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Gato montés - Felis silvestris Schreber, 1775 |
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Key
words: Wildcat, description, sexual dimorphism, measurements, geographic
variation. Descripción El
gato montés tiene la apariencia de un gato doméstico atigrado de tamaño
grande, aunque con menos rayas y menos conspicuas que el doméstico (Stahl y
Leger, 1992; Sunquist y Sunquist, 2002). Es un gato robusto, con patas
relativamente cortas y una cabeza ancha, voluminosa. Destacan los bigotes
densos y de apariencia caída, así como unas orejas bien distanciadas entre sí,
que a veces también aparecen plegadas sobre la cabeza. El rostro es
relativamente plano, y el hocico de color carne. El pelaje es en general
pardo-grisáceo (variable según las condiciones climáticas, véase también
Kitchener, 1991), con diversas rayas negras distribuídas por cabeza, cuello y
extremidades. Una conspícua línea dorsal negra recorre la columna vertebral
desde la zona cervical hasta la lumbar, acabando bruscamente antes del
comienzo de la cola. Esta última es larga y ancha, acabada en una borla
redonda y negra. La cola puede presentar de tres a cinco anillos negros, más
o menos marcados. A pesar de que los ejemplares melánicos son habituales en otras especies de félidos, son escasas y dudosas las citas de gatos monteses melánicos capturados en Europa (Kitchener, 1995; Nowell y Jackson, 1996), y parece que casi todos los gatos silvestres de color negro (como los gatos “Kellas” de Escocia, o los antiguamente pretendidos Felis daemon del Cáucaso) son individuos “híbridos”, es decir, con mayor o menor porcentaje de alelos de gato doméstico y gato montés, presentes en el genotipo por introgresión (Kitchener y Easterbee, 1992). Además de este carácter, otros aspectos del pelaje como la extensión de la línea dorsal o la distribución diferencial de rayas, puntos y manchas, así como la forma del extremo de la cola, pueden distinguir a los gatos monteses puros tanto de los domésticos como de aquellos individuos que presentan introgresión (Ragni y Possenti, 1996; Beaumont et al., 2001; Kitchener et al., 2005). Así por ejemplo, una línea dorsal que se continúa por la cola y un extremo puntiagudo de esta, en vez de redondeado, serían claros indicadores de la presencia de alelos procedentes de gato doméstico. Biometría
y peso Comparado
con otras especies de carnívoros, el gato montés es un depredador de tamaño
medio. La longitud media para cabeza y cuerpo rondaría los Cráneo El
cráneo del gato montés tiene la apariencia típica del cráneo de un felino:
globoso, redondeado, de mandíbulas cortas y amplios arcos zigomáticos, que
permiten una potente mordedura (Stahl y Leger, 1992; Kitchener, 1995). La fórmula
dentaria del gato montés adulto es I: 3/3 C: 1/1 PM: 3/3 M: 1/1. El cráneo
del gato montés europeo es algo más ancho en su parte anterior que el de los
monteses africanos y asiáticos, los dientes son más pequeños que los que éstos
presentan, y los huesos nasales tienen una forma ligeramente distinta (véase
Yamaguchi et al., 2004a). La
longitud total del cráneo puede variar entre Schauenberg (1969) calculó un índice craneal, dividiendo la
longitud total del cráneo por la capacidad craneana, para poder distinguir
entre cráneos de gatos monteses y domésticos: un cráneo con un índice
mayor de 2,75 pertenecería a un gato doméstico. Sin embargo este índice no
es capaz de discriminar los gatos “híbridos” (Kitchener
y Easterbee, 1992), por lo que se han desarrollado otras técnicas diferentes
que combinan un mayor número de variables distintivas existentes en la anatomía
interna de los gatos (French et al.,
1988; Daniels et al., 1998). Por
ejemplo, las líneas de sutura de los huesos parietales del cráneo del gato
montés son sinuosas, no así en el caso del gato doméstico; y la mandíbula
del gato montés presenta un proceso angular desarrollado (que permite que las
mandíbulas se sostengan sin caerse apoyadas sobre su zona posterior, al tener
alineados todos los procesos), a diferencia del gato doméstico (Kitchener,
1995; Yamaguchi et al., 2004a,b).
Otra diferencia interna interesante es la longitud del intestino, más corto
en el caso del gato montés, variable que también ha permitido desarrollar técnicas
discriminantes (Schauenberg, 1977; Daniels et
al., 1998). Los gatos con mayor o menor grado de introgresión de alelos
procedentes de gato doméstico presentan caracteres intermedios, esto es,
distintas combinaciones de las variables distintivas. Por otra parte, y
exceptuando las medidas corporales algo más pequeñas en el caso de las
hembras (Fernández y de Lope, 1990; Kitchener, 1991), no se aprecia mayor
dimorfismo sexual y los jóvenes gatos son muy parecidos a los adultos (Stahl
y Leger, 1992). Lo mismo puede afirmarse del gato doméstico, cuya diferencia
más notable respecto al montés desde el punto de vista de la morfología
externa, es la reducción del tamaño y la mayor variabilidad en la coloración
del pelaje, debido en gran medida a la selección artificial realizada por el
ser humano a lo largo de los siglos (véase Kitchener, 1991). Origen
y evolución El
gato montés (Felis silvestris) es
probablemente un descendiente directo del gato de Martelli (Felis
lunensis), que se encontraba en Europa hace más de 1,6 millones de años,
durante el Pleistoceno temprano (Kitchener, 1991, 1995). El gato montés
aparece en el registro fósil de hace 250.000 años, procedente del periodo
interglacial Holstein durante el Pleistoceno medio (Sommer y Benecke, 2006), y
parece que era bastante más grande que los gatos actuales, habiendo reducido
su tamaño con el tiempo (Kitchener, 1995). Es esta una especie de muy amplia
distribución, pues se encuentra nada menos que en tres continentes: Europa,
Africa y Asia (Sunquist y Sunquist, 2002). Parece que durante su evolución en
Europa surgió un fenotipo “estepario” que abandonó el continente
colonizando Oriente Medio, hace alrededor de 50.000 años (Yamaguchi et
al., 2004a). Posteriormente, y según los mismos autores, este gato
estepario se dispersaría hacia el este dando lugar a las actuales poblaciones
asiáticas, y hacia el sur hasta colonizar casi toda África, en oleadas que
acontecieron más recientemente, quizá hace tan sólo 10.000 años. Variación
geográfica En
1775 el naturalista alemán Schreber describió por primera vez la especie a
partir de ejemplares europeos, y posteriormente otros estudiosos comenzaron a
describir también especímenes encontrados a lo largo y ancho de los tres
continentes, considerándoles como especies distintas. Pocock (1951) fue el
primero en unificar a muchas de esas supuestas especies utilizando
fundamentalmente patrones de pelaje, considerando como subespecies a casi
todas las anteriormente descritas y manteniendo como especies separadas a las
formas europeas, africanas y domésticas, llegando a contabilizar un total de
40 subespecies. Más adelante se reorganizaría la clasificación, y las 40
subespecies de Pocock fueron reducidas a 21 (Guggisberg, 1975). Sin embargo,
el propio Pocock ya reconocía que no existían diferencias claras y
constantes entre las especies que él consideraba, y un poco más tarde
Haltenorth (1953) comprobó que no existían diferencias significativas en las
medidas del cráneo de gatos procedentes de lugares tan lejanos como el centro
de Europa y África tropical. Así, este autor fue el primero en reunir a
todas las subespecies de gatos monteses europeos, africanos y asiáticos en
una sola especie politípica: Felis
silvestris. No
obstante, se volvieron después a dividir en especies separadas por distintos
autores. Parece que el hecho de que los gatos asiáticos tengan puntos negros
en el pelaje y carezcan de rayas (Kitchener, 1991), la aparente existencia de
saltos geográficos en la distribución de los gatos africanos y europeos
(Smithers, 1983), la posibilidad de distinguir mediante índices morfológicos
los gatos monteses europeos de los domésticos así como la elevada
variabilidad física de los gatos africanos (Schauenberg, 1969, 1977),
resultaron argumentos convincentes hasta hace poco para mantener la división
específica desde un punto de vista taxonómico. Así, todas las subespecies
presentes en el continente africano quedaron englobadas en la especie Felis lybica; los gatos asiáticos de piel punteada fueron
considerados como Felis ornata; y
como Felis silvestris quedaron
solamente las subespecies europeas. De la misma manera, todas las variedades
de gato doméstico del mundo se asignaron a la especie Felis catus. Posteriormente,
dos estudios realizados por investigadores italianos aportaron nuevos datos,
parte de los cuales provenían por vez primera de la biología molecular. Por
un lado, se analizaron nuevamente una serie de caracteres craneométricos,
cuyos resultados indicaron la existencia de un gradiente continuo en la
morfometría de gatos monteses europeos, africanos y domésticos, sin
encontrar así ningún carácter cualitativo discriminante que apoye la
distinción de especies (Ragni y Randi, 1986), en la misma línea por tanto
que Haltenorth (1953). Por otro lado, los mismos autores estudiaron las
relaciones filogenéticas y la variabilidad genética entre los diferentes
grupos de gatos, a través de un análisis de aloenzimas (Randi y Ragni,
1991). La conclusión que obtuvieron fue que las distancias genéticas no eran
lo suficientemente grandes como para poder considerar a los gatos monteses
europeos y africanos como especies diferentes, habiendo divergido hacía tan sólo
20.000 años. Además, el gato doméstico se relacionó con el linaje del gato
africano, del cual procedería a través de un proceso paulatino de
domesticación. Los
resultados de estos dos trabajos, a los que se añadieron los derivados de un
análisis comparativo del patrón de pelaje y el cálculo de distancias fenotípicas
(Ragni y Possenti, 1996), parecen zanjar la cuestión taxonómica aportando
fuertes y claros argumentos a favor de la existencia de la única especie
politípica Felis silvestris, con
una subespecie europea (F. s. silvestris),
otra africana (F. s. lybica), otra
asiática (F. s. ornata) y diversas
formas domésticas (F. s. catus). Así
es de hecho reconocido hoy en día por el Consejo de Europa, A
pesar de ello, sigue existiendo cierto grado de incertidumbre, cuando no de
desorientación, entre los estudiosos del gato montés. Por ejemplo, Kitchener
(1991) acepta que las formas europeas, africanas y asiáticas pertenezcan a la
misma especie por los argumentos anteriores, pero mantiene al gato doméstico
como especie diferenciada (véase también en Kitchener et
al., 2005; es notable además que Nowell y Jackson (1996) mantienen el
gato doméstico como especie distinta). Por otra parte, la consecuencia lógica
de considerar a silvestris, lybica
y ornata como subespecies es la desaparición como categoría taxonómica
de las antiguas otras subespecies, ya que las supuestas diferencias que
justificaron su existencia serían aún más difíciles de mantener cuando en
realidad ni siquiera entre las antiguas especies se pudieron demostrar, lo que
motivó la unificación en Felis
silvestris. Sin embargo, mientras que Kitchener (1991) rechaza la
existencia de la supuesta subespecie escocesa de gato montés (F.
s. grampia), que sería de pelaje más oscuro que los ejemplares
centroeuropeos, estando el propio autor de acuerdo después de un examen
realizado por él mismo y de comprobar la variabilidad en el tono de cierto número
de pieles, sin embargo más adelante afirma de nuevo la existencia de la
subespecie (así como de otras subespecies europeas) sin mayor justificación
(véase Kitchener, 1995; Kitchener et
al., 2005).También una publicación reciente de un estudio realizado en
los Emiratos Árabes Unidos sobre el uso del espacio de dos gatos monteses
capturados y radiomarcados en la zona, emplea de la misma forma, como categoría
taxonómica, la antigua denominación subespecífica de F.
s. gordoni (Phelan y Sliwa, 2005), ignorando el debate taxonómico y las
conclusiones a las que se ha llegado a nivel internacional. Aunque quizá lo más
sorprendente sea que uno de los autores italianos que impulsó la unificación
de la especie, E. Randi, acabe firmando un artículo reciente sobre dieta
donde nuevamente se trata al gato doméstico como especie distinta del montés
(véase Biró et al., 2005), de
forma claramente incoherente con su propia propuesta original. En
el caso de Por
otra parte, en el debate taxonómico sobre el gato montés resulta raro
encontrar algún argumento de carácter básico o teórico que sería
perfectamente aplicable, como por ejemplo la definición de “especie” que
cada autor está utilizando (véase una revisión de los diferentes conceptos
y sus problemas prácticos en Tinaut y Ruano, 2002). Así, si el que se
utiliza es el concepto de “especie biológica” (Mayr, 1942), entonces hay
que considerar la existencia o no de aislamiento reproductivo entre las
distintas poblaciones, incluyendo criterios de fertilidad en la descendencia híbrida.
Y en este sentido, si se considera que el cruce entre gato montés (de
cualquier origen geográfico) y gato doméstico no solamente es posible, sino
que además poblaciones enteras son capaces de recuperarse gracias a los
descendientes “híbridos” (como las de Escocia o Hungría, véanse French et
al., 1988; Easterbee et al.,
1991; Pierpaoli et al., 2003), habría
que concluir por lógica y según la definición, que dada la inexistencia de
infertilidad y aislamiento reproductivo, no puede hablarse formalmente de
distintas especies de gatos. Parece
por tanto, con la información disponible actualmente y utilizando los
criterios más objetivos posibles, que lo lógico es aceptar la existencia de
una única especie politípica (Haltenorth, 1953; Randi y Ragni, 1991; Stahl y
Artois, 1991; Ragni y Possenti, 1996; Nowell y Jackson, 1996; Sunquist y
Sunquist, 2002; Yamaguchi et al.,
2004a,b) con las tres subespecies silvestres ornata,
lybica y silvestris (y una doméstica, catus,
diversificada en distintas variedades o razas por selección artificial), cuyo
pelaje varía en longitud, densidad y tonalidad, simplemente en virtud de las
distintas condiciones climáticas de cada región y sus diferentes presiones
selectivas (Kitchener, 1991; Sunquist y Sunquist, 2002), sin presentar grandes
diferencias entre sí. Además,
un estudio reciente basado en diferentes tipos de análisis genéticos (véase
Driscoll et al., 2007), aporta
pruebas de peso para reconocer también dos subespecies más: Felis
silvestris cafra, que habitaría en África meridional y se diferenciaría
así de F. s. lybica (quedando éste
en el norte del Sáhara y Oriente Medio); y Felis
silvestris bieti, el gato chino del desierto (de distribución restringida
al borde nororiental de la meseta tibetana; Sunquist y Sunquist, 2002), que
hasta ahora se consideraba una especie diferente (Felis bieti; Nowell y Jackson, 1996) pero de la que hacía tiempo se
sospechaba que pertenecía en realidad al grupo silvestris (Sunquist y Sunquist, 2002), estando muy relacionado con
el gato montés asiático como parece demostrar este trabajo. Los mismos
autores parecen confirmar también que el gato habría sido domesticado en
poblaciones de Oriente Próximo en coincidencia con el desarrollo de la
agricultura. Referencias Biró,
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Fecha de publicación: 10-07-2007
Lozano, J. (2007). Gato montés – Felis silvestris. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/
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