ENCICLOPEDIA VIRTUAL DE LOS VERTEBRADOS ESPAÑOLES
Interacciones con otras especies
Se ha observado competencia con insectos fitófagos (Gómez y González-Megías, 2002), como en el caso del efecto de la herbivoría de la cabra montés en el éxito reproductivo del himenóptero Systasis encyrtoides (Pteromalidae) que forma agallas en el arbusto Hormathophyla spinosa. La cabra favorece la supervivencia de aquellos que forman agallas en la parte interna de la planta en comparación con los que lo hacen en las ramas exteriores (Zamora y Gómez, 1993).
En el sudeste peninsular, la cabra montés y el arrui (Ammotragus lervia) ocupan áreas marginales escarpadas, aunque no se observa competencia entre ambas en el uso del hábitat. Sin embargo, la expansión actual del arrui podría invadir los hábitats preferidos de la cabra montés (Acevedo et al., 2007).3
Estrategias antidepredatorias
El vivir en grupo confiere a las monteses una ventaja frente a los predadores, al permitirles detectarlos antes que los animales solitarios. Diversos estudios han demostrado que las monteses que viven en grupo reparten el tiempo dedicado a vigilar entre los miembros de grupo, con lo que disponen de más tiempo para alimentarse mientras están expuestos a ellos en mitad de la pradera (Alados, 1985c), siendo además más vigilantes los animales periféricos que los centrales (Alados, 1986b). La cohesión del grupo aumenta cuando los individuos pastan al estar más expuestos en comparación con los animales echados en reposo
Ante un posible predador las monteses responden emitiendo señales de alarma.
Esta consiste en un silbido alto y explosivo que comienza y termina de repente.
Este sonido es perfectamente audible hasta una distancia de
Depredadores
Está documentada la depredación de cabras monteses por parte del hombre desde el paleolítico (Straus, 1987).
El lobo (Canis lupus) debió ser un depredador importante de la cabra montés, pero la regresión sufrida por ambas especies eliminó esta interacción. El incremento reciente de efectivos poblacionales registrado en ambas especies puede permitir que el lobo vuelva a ser predador de las cabras monteses. El águila real (Aquila chrysaetos) y el zorro (Vulpes vulpes) capturan ocasionalmente cabritos.
Parásitos
Las monteses son frecuentemente parasitadas por varias especies de ectoparásitos y endoparásitos (Rodríguez Caabeiro et al., 1980; Martínez Gómez et al., 1986).
Se conocen un centenar de especies de parásitos de la cabra montés, de las que 10 se encuentran en la piel, 30 en el sistema respiratorio, 3 en el hígado, 7 en la sangre, 33 en el sistema digestivo, una en las cavidades del cráneo y una en el sistema nervioso central (Pérez et al., 2006). Este trabajo contiene una detallada lista de parásitos indicando su prevalencia, localización en el hospedador y región de origen de las cabras. 2
Granados et al. (2001) han recopilado una lista de los parásitos conocidos en poblaciones andaluzas de cabra montés:
-Rickettsias:
Anaplasma ovis,
Ehrlichia phagocytophila,
Eperytrozoon ovis.
-Esporozoos:
Eimeria arlongi,
E. ninakohlykimovae, E. caprina, E. capraovina,
E. aspheronica, E. christenseni, E. hirci,
E. folchijevi, Eimeria
sp., Sarcocystis sp., Babesia
ovis, Theilleria
ovis.
-Trematodos: Fasciola hepatica, Dicrocoelium dendriticum, Parramphistomum sp.
-Cestodos: Taenia mnulticeps, T. hydatigena, Echinococcus granulosus, Moniezia expansa, M. benedeni, Avitellina centripunctata.
-Nematodos: Marshallagia marshalli, M. occidentalis, Teladorsagia circumcincta, T. trifurcata, T. davtiani, Nematodirus davtiani alpinus, N. oiratianus, N. abnormalis, N. spathiger, N. filicollis, Ostertagia ostertagi, Trichostrongylus vitrinus, T. axei, T. capricola, Trichuris sp., Dictyocaulus filaria, Neostrongylus sp., Muellerius capillaris, Cystocaulus ocreatus, Protostrongylus sp.
-Artrópodos: Psoroptes sp.,
Trombicula sp., Dermacentor marginatus,
D. reticulatus, Haemaphysalis
sulcata, Ixodes
ricinus, Rhipicephalus
bursa, Bovicola
crassipes, Linognthus
stenopsis, Oestrus caucasicus.1
En una muestra (n = 321) de cabras monteses del sur de España se identificaron las siguientes infecciones bacterianas potencialmente patógenas: Mycoplasma agalactiae, Mycoplasma arginini, Escherichia coli, Mannheimia haemolytica, Pasteurella multocida biotipo A, Staphylococcus aureus, Moraxella bovis, Streptococcus equi subsp. zooepidemicus y M. haemolytica, Branhamella ovis, M. agalactiae, Pasteurella sp. (González-Candela et al., 2006).2
Se ha observado en una muestra de cabras monteses de Andalucía (n = 411) que el 11,2% estaban infectadas por el patógeno causante de la agalaxia (Mycoplasma agalactiae), que produce ceguera, malnutrición y poliartritis. Se ha observado un mayor número de cabras infectadas en Sierra Nevada, especialmente hembras y jóvenes (Verbisck-Bucker et al., 2008).3
La prevalencia de fasciolosis (Fasciola hepatica) en cabras monteses de Andalucía, sobre todo de Sierra Nevada) fue del 0,53% en necropsias (n = 2.096) y del 1,87% en análisis coprológicos (n = 380) (Alasaad et al., 2008).3
Larvas de Oestrus caucasicus se han encontrado en el 74% de los 180 individuos analizados de cabra montés de Sierra Nevada (Pérez et al., 1996). La prevalencia fue mayor en hembras y animales viejos que en machos, especialmente durante el invierno. Se han identificado quince especies de nematodos trichostrongylidos en individuos de Sierra Nevada (Pérez et al., 2003).
Las larvas de nematodos Protostrongylidos mostraron tasas de infección similares a las de Dictyocaulus sp. En Castilla-La Mancha. Se ha observado una correlación positiva entre las prevalencias de ambos. La prevalencia en ambos grupos se correlaciona positivamente con la abundancia de cabras monteses (Acevedo et al., 2005).2
Se han detectado anticuerpos del protozoo Toxoplasma gondii en cabra montés (Gauss et al., 2006).2
La epizootia de la haemonchosis (Haemonchus contortus)
se ha observado en áreas con elevada densidad de monteses (más de
La epizootia más severa que ha sufrido la cabra montés en el tiempo presente, es sin lugar a dudas la causada por Sarcoptes scabiei en las poblaciones meridionales asociada a un deterioro de las condiciones físicas de los animales como consecuencia de la elevada densidad de población y el aumento de las repoblaciones forestales de las décadas previas (Escós y Alados, 1991). La sarna sarcóptica tuvo su mayor incidencia en las poblaciones de Cazorla y Segura a partir del año 1988. En un solo año la población se redujo en más de un 90%, afectando en primer lugar a los machos. La tasa hembra/macho aumentó desde 1,17 en los años previos a la enfermedad hasta 3,11 en 1989, un año después de que esta se desencadenara. Poco después se observó recuperación de la población, señalándose que la sarna podría regular las poblaciones de cabra montés (Anónimo, 1992; Ruiz et al., 1993; León Vizcaíno et al., 1994, 1999, 2001; Lastras et al., 2000). También se han visto afectadas las poblaciones de Sierra Nevada (Travesi Ydanez, 1993; Pérez et al., 1997).
Un análisis comparativo del desarrollo metapodial en cabras monteses de Sierra Nevada infestadas por sarna sarcóptica (Sarcoptes scabiei) (n = 16) y cabras monteses no infestadas (n = 24) ha demostrado que las cabras infestadas tienen huesos metatarsales más pequeños, menor peso y un ritmo de osificación retrasado (Serrano et al., 2007).3
Se ha utilizado el método de termografía infrarroja para el diagnóstico a distancia de la sarna sarcóptica (Arenas et al., 2002).
La dimensión fractal de la distribución temporal del comportamiento es un buen indicador de las condiciones físicas de los individuos de cabra montés (Escós et al., 1995; Alados et al., 1996), como también ha sido demostrado en otras especies animales y en humanos. Comparaciones entre las secuencias temporales del comportamiento de vigilancia revelaron que el comportamiento era más complejo cuanto mejor era el estado de salud (menor pendiente en la relación entre la secuencia temporal y el tamaño de la muestra; i.e., 1,57 ± 0,05 para hembras con sarna; frente a 1,40 ± 0,03 para hembras sanas, Alados et al., 1996). Además, la distribución temporal del comportamiento no era aleatoria, sino que revelaba una organización del mismo. Los individuos enfermos presentaban un comportamiento menos complejo, más predecible. La ventaja de tener un comportamiento complejo e impredecible es una mayor eficacia en la interacción con el entorno, y en particular en la detección de los predadores.
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C. L. Alados
Instituto Pirenaico de Ecología
Avda. Montañana 1005, PO.
Box 202
Zaragoza 50080
alados@ipe.csic.es
Juan Escós
Infraestructura y Ecología
Cardenal Herrera Oria 65
Madrid 28034
jescos@infraeco.es
Fecha de
publicación: 8-10-2003
Otras
contribuciones: 1: Alfredo Salvador. 22-12-2004; 2: Alfredo Salvador.
10-04-2007; 3: Alfredo Salvador. 10-06-2008
Alados, C. L., Escós, J. (2003). Cabra montés – Capra pyrenaica. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/
Sociedad de Amigos del MNCN - Museo Nacional de Ciencias Naturales - CSIC