locales a ambientes determinados, es decir, ocurrieron procesos de especiación alopátrica (Brown y Lomolino, 1998). Más tarde, durante los períodos interglaciares, el aumento de temperatura debió permitir la expansión hacia el norte de las nuevas formas, teniendo para ello que cruzar barreras geográficas, como por ejemplo los Pirineos, y competir con especies de víboras más o menos cercanas filogenéticamente en las zonas de contacto. Estos procesos de expansión-retracción ocurrieron varias veces a lo largo del Pleistoceno (Hewitt, 1996).

Actualmente, el descubrimiento de nuevos fósiles y el uso de técnicas moleculares han permitido una mayor comprensión de la evolución de varios miembros del grupo Vipera en Europa, siendo uno de los más estudiados el clado aspis (Szyndlar y Rage, 2002; Garrigues et al., 2005; Ursenbacher et al., 2006a; Golay et al., 2008; Barbanera et al., 2009).

Los fósiles más antiguos de Viperinae en Europa se conocen desde principios del Mioceno (hace unos 20 m .a.) y se corresponden a víboras de tipo aspis (Szyndlar y Rage, 2002). Hasta el Plioceno (hace unos 5 m .a.) coexistieron en Europa dos grupos de víboras: un grupo de víboras “grandes”, de tipo Macrovipera, con distribución meridional y oriental, y un grupo de víboras “pequeñas”, de tipo aspis, con distribución septentrional y occidental, ocupando también el norte de África (Szyndlar y Rage, 2002). El grupo de víboras “grandes” se extingue, de manera que durante el Plioceno la zona meridional de Europa estaba habitada ya solamente por dos clados de víboras adaptados a zonas secas y cálidas, el clado aspis (V. aspis-latastei) en la parte occidental y el clado ammodytes en la oriental (Garrigues et al., 2005).

De mediados del Plioceno (4,5- 2,8 m .a.) data ya una primera diferenciación dentro del ancestro de V. aspis en dos clados, uno en el oeste y el otro en el este, separados por la cordillera de los Alpes (Garrigues et al., 2005; Ursenbarcher et al., 2006a). El progresivo enfriamiento del clima y la expansión de los vipéridos septentrionales del grupo berus (Vipera berus-seoanei-ursinii) provenientes del este probablemente fragmentan la distribución continua del clado aspis, llevándolo a su contracción en refugios en el sur de Europa durante el Pleistoceno (Szyndlar y Rage, 2002; Ursenbacher et al., 2006b).

Durante los primeros períodos glaciares del Pleistoceno, período de Donau (hace unos 2,2- 1,4 m .a.), V. aspis fue restringida al sur de Europa refugiándose el clado del oeste en la península Ibérica y sur de Francia, y el clado del este en Sicilia (Ursenbacher et al., 2006a; Barbanera et al., 2009). En el siguiente período post-glaciar, las nuevas formas de V. aspis se debieron expandir hacia el norte, recolonizando Europa desde sus refugios de la península Ibérica (subclado zinnikeri) y sur de Francia (subclado aspis), y Sicilia (subclado francisciredi-hugyi) (Ursenbacher et al., 2006a; Barbanera et al., 2009). En su avance desplazaron y aislaron a las especies del clado berus.

Una segunda contracción de las distribuciones de V. aspis debió suceder durante el período glaciar de Gunz (hace unos 1,5- 1,2 m .a.); en este período parece claro el subclado francisciredi-hugyi se refugió tanto en Sicilia como en el sur de la península Itálica (Barbanera et al., 2009). Durante el período glaciar de Mindel (0,8- 0,6 m .a.), finales del Pleistoceno, las distribuciones de las especies de Vipera fueron nuevamente restringidas a nuevos refugios en el sur de Europa. Las poblaciones de V. aspis italianas parecen haberse refugiado en tres zonas en Italia: Sicilia y sur de la península Itálica (subclado hugyi) y norte de Italia (subclado francisciredi) (Barbanera et al., 2009). Al igual que durante el período de Gunz, se desconoce qué refugios utilizaron los otros clados (zinnikeri y aspis), pero probablemente fueron los mismos que durante el período de Donau. Desde estos refugios los cuatro subclados volverán a expandirse hacia el norte (y sur en el caso de francisciredi) hasta alcanzar la distribución parapátrica que muestran las cuatro subespecies en la actualidad, con amplias zonas de contacto e intercambio genético, siendo muy patente entre las subespecies francisciredi y hugyi (Barbanera et al., 2009).

 

Descripción

Vipera aspis es un vipérido de mediano tamaño y aspecto robusto, con la cola proporcionalmente corta. Cabeza bien diferenciada del resto del cuerpo, moderadamente ensanchada en su parte posterior, lo que le da un aspecto triangular, y pupila vertical. Tiene el extremo del hocico ligeramente prominente y levantado, pero sin formar un apéndice (González, 1976; Braña, 1997; Barbadillo et al., 1999; Mallow et al., 2003; Trutnau et al., 2005; Kreiner, 2007).

Presenta grandes variaciones en cuanto a sus patrones de coloración (Bruno, 1985). La cabeza es muy variable; en algunos ejemplares es lisa, sin marcas, en otros aparecen marcas finas o en forma de lágrimas y manchas redondeadas, en otros aparecen marcas más elaboradas, lineares o curvilíneas, marcas en forma de tridente, de X, de V o de S, e incluso se puede dar una combinación de varios diseños (Mallow et al., 2003; Trutnau et al., 2005; Kreiner, 2007). La coloración dorsal del cuerpo es también muy variable; ésta ha sido ilustrada por Bruno (1985), quien reconoce una variación del color dorsal desde el claro hasta el totalmente oscuro (incluyendo tonos grises, rojizos, verde-oliváceos, etc.), con una gran variedad de diseños con rayas horizontales, rayas verticales, barras horizontales sobre una línea vertebral, puntos, manchas ovales o romboidales más o menos conectadas o un zigzag anguloso.

Las variaciones del diseño dorsal descritas en su área de distribución Ibérica (Bea, 1997) son: i) línea vertebral ancha y oscura bordeada de pequeñas manchas también oscuras formando un zigzag redondeado, descrito para las poblaciones del Pirineo central (Kramer, 1958; Duguy y Saint-Girons, 1970; Saint-Girons et al., 1983); ii) barras estrechas sobre una línea vertebral fina o un diseño en zigzag de tipo anguloso, descrito para las poblaciones del resto de Iberia (Phisalix, 1968; Bruno, 1976; Duguy et al., 1979).

 

Figura 1. Hembra de V. aspis del Alto Ebro (NO Burgos). ). ©  F. Martínez-Freiría.

 

Figura 2. Macho de V. aspis del Alto Ebro (NO Burgos). ©  F. Martínez-Freiría.

 

Presenta variaciones de tamaño notables entre las diferentes poblaciones, tanto en lo que se refiere a sus dimensiones extremas como al tamaño medio de la población (Duguy y Saint-Girons, 1970). La longitud total media varía entre los 60- 70 cm (50–63 cm de longitud cabeza-cloaca) y alcanza un máximo de 82 cm (Boscá, 1879; Tourneville, 1881; Saint-Girons, 1978a). La talla máxima registrada en la península Ibérica es de 68,5 cm de longitud total ( 59 cm de longitud cabeza-cloaca) para un macho de Esterri de Cardós (Lleida) y de 65,5 cm de longitud total ( 58,5 cm de longitud cabeza-cloaca) para una hembra capturada en Ayoluengo (Burgos) (Martínez-Freiría, no publicado). La cola representa aproximadamente el 15% y el 12% de la longitud total en los machos y en las hembras, respectivamente (Saint-Girons 1957, 1958; Bea, 1997; Martínez-Freiría, no publicado).

En la cabeza presenta dos o tres escamas apicales, dos cantales (raramente tres), una media de 5,25 loreales, una media de 10,05 perioculares, de 9 a 10 labiales superiores, dos hileras de pequeñas escamas entre el ojo y las escamas labiales superiores, y una elevada fragmentación de las placas cefálicas (24-38 escamas intercantales + intersupraoculares) (Saint-Girons, 1978a). Hay 21 hileras de escamas dorsales alrededor del cuerpo, en ocasiones 19 o 23 (Saint-Girons, 1978a). Las hembras presentan entre 137-159 escamas ventrales y 27-42 pares de escamas subcaudales, mientras que los machos muestran 136-158 ventrales y 22-50 pares de subcaudales (Saint-Girons, 1978a; Saint-Girons et al., 1983). El número de escamas ventrales es un carácter variable y específico de las diferentes subespecies que actualmente se reconocen en V. aspis (Zuffi, 2002).

El análisis de 369 ejemplares (166 hembras y 203 machos) procedentes de toda el área de distribución Ibérica ha revelado una mayor frecuencia de ejemplares con dos escamas apicales (81,5%) que con tres (18,5%), diferentes valores en el número de loreales (media 7,10, rango 4-11), supralabiales (media 9,80, rango 8-12), perioculares (media 9,77, rango 7-13) e intercantales + intersupraoculares (media 24,41, rango 9-48) en relación a las poblaciones europeas arriba detalladas, así como, la existencia de dimorfismo sexual en el número de escamas ventrales (media 147,82 y 146,32, rango 132-158 y 137-160, en hembras y machos, respectivamente), subcaudales (media 32,04 y 39,65, rango 23-38 y 34-46, en hembras y machos, respectivamente) e infralabiales (media 11,60 y 11,33, rango 8-14 y 9-14, en hembras y machos, respectivamente) (Martínez-Freiría, no publicado).

 

Datos genéticos y bioquímicos

El número cromosómico es 2n= 42, con 22 macrosomas y 20 microsomas (Kobel, 1963; Saint-Girons, 1977). Los híbridos entre V. aspis y V. seoanei (2n = 36) tienen 2n = 39 cromosomas, con 19 macrocromosomas y 20 microcromosomas (Saint-Girons, 1990a, b).

El número de eritrocitos varía entre 660.000 y 1.240.000/mm3 de sangre para los machos y entre 500.000 y 1.280.000 para las hembras, y sufre variaciones a lo largo del año (Duguy, 1970). El número de leucocitos varía de 900 a 10.000 para los machos y de 700 a 5.000 para las hembras, con diferencias estacionales. Los eritrocitos tienen en promedio 17,3 µm de diámetro mayor y 20 µm de diámetro menor, con una superficie total de 154,5 µm2; los granulocitos eosinófilos poseen entre 16 y 20 µm de diámetro mayor, y los basófilos entre 9 y 16 µm (Saint-Girons, 1970).

Se han identificado 26 líneas diferentes de veneno para V. aspis zinnikeri, con una densidad comprendida entre 12.500 y 268.000 D. El veneno puede ser de color amarillo o blanco, aunque en V. aspis zinnikeri predomina la coloración blanca (Duguy y Saint-Girons, 1970; Saint-Girons et al., 1983).

El veneno está compuesto por varias proteínas que incluyen enzimas proteolíticas, L-amino ácido oxidasas, phospholipasas, hyaluronidasa, factores hemorrágicos y aceleradores e inhibidores de la coagulación (Boquet, 1967a). Aunque no hay proteasas, sí existe necrosis en los animales envenenados. El veneno de los especímenes del sur de Francia no tiene L-amino oxidasa y riboflavina, con lo que no causan necrosis (Sarkar y Devi, 1967).

La toxicidad varía mucho entre las diferentes poblaciones, con DLM (dosis letal, DL, al 50% para ratones de 20g) desde 4,6 a 20,1 mg; las poblaciones pirenaicas francesas de V. aspis zinnikeri presentan una toxicidad media de 9,6 mg (Saint-Girons et al., 1983). Cabe destacar la elevada toxicidad de las poblaciones de V. aspis del País Vasco (Saint-Girons y Detrait, 1992).

En España se trataron entre 1965-1980 unos 80 casos de envenenamiento por mordedura de V. aspis (González, 1991). V. aspis es la responsable del 90% de los envenenamientos por mordedura de serpiente en Italia. En la Toscana entre 1960-1970 fueron registrados unos 526 casos de mordedura de esta especie, de los que 7 fueron fatales (Street, 1979).

La mordedura de V. aspis es dolorosa y destructiva (Street, 1979). Los síntomas incluyen dolor seguido de edema y decoloración. Tras pocas horas de la mordedura puede seguir necrosis hemorrágica (Boquet, 1967b). Además, la visión puede verse afectada, probablemente debido a la degradación de los vasos sanguíneos de los ojos (Flichy, 1978). El veneno tiene efectos coagulantes y anticoagulantes, pero se desconocen los mecanismos que equilibran estos efectos. La estructura glomerular puede verse afectada, causando muerte por fallo renal (Hofstetter y Stolz, 1982). El veneno de V. aspis no tiene efectos neurotóxicos (Cheymol et al., 1973), por lo que los fallos en el sistema cardiovascular son debidos a daños en el músculo cardíaco o a la reducción en el intercambio de oxígeno (Tu et al., 1969). Sin embargo, González (1991) ha señalado dos casos de mordedura de víbora que desarrollaron síntomas neurotóxicos, incluyendo dificultades al respirar y tragar, así como, parálisis de los miembros mordidos. Las poblaciones de V. aspis aspis del sudeste de Francia parecen tener también veneno con actividad neurotóxica a juzgar por varios casos de envenenamiento ocurridos en dos regiones de los Alpes franceses (De Haro et al., 2002).

 

Variación geográfica

Vipera aspis es una especie politípica y polimorfa, con variaciones geográficas muy importantes, lo que ha llevado a la descripción de seis subespecies en diferentes regiones (Golay et al., 1993; McDiarmid et al., 1999): i) V. aspis aspis (Linnaeus, 1758), en el norte y centro de Francia; ii) V. aspis francisciredi Laurenti, 1768, en el norte y centro de Italia; iii) V. aspis atra Meisner, 1820, en el centro-oeste de Suiza, noroeste de Italia y sureste de Francia; iv) V. aspis hugyi Schinz, 1833, en el sur de Italia y Sicilia; v) V. aspis montecristi Mertens, 1956, en la isla de Montecristo y en el archipiélago Toscano, en Italia; vi) V. aspis zinnikeri Kramer, 1958, en el sur y suroeste de Francia y noreste de España.

La existencia de la subespecie montecristi ha sido debatida en varios trabajos (Pozio, 1980; Corti et al., 1991; Golay et al., 1993; McDiarmid et al., 1999; Zuffi y Bonnet, 1999) que han concluido que es sinónima de la subespecie hugyi. De hecho, Barbanera et al. (2009) han comprobado que las poblaciones de V. aspis de la isla de Montecristo son genéticamente idénticas a las poblaciones de V. aspis hugyi de Sicilia, achacando la existencia de estas poblaciones a introducciones humanas durante los siglos VIII – III AC por parte de la Milicia de la Magna Grecia.

Recientemente, las restantes cinco subespecies han sido revisadas a fondo por medio de estudios morfológicos y moleculares que, sin embargo, no ofrecen resultados congruentes (Zuffi, 2002; Garrigues et al., 2005; Ursenbacher et al., 2006a; Golay et al., 2008; Barbanera et al., 2009). Los estudios morfológicos, en base a diferencias en el número de escamas ventrales, número de marcas dorsales y morfología de los hemipenes, abogan por la elevación de las subespecies atra, hugyi y zinnikeri a rango específico (Zuffi, 2002). Los moleculares, establecen la existencia de dos clados separados por la cordillera de los Alpes, que están compuestos a su vez por dos sub-clados cada uno, con distribución parapátrica, pero con zonas de hibridación e introgresión genética: clado del oeste, que incluye los sub-clados aspis, sinónima de atra, y zinnikeri, y clado del oeste, que incluye los subclados francisciredi y hugyi (Garrigues et al., 2005; Ursenbacher et al., 2006a; Barbanera et al., 2009). No obstante, parece claro que V. aspis atra es sinónimo de V. aspis aspis (Ursenbacher et al., 2006a; Barbanera et al., 2009).

En la península Ibérica, aunque tradicionalmente se ha reconocido la existencia de dos subespecies V. aspis zinnikeri en los Pirineos centrales y V. aspis aspis en el resto del área (Bea, 1997; Gosá, 2002; Mallow et al., 2003; Kreiner, 2007), los actuales estudios morfológicos y moleculares concuerdan en la existencia de una sola subespecie, V. aspis zinnikeri, ocupando todo el área de distribución ibérica (Zuffi, 2002; Garrigues et al., 2005; Ursenbacher et al., 2006a).

Duguy et al. (1979) han descrito convergencia morfológica de esta especie con V. seoanei en las zonas de contacto del País Vasco y los Pirineos atlánticos, y con V. latastei, especie hermana filogenéticamente, en la zona de contacto de la sierra de la Peña (Navarra-Huesca). Además, también se han descrito formas morfológicas intermedias entre V. aspis y V. latastei en la zona de contacto del Alto curso del río Ebro, en el noroeste de la provincia de Burgos (Martínez-Freiría et al., 2006). Estos especímenes poseen un número intermedio de escamas apicales, ventrales y mezcla de patrones dorsales o alternancia de alguna de estos rasgos con los propios para cada especie (Martínez-Freiría et al., 2006).

En base a este escenario, Martínez-Freiría et al. (2009) han estudiado la variación morfológica de V. aspis y V. latastei en el área noreste de la península Ibérica, incluyendo todas las zonas de contacto conocidas, y han encontrado un patrón de convergencia morfológica norte-sur entre las dos especies en cuanto al número de escamas apicales, intercantales, ventrales y marcas dorsales. Esta convergencia morfológica parece ser resultado de una adaptación a las mismas condiciones ambientales (precipitación y temperatura), así como, a la existencia de flujo genético entre las dos especies (Martínez-Freiría et al., 2009).

 

Referencias

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  Fernando Martínez Freiría
Departamento de Biología Animal, Universidad de Salamanca

Fecha de publicación: 8-07-2009

Martínez-Freiría, F. (2009). Víbora áspid - Vipera aspis. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Salvador, A., Marco, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/