ENCICLOPEDIA VIRTUAL DE LOS VERTEBRADOS ESPAÑOLES

Rebeco - Rupicapra pyrenaica

 

Machos adultos de rebeco pirenaico con pelaje de invierno. ã Izquierda: Javier Ara, ã Derecha: Roberto Travesi.

 

Macho adulto de rebeco cantábrico con pelaje de invierno. ã Antonio Vázquez.

 

Nombres comunes

Castellano: rebeco, gamuza (Rupicapra spp.); sarrio, rebeco pirenaico (R. p. pyrenaica); rebeco, rebeco cantábrico (R. p. parva).

Catalán: isard, sarri (R. p. pyrenaica).

Euskera: sarrio, sarrioak (R. p. pyrenaica).

Gallego: rebezo (R. p. parva).

Nombre vernáculo en Aragón: sarrio.

Nombre vernáculo en Asturias: robezu.

Albanés: Dia egr, que significa "cabra salvaje" (R. rupicapra balcanica)

Alemán: Gemse, gams (R. rupicapra), Pyrenäengemse (R.p. pyrenaica), Cantabrischegemse (R. p. parva).

Francés: isard (R. p. pyrenaica).

Griego: A g r i o g i d o , pronunciado "agriogido" y significa "cabra salvaje"(R. rupicapra balcanica).

Inglés: Southern chamois (R. p.), Pyrenean chamois (R.p. pyrenaica), Cantabrian chamois (R. p. parva).

Italiano: Camoscio alpino (R. rupicapra), Camoscio appenninico (R. p. ornata).

Rumano: Capra niagra, que significa "cabra negra" (R. rupicapra carpatica).

Turko: Cengel Boynuzlu dag kecisi, que significa "cabra de montaña de cuernos de garfio".

 

Descripción

Es un miembro de la subfamilia de los caprinos y por lo tanto se asemeja a una cabra, pero son más estilizados y pequeños que estas (véase también pesos y medidas corporales).

Ambos sexos tienen cuernos, los cuales son finos, negros o marrón muy oscuro, de sección prácticamente circular y sin nudosidades o quillas conspicuas (Cabrera, 1914). No hay gran diferencia en el tamaño de los cuernos entre machos y hembras (desarrollo del cuerno desde la punta a la base: machos = 156 mm, hembras = 130 mm). Los cuernos están implantados en la parte superior del cráneo sobre las órbitas oculares, y crecen perpendiculares y rectos en sus dos tercios de longitud en vista lateral (en los adultos) y después se curvan bruscamente hacia atrás y abajo en forma de garfio. Cuernos muy juntos en su base, sobre todo en los machos, éste y su mayor perímetro basal son los mejores atributos para diferenciar cráneos de machos y hembras, como también ocurre en el rebeco pirenaico (García-González y Barandalla, 2002). En vista frontal los cuernos se separan ligeramente desde la base en forma de V. Los cuernos crecen anualmente, con tasas de crecimiento rápidas desde primeros de marzo y lentas durante el invierno, produciendo la segmentación de los mismos, aunque este patrón no puede ser observado a distancia (ver Cálculo de la edad para más información sobre los cuernos). Otro carácter útil para la determinación del sexo a distancia es la relación entre el tamaño corporal y la longitud y grosor del cuello. En los machos el cuello es más robusto dando la impresión de ser más corto y menos estilizado que el de las hembras (Figura 1).

 

Figura 1. Principales diferencias morfológicas entre sexos que permiten su reconocimiento en campo (adaptado a partir de Corti, 1992, ONCFS).

 

Poseen dos glándulas cutáneas parietales situadas justo detrás de la base de los cuernos, que semejan un ombligo ligeramente protruído sobre todo en los machos durante el celo. En esta época las glándulas parietales de los machos emanan un olor cabruno-almizclado característico. Hemos observado que algunos machos usan estas glándulas para marcar las puntas de las ramas de los arbustos y marcar su territorio Pérez-Barbería y Mutuberría, com. pers.). El cráneo es estrecho y alargado, sin fosas lacrimales, los premaxilares poco extendidos hacia arriba sin llegar a contactar con los nasales. Fórmula dentaria:

i (0-0)/(3-3), c (0-0)/(1-1), pm (3-3)/(3-3), m (3-3)/(3-3) = 32

Ojos grandes. Cavidad estrecha y profunda por detrás y por encima de las pezuñas que es conspicua sólo si se flexiona la pezuña hacia adelante y se introduce la yema del dedo. El pelo es duro pero suave, corto en verano y más largo en invierno, cola parda muy oscura por arriba y desnuda por debajo. En verano el color varía entre canela y cervuno.

Los machos presentan un color castaño oscuro aunque la diferencia no es tan marcada como para usarlo de atributo para distinguir los sexos. En vista frontal parecen ir provistos de un delantal negro o marrón muy oscuro que les cubre el pecho y la parte frontal de las patas delanteras hasta la altura de las rodillas, dejando libre, en forma de V, parte del cuello y la garganta que son en general de color cervuno o canela y que se fusiona con el color de las mandíbulas que son de color más claro, generalmente ocráceo. El pelaje de las orejas es casi negruzco por la parte posterior, pero por delante son de color canela-ocráceo. Una franja de color marrón oscuro va desde el hocico hasta los ojos, fundiéndose por detrás de ellos con el color marrón oscuro de las orejas. Esta franja contrasta fuertemente con una banda frontal de color canela que va desde la nariz hasta la base de los cuernos. Con forma de ceja, pero situada delante de cada ojo y aproximadamente centrada en la comisura anterior de los párpados, hay una mancha alargada de color canela-rojizo que se proyecta unos 2 cm hacia arriba y abajo. La parte superior-frontal de las patas posteriores es casi negra o marrón muy oscuro, contrastando bien con la parte por debajo de la rodilla (tibia) que es más clara, generalmente de color cervuno.

En invierno el color de las partes superiores es menos castaño y los flancos del cuerpo y la parte baja de los costados toman un tinte pardo muy oscuro o casi negruzco. El vientre también se hace más pálido. El color del pelaje de los animales jóvenes es más homogéneo que en los adultos, sin tanta delimitación del diseño facial, del delantal, flancos y miembros. Los colores de los animales muy viejos son menos contrastados que los descritos para adultos.

Su característica señal de alarma es un resoplido corto. También patean el suelo entre 1 y 3 veces con una de las patas delanteras encarándose en la dirección de la que procede la alarma.

 

Cálculo de la edad

En animales de menos de 46 meses, la edad puede estimarse mediante el orden de erupción de los dientes. Se considera que un diente ha emergido cuando sobresale del alvéolo y la fecha del nacimiento se establece en el primero de mayo. En el rebeco cantábrico el orden en que los dientes emergen es el siguiente: (M1 M1) M2 M2 I1 M3 M3 (PM2 PM3) (PM1 PM1 PM2 PM3 I2) I3 I4 [I: incisivo o canino incisiforme; PM: premolar; M: molar; subíndices indican dientes inferiores y superíndices indican dientes superiores; los dientes que están agrupados entre paréntesis emergen aproximadamente al mismo tiempo]. El tiempo medio asignado a la emergencia de cada diente es de 2-3 meses para M1 M1, entre 9 y 13 meses para los M2 y M2, entre 22 y 25 meses para los M3 y M3; I2 y los premolares inferiores y superiores emergen entre los 25 y 29 meses; el I3 a los 36-37 meses y el I4 es el último diente en emerger y lo hace entre 36 y 37 meses desde la fecha de nacimiento del animal. Este método asegura una precisión de unos 4 meses para animales menores de 2 años de edad (Pérez-Barbería y Mutuberría, 1996).

Para animales más viejos de 37 meses el método de la erupción de los dientes ya no es útil para estimar la edad; en estos casos en el rebeco cantábrico se han aplicado tres métodos: el recuento de los medrones de crecimiento de los cuernos, el recuento de las capas de cemento en el primer incisivo permanente y por último, el patrón de desgaste de los premolares y molares. Pérez-Barbería (1994a) describe con detalle el patrón de desgaste de los dientes y concluye que para animales de menos de 8 años de edad la estima de la edad es bastante buena, sin embargo para animales de más de 8 años el método tiende a infraestimar la edad real de los animales.

El recuento de las capas de cemento requiere la recolección, preferentemente, del primer incisivo permanente, su descalcificación, preparación histológica y análisis microscópico. El cemento se deposita alrededor de la raíz del diente a una tasa rápida durante el verano y a una más lenta durante el invierno, esto crea un patrón de bandas anchas de color claro (verano) y finas y oscuras (invierno) que pueden ser traducidas en número de años (1 año = 1 banda clara ancha + 1 banda fina y oscura). En el rebeco cantábrico este método no es tan apropiado como el recuento de los medrones de los cuernos (Pérez-Barbería y Fernández-López, 1996). Las capas de cemento en el rebeco cantábrico no están tan bien marcadas como en las poblaciones de ciervo de Noruega, donde el método es aplicado extensivamente, probablemente debido al clima más benigno de la montaña cantábrica y a la consecuente peor diferenciación entre bandas claras y oscuras. En animales menores de 15 meses todavía no se observa la formación de primera banda oscura de cemento en el I1, sólo se observa una primera banda clara. A los 25 meses de edad se puede observar formada la primera banda oscura de cemento en el I1. En aproximadamente la mitad de los animales muestreados la banda oscura de cemento se formó entre marzo y abril (Pérez-Barbería y Fernández-López, 1996).

El método más práctico y rápido para estimar la edad de animales adultos es el recuento de los medrones de crecimiento de los cuernos, esto requiere la captura del animal (Pérez-Barbería, 1994a; Pérez-Barbería et al., 1996). Cada año, a partir de marzo, se produce un incremento en la tasa de crecimiento de los cuernos, esta tasa se reduce drásticamente durante el invierno en los animales mayores de 2 años de edad (en animales menores de 2 años se observa un crecimiento significativo incluso durante el invierno). Este patrón de crecimiento rápido y lento produce la segmentación de los cuernos en medrones y su recuento se puede traducir en años de vida del animal. Es difícil distinguir el primer medrón, porque generalmente la marca entre el primer y segundo medrón desaparece por la acción del desgaste (frotado de los cuernos en las ramas y cortezas de los árboles), consecuentemente, la primer marca aparente corresponde al segundo invierno de vida y está a unos 102 mm de la punta del cuerno (desarrollo del cuerno) en hembras y a unos 122 mm en machos. El resto de los medrones son mucho más cortos (Figura 2).

Figura 2. Representación esquemática de un cuerno de rebeco, señalándose la situación aproximada de los medrones de crecimiento (extraído de Herrero et al., 2002).

 

El medrón del tercer año es aproximadamente de 26 mm en hembras y de 33 mm en machos, el medrón del cuarto año de 8 mm en hembras y de 12 mm en machos, el del quinto año es de 4 mm en hembras y machos, y los medrones siguientes tienen entre 1 y 2 mm, aunque pueden contarse sin problema, dando la impresión de ser anillos finos superpuestos. El crecimiento de los cuernos está condicionado por las condiciones meteorológicas, quizás relacionado con el crecimiento del pasto (Pérez-Barbería y Fernández-López, 1996) (Figura 3).

 

Figura 3. Relación entre el crecimiento de los cuernos (referido a la media de crecimiento del periodo de estudio) y la precipitación. Los rebecos experimentan mayor crecimiento de los cuernos en los años que están precedidos por altos valores de precipitación (lluvia). Modificado de Pérez-Barbería y Fernández-López, 1996).

 

Pesos y medidas corporales

Pirineos

El peso del rebeco pirenaico adulto oscila entre 22 y 28 kg (Crampe et al., 1997; Herrero et al., 1998), siendo los machos algo más pesados que las hembras. En la tabla 1 se presentan pesos y medidas corporales para rebecos pirenaicos adultos, obtenidos en una de las Reservas del Pirineo aragonés en el año 1998. Como puede observarse no se han encontrado diferencias significativas entre sexos, excepto para la altura a la cruz, la cual refleja la altura del animal, siendo los machos más altos que las hembras. El perímetro torácico es una variable influida por la cantidad de grasa corporal y por ello más ligada al peso corporal que al tamaño. La longitud total tampoco muestra un dimorfismo sexual apreciable y sus valores son similares a los publicados para las poblaciones vecinas de Ossau y Cauterets en Francia (Appolinaire et al., 1984; Crampe, 1997).

Figura 4. Diagrama de las medidas corporales que suelen tomarse en los animales cazados en Aragón. a) Longitud total (longitud del cuerpo sin la cola); b) Altura a la cruz; c) Perímetro torácico.

 

Tabla 1. Valores de algunas dimensiones corporales de los animales cazados en la Reserva de Viñamala durante el otoño de 1998 y comparación estadística entre sexos. Promedio, desviación típica (entre paréntesis), valores mínimo y máximo de la muestra y tamaño de muestra (N), p = probabilidad asociada al test de la t de Student; n.s. = no significativo; * = diferencias entre las medias significativa. (según García-González et al., 2000). Ver el diagrama de parámetros corporales biométricos en la Figura 4.

 Parámetros corporales

Machos

Hembras

t de Student

Peso corporal (kg)

27,1 (2,8)

26,8 (2)

 

 

23 - 32

22,1 - 31

p = 0,67 (ns)

 

N=17

N=26

 

Peso vacío (kg)

20,6 (0,5)

19,6 (2)

 

 

20 - 21

15,1 - 22

p = 0,31 (ns)

 

N=5

N=9

 

Longitud total (cm)

108,2 (4,5)

108,6 (5,3)

 

 

98 - 119

96 - 117

p = 0,75 (ns)

 

N=29

N=40

 

Altura a la cruz (cm)

73,9 (3,9)

71,6 (3,1)

 

 

69 - 84

61 - 77

p = 0,01*

 

N=29

N=40

 

Perímetro torácico (cm)

73,8 (6,1)

72,1 (4,9)

 

 

64 - 88

60 - 82

p = 0,2 (ns)

 

N= 29

N=40

 

 

 

La relativa similitud de tamaños corporales entre machos y hembras, mostrada en la tabla 1, no es un hecho excepcional en el rebeco pirenaico. En la tabla 2 figuran los pesos de machos y hembras de sarrio obtenidos en varias poblaciones de los Pirineos según diversas fuentes bibliográficas. Como puede observarse en casi todas ellas no existen diferencias significativas entre machos y hembras, aunque tienden a ser un poco más pesados los machos. En realidad la similitud de pesos entre machos y hembras adultos se produce desde la mitad del otoño hasta la primavera siguiente. Los machos cazados en primavera son menos pesados que los cazados en otoño (Figura 5). En otoño, durante el celo, los machos llegan a perder hasta un 20% del peso ganado durante el verano (Figura 6), que es la proporción máxima de peso que, según algunos autores (Crampe et al., 1997), el animal podría perder sin llegar a perecer.

Algunos estudios indican que la supervivencia durante el invierno depende de las reservas de grasa acumuladas durante el verano. Otros trabajos realizados en rebecos, corzos, muflones y ciervos, han demostrado además, que las diferencias de peso entre machos y hembras son tanto más pequeñas cuando la densidad es más alta o las condiciones climáticas son desfavorables (Salzmann, 1977; Pepin et al. 1996; Couilloud et al., 1999), lo que podría usarse como un bioindicador para avisarnos de que las poblaciones se acercan a niveles altos de densidad.

 

Figura 5. Peso medio de sarrios machos cazados en la Reserva de Benasque (Pirineo aragonés) en primavera y otoño durante el período 1997- 2002 (N = 239). Los números pequeños del eje horizontal indican el tamaño de la muestra; las barras verticales muestran los límites de confianza al 95% (según Herrero et al., 2003).

Figura 6. Peso medio de machos y hembras de sarrio durante el otoño en la Reserva de caza de Benesque (Pirineo aragonés). Valores medios mensuales durante el período 1997-2002 (N = 394). La primera fila del eje X indica el tamaño de la muestra; las barras verticales muestran los límites de confianza al 95% (según Herrero et al., 2003).

 

En la tabla 2 también puede observarse que existen diferencias del peso corporal entre Reservas, macizos o valles, a veces muy próximos (Storch, 1989). Por ejemplo, en 1998 los pesos de machos y hembras cazados fueron significativamente mayores en la Reserva de Viñamala en relación a los de Benasque. Según un estudio de Crampe (1997), en el Valle de Cauterets los sarrios menores de 7 años del macizo de Péguère (calizo, exposición Sur) son más pesados que los de Mayouret (granítico, exposición Norte). Estas diferencias pueden deberse a las condiciones de los hábitats en que viven las diferentes poblaciones y que en parte reflejan diferencias en los recursos alimentarios.

 

Tabla 2. Comparación del peso total (en kg) del sarrio en varias poblaciones pirenaicas por sexos. Valores medios, desviación estándar (entre paréntesis), valores máximos y mínimos y tamaño de la muestra (N). n.s. diferencias no significativas; *= indica diferencias significativas en las medidas.

Lugar

Machos

media (sd)

mín.-máx.

Hembras

media (d.t.)

mín.-máx.

Diferencia

Observaciones

Fuente

R.C. Viñamala 1998

27,1 (2,8)

23-32

N=17

26,8 (2)

22,1-31

N=26

n.s.

otoño 1998

Herrero et al., 2000a

R.C. Benasque 1998

24,7 (2,8)

18,5-29

N=27

24,9 (2,8)

18-30

N=55

n.s.

otoño 1998

Herrero et al., 2000a

R.C. Benasque 1997

28 (3,7)

20-33

N=22

23,7 (2,8)

21-26,5

N=37

p=0,001

*

otoño 1997

Herrero et al. 1998

Ossau

23,7 (2,7)

N=16

22,6 (2)

N=35

n.s.

invierno 1982-83; alta densidad

Appolinaire et al. 1984

Peguere (Cauterets)

29,75 (2)

N=7

23,66 (9,2)

N=9

n.s.

invierno 1983-85; mejor hábitat

Crampe, 1986

Mayouret (Cauterets)

23,5 (3,7)

N=4

22,64 (2,6)

N=14

n.s.

invierno 1983-85; peor hábitat

Crampe, 1986

Peguere-Mayouret (Cauterets)

22,2 (2,9)

16,2-28

N=57

n.s.

invierno; media de 1984-95

Crampe et al. 1997

R.N. Orlu

23,8 (2,5)

N=49

n.s.

primavera 1984-93; alta densidad

Pepin et al. 1996

R.N. Orlu

24,3

21-30

N=32

n.s.

otoño 1984-93; recalculado; alta densidad;

Pepin et al. 1996

Pirineos

25-36

20-27

 

 

Couturier, 1938

P.N. Ordesa

23,2 (2,6)

19-27

N=9

24,4 (2,2)

21,2-27,2

N=5

n.s.

invierno 1989-90

Gonzalo et al. 1992

 

Cordillera cantábrica

El peso total del rebeco cantábrico adulto (mayor de 3 años) es de unos 30 kg en machos y 24 kg en hembras. No hay gran diferencia entre sexos en la longitud total y en la altura a la cruz, aunque los machos son ligeramente mayores (Tabla 3). Se han puesto de manifiesto diferencias craneométricas entre el cantábrico y pirenaico, siendo el dimorfismo sexual más acusado en el primero (Fernández-López y García-González, 1986).

 

Tabla 3. Biometría del rebeco cantábrico presentando la media, desviación estándar (sd) y el tamaño de la muestra (N) de diferentes variables en animales de más de 3 años de edad cazados en Asturias entre agosto y octubre de 1991 (F.J. Pérez-Barbería y G. Mutuberría, inédito).

 

Hembras

 

 

Machos

 

 

 

Media

sd

N

media

Sd

N

Peso total

24,0

7,65

40

29,8

6,65

113

Peso sin visceras

18,0

3,13

37

22,7

2,99

103

Longitud total (cabeza-cola)

100,2

8,25

40

103,8

6,31

112

Altura a la cruz

72,1

4,94

41

74,1

5,25

113

Longitud de la pata posterior

32,3

1,46

41

33,7

2,44

113

Perímetro torácico

71,4

5,41

40

76,5

4,77

113

Longitud mandibular

137,39

4,957

27

139,19

4,283

31

 

Condición corporal

Aunque no existe información sobre la condición corporal del rebeco cantábrico para una serie temporal larga, los estudios disponibles realizados durante dos años consecutivos (1992, 1993) indican claramente que la condición corporal del rebeco, estimada mediante la cantidad de grasa perirenal, varía tanto estacional como anualmente, muy posiblemente relacionada con las condiciones meteorológicas que determinan el crecimiento y la abundancia de las plantas de las que se alimenta y también la competencia intraespecífica y con la cabaña ganadera. La condición corporal de las hembras está sometida a fluctuaciones estacionales, con los valores más bajos a la salida del invierno, aumentando hasta casi el doble entre agosto y octubre. Esta variación es mucho más extrema en machos, con mínimos entre mayo y junio y con un incremento de hasta nueve veces entre septiembre y octubre (Pérez-Barbería, 1994a; Pérez-Barbería et al., 1998).

 

Sistemática y distribución mundial del género

La tribu Rupicaprini pertenece a la familia de los bóvidos (Bovidae), subfamilia Caprinae y cuenta con los géneros Rupicapra en Europa y Oriente Próximo, Capricornis y Naemorhedus en el sur y oriente asiáticos (quizás también la reciente especie vietnamita descrita, Pseudonovibos spiralis, Hassanin y Douzery, 2000) y Oreamnos en Norteamérica. Los rupicaprinos se originaron en Asia durante el Mioceno. El género Rupicapra se extendió ampliamente a través de Europa durante el Pleistoceno medio, 500.000 años a.C. (Masini y Lovari, 1988). En la actualidad los representantes del género Rupicapra ocupan los rangos altitudinales medios y altos de la mayor parte de las grandes cadenas montañosas del sur de Europa, los Balcanes, extendiéndose hasta el Caucaso. Un total de 10 poblaciones bien definidas de miembros del género Rupicapra han sido clasificadas tradicionalmente como taxones a nivel de subespecies (Cabrera, 1914; Couturier, 1938; Masini y Lovari, 1988; Nowak, 1999; Shackleton y Lovari, 1997). Lovari (1987) basándose en evidencias morfológicas, genéticas y etológicas propuso la separación de las subespecies que ocupaban el sur-oeste de Europa (Rupicapra pyrenaica, que incluía las subespecies ibéricas Rupicapra p. parva en la montaña cantábrica, R. p. pyrenaica en los Pirineos y R. p. ornata en los montes Apeninos en el centro de Italia) de las del resto de Europa y Asia (Rupicapra cartusiana -Macizo de Chartreuse-, Rupicapra rupicapraAlpes-, Rupicapra tatrica -Montes Tatra-, Rupicapra carpaticaRumanía-, Rupicapra balcanica –Balcanes-, Rupicapra asiatica –Turquía- y Rupicapra caucasicaCáucaso-) y consecuentemente la creación de dos taxones a nivel de especie. Cabe mencionar que el insigne zoólogo español Ángel Cabrera (1914), ya asignaba el nombre específico de pyrenaica a nuestros dos representantes ibéricos a principios del siglo pasado. Cabrera (1914) describe al rebeco cantábrico Rupicapra pyrenaica parva Cabrera, 1911 como una subespecie de Rupicapra pyrenaica, considerando que tanto el rebeco pirenaico como el cantábrico son tan similares en su forma y craneometría como para ser una sola especie.

Un análisis del gen Mhc-DRB1 ha mostrado bajos niveles de variación en las subespecies R. p. pyrenaica y R. p. parva. El bajo número de alelos encontrado en R. p. parva puede ser el resultado de un cuello de botella causado por la caza y las infecciones recientes (Alvarez-Busto et al., 2007).1

Estudios genéticos recientes confirman la separación de las dos especies reconocidas, R. pyrenaica y R. rupicapra, aunque hay discrepancias entre las estimas de la fecha en que ambas divergieron (entre 57.000 y 280.000 años), dependiendo de las técnicas genéticas utilizadas (Hammer et al., 1995, Perez et al., 2002). Sin embargo, todas las fechas de divergencia propuestas vienen a coincidir durante el periodo interglaciar del Riss-Würm lo cual también está confirmado por restos fósiles (Masini y Lovari 1988). Masini y Lovari (1988) sugirieron que Rupicapra rupicapra evolucionó en el este de Europa y Asia menor durante un periodo de aislamiento geográfico y desde allí recolonizaron el oeste de Europa durante el Würm II (40.000 – 60.000 años AC) en una segunda oleada de colonización (la primera es la que habría dado lugar a las diferentes subespecies de R. pyrenaica). Sin embargo, basándose en la correlación que encontraron entre las distancias genéticas y las distancias geográficas, sugieren que lo que pudo haber ocurrido fue que las distintas poblaciones del género sufrieron, durante el Pleistoceno, expansiones y contracciones del área que ocupaban, las cuales estaban asociadas a periodos glaciares e interglaciares. Como consecuencia de estos movimientos se produjeron aislamientos y posteriores contactos entre las poblaciones y fue finalmente el clima cálido asociado al Holoceno (los 11.000 últimos años) el que aisló definitivamente las diferentes poblaciones, quedando recluidas en la actualidad a las altas cotas de las cadenas montañosas de Europa y Asia Menor (Pérez et al., 2002). Estos autores señalan que el principal factor del aislamiento de las especies del género fue la distancia geográfica (Figura 7). Esto justificaría las diferencias genéticas que estos autores encontraron en las especies del centro y este de Europa y de las asiáticas, pero nosotros creemos que sería suficiente para explicar el mayor grado de aislamiento necesario para la separación de los taxones ibéricos e italianos del resto de las subespecies.

Se ha descrito una clina en el tamaño y longitud del cráneo en el género, decreciendo su tamaño craneal desde el NE al SO de Europa (Massei et al., 1994). Existen poblaciones de Rupicapra rupicapra introducidas en Nueva Zelanda.

 

Figura 7. Filogeografía de las diferentes subespecies de Rupicapra según Pérez et al. (2002).

 

Referencias

Alvarez-Busto, J., García-Etxebarria, K., Herrero, J., Garin, I., Jugo, B. M. (2007). Diversity and evolution of the Mhc-DRB1 gene in the two endemic Iberian subspecies of Pyrenean chamois, Rupicapra pyrenaica. Heredity, 99 (4): 406-413.

Appolinaire, J., Muller, P., Berducou, C. (1984). Capture et marquage d'isards. Documents Scientifiques du Parc National des Pyrénées, 2: 1-110.

Cabrera, A. (1914). Fauna Ibérica. Mamíferos. Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. 441 pp.

Christie, A.H. (1964). A note on the Chamois in New Zealand. Proceeding of the N. Z. Ecological Society, 11: 32-36.

Corti, R. (1992). Le Chamois et l'Isard. Plaquette ONC. Poncet SA Imprimeurs, Échirolles/Eybens.

Couilloud, F., Jullien, J.M., Fraty, D. (1999). Le poids des chevreaux en automne: un bioindicateur utilisable pour suivre l'évolution d'une population de chamois (Rupicapra rupicapra). Gibier Faune Sauvage, 16: 273-287.

Couturier, M. A. J. (1938). Le chamois. B. Arthaud, Grenoble.

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Francisco Javier Pérez-Barbería
The Macaulay Institute, Craigiebuckler, Aberdeen AB15 8QH, Scotland, United Kingdom
                j.Perez-Barberia@macaulay.ac.uk

Ricardo García-González
Instituto Pirenaico de Ecología, CSIC, Apdo. Correos 64, 22700 Jaca, España
rgarciag@ipe.csic.es

 Fecha de publicación: 16-06-2004

Otras contribuciones: 1. Alfredo Salvador. 24-07-2008

Pérez-Barbería, F. J., García-González, R. (2004). Rebeco – Rupicapra pyrenaica. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/

 

Sociedad de Amigos del MNCN - Museo Nacional de Ciencias Naturales - CSIC  

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