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Oso
pardo - Ursus arctos Linnaeus,
1758 |
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Key words:
brown bear, habitat, abundance, status, threats. Hábitat Cordillera Cantábrica En En verano destaca el valor trófico de las
formaciones arbustivas sin robles y de los matorrales de Calluna vulgaris, debido a la importancia del arándano, lo mismo
que los hayedos y abedulares de zonas altas con arandanera. Los bosques higrófilos
y los robledales umbríos ofrecen otros frutos de consumo estival como
cerezas, manzanas y zarzamoras. En otoño-invierno, los castañedos
constituyen la unidad ambiental más importante, con un valor trófico que
cuadriplica al de los hayedos, situados en segundo lugar. Los robledales y las
formaciones arbustivas dominadas por robles forman el tercer grupo. Desde una perspectiva anual, el castañedo es la
unidad con mayor valor trófico para el oso cantábrico, seguida por el
hayedo, matorral de brecina, formaciones arbustivas sin robles y robledales
umbríos. Clevenger et al. (1992) describen la selección de
hábitat del oso pardo en el núcleo oriental cantábrico, tras analizar 400
localizaciones radiotelemétricas de un macho marcado y 105 puntos de
observaciones visuales y de indicios de otros plantígrados. La especie
muestra una fuerte preferencia por los hábitats forestales y usa el hayedo,
el robledal-melojar y el pinar albar de repoblación en mayor proporción a su
disponibilidad. Los restantes tipos de vegetación (brezal-piornal, pastizal
montano, pastizal/matorral subalpino y afloramiento rocoso/canchal) se hallan
infrautilizados. La distancia al pueblo más cercano (media de El modelo de idoneidad de hábitat ideado por
Clevenger et al. (1997) para los osos cantábricos, combinando rasgos de
cobertura forestal, altitud y distancias a pueblos y carreteras, a los que se
asignan valores de Los osos cantábricos seleccionan un hábitat con
buen funcionamiento del ecosistema, es decir un desarrollo adecuado de la
producción primaria a lo largo de las estaciones, más acusado en los
ejemplares reproductores, con los no reproductores menos selectivos (Weigand
et al., 2008). Pirineos En los Pirineos (Alonso y Toldrá, 1993; Camarra,
1989; Caussimont y Fillat, 1986; Caussimont y otros, 1993; Dendaletche, 1981),
el rango biogeográfico frecuentado va desde la serie submediterránea de Quercus
ilex y Quercus faginea a la serie subalpina del pino negro (Pinus
uncinata) con su cohorte típica de rododendros, Arctostaphyllos
uva-ursi y Eriophorum sp. La
amplitud altitudinal se extiende desde los Cuando el bosque está orlado por el cinturón
alimenticio de abedules y sorbales, como en el sector occidental y el de
Luchon, se da el óptimo. Caussimont y otros (1993) explican las querencias
estacionales en Aragón y Navarra. En primavera, el oso utiliza sobre todo la
parte inferior (entre 950 y Estados Unidos Hay una gran información sobre los tipos de hábitat
utilizados por el oso grizzly en América del Norte (ver síntesis de
Craighead y Mitchell, 1987). En general, el grizzly sobrevive en hábitat de
mucha extensión que lo aísla de la mortalidad inducida por el hombre.
Habitualmente, este areal osero se caracteriza por una fisiografía abrupta y
bastante inaccesibilidad. Sin embargo, solo esto no sería suficiente sin la
ayuda del National Wilderness Preservation System, establecido al sur del
Canadá para defender en Estados Unidos las zonas más sensibles ocupadas por
osos. Los tipos de hábitats forestales de la zona
subalpina con mayor oferta de plantas energéticas (más del 60% de la
cobertura total del suelo) para el grizzly son las formaciones de Abies lasiocarpa / Luzula hitchcockii – Vaccinium scoparium y Abies
lasiocarpa – Pinus albicaulis / Vaccinium scoparium. En los bosques de
la zona templada, con más de un 80% de cobertura de plantas comibles por el
oso, los tipos más favorables son: Abies
lasiocarpa / Xerophyllum tenax (fase con Vaccinium
globulare), Abies lasiocarpa /
Xerophyllum tenax (fase con Vaccinium
scoparium) y Pseudotsuga menziesii /
Calamagostris rubescens. El hábitat del grizzly a grandes rasgos se
caracteriza por un arbolado con diversidad de clases en edad y estructura, y
por tranquilidad inducida bien por la fisiografía o la inaccesibilidad. En la
zona alpina, las manchas usadas en primavera son los taludes con Claytonia megarhiza y los circos glaciares con raíces y tubérculos
de Lomatium cous. En los hábitats
subalpinos el óptimo energético corresponde a las arandaneras con Pinus
albicaulis, productor de piñones y, en los bosques de zonas templada, los
mejores son los que poseen más del 80% de la cohorte herbácea comestible, en
varios tipos de abetales. Encames Naves y Palomero (1993) describen los rasgos de 46
encames diurnos. El tipo de encame estival dominante es el cuenco excavado más
o menos profundamente. Las camas otoñales tienden a localizarse en refugios
rocosos o bajo salientes rocosos y a tener material vegetal. Se aprecia una
tendencia hacia las exposiciones norte en las camas estivales, sin detectar
orientación preferente en las otoñales. Las estivales se sitúan en
altitudes más elevadas (media de De 98 encames diurnos inventariados en Riaño
(Clevenger, 1990), 69 se localizaron en los tipos de bosque de hayedo y
robledal-melojar. Al alimentarse en parajes abiertos de pastizal montano y
subalpino, el oso marcado seleccionaba en la mayoría de las ocasiones lugares
de encame en bosques distantes, antes que reposar en enclaves apropiados de
matorral de piornos que bordean los claros herbáceos donde come. Garitagoitia
(2000) describe en la comarca de Riaño un encame situado en lo alto de
un mostajo (Sorbus aria).
Lo mismo ocurre en los Abruzzo (Italia), donde Zunino (1976) encuentra
29 de 30 camas en el hayedo. En Noruega, Mysterud (1983) comenta que los osos
seleccionan camas en rodales densos y umbríos de pinar o abetal maduro,
evitando hábitats abiertos y estadios sucesionales juveniles. Oseras Camarra (1989) pasa revista a las oseras, los
cubiles de invernada del oso en los Pirineos. Las clasifica en tres tipos: a)
madrigueras, cámaras excavadas bajo raíces de forma esférica y un encame de
unos Naves y Palomero (1993) ofrecen datos de la ecología
de la hibernación en Clevenger (1990) describe como el oso radiomarcado
en Riaño utiliza para invernar pequeñas anfractuosidades de cuarcita,
situadas en lo alto de laderas en crestones de densa vegetación arbustiva y
arbolada, eludiendo las más frecuentes cuevas de caliza, caracterizadas por
su humedad. Las oseras siempre se acondicionan con una cama de brezos,
helechos y ramas de robles, y el período de hibernación de este ejemplar fue
variable a lo largo de las tres temporadas de radioseguimiento: en 1986, del
22 de enero al 5 de marzo; en 1987, del 10 de enero al 10 de marzo; y, en
1988, del 5 de febrero al 12 de abril. La fenología de invernada del oso grizzly
(Craighead y Mitchell, 1987) se inicia con la localización y excavación de
los cubiles entre septiembre y mediados de noviembre, la entrada en las oseras
de mediados de octubre a mitad de noviembre, y la emergencia entre finales de
marzo y principios de mayo. En las comarcas interiores, la mayoría de los
osiles se encuentran en la zona superior del piso subalpino, caso del parque
nacional de Yellowstone, a altitudes de 2.024 a 2.926 m., mientras que, en el
norte de Alaska, descienden a cotas inferiores de entre 270 y 1.280 m.
(Reynolds, 1979). La mayoría de los ejemplares de grizzly excavan
sus oseras, con el túnel y la cámara entre raíces de árboles o bajo rocas,
con más frecuencia en el uso de cubiles recién excavados que en reutilizar
los existentes. Habitualmente, las cámaras son estrechas, más largas que
anchas, y permiten mínimos cambios en la postura de reposo del oso. Es común la afición del oso pardo a marcar postes
y puentes de madera, en particular cuando este material está impregnado por
creosota. En la Montaña Cantábrica, en Riaño, Fernández (2006) describe
esta conducta. Abundancia Servheen
(1990) pone al día el estatus y estado de conservación de los osos del mundo
y declara que el oso pardo solo tiene su futuro asegurado en el nordeste y
noroeste de la antigua Unión Soviética, Alaska y Canadá. Los efectivos de
oso grizzly y de Kodiak se estiman en unos 67.000 ejemplares. Las estimas las
encabeza Alaska (43.000 ejemplares), seguida de Canadá (22.780 osos) y con núcleos
reducidos en otros puntos de Estados Unidos ( 700 en Montana, 200 en Wyoming,
30 en Idaho y 20 en Washington), que suponen aquí 6 subpoblaciones
amenazadas. El oso pardo euroasiático que ocupa continuadamente el bosque
boreal, desde Escandinavia a Kamchatka, y con poblaciones relictas más
meridionales en las montañas de Cachemira y los desiertos del Tibet, presenta
un contingente estimado en unos 120.000 osos, con 44.000 de ellos afincados en
Europa (33.000 en la antigua URSS, al oeste de los Urales, 6.000 en Rumanía y
2.000 en Serbia, Bosnia y Croacia). Las
poblaciones asiáticas más en riesgo son las de Siria – Líbano (en montañas
de Al Sheik, probablemente ya extinta), Irak (en Kurdistán) y Japón (en la
isla de Hokkaido). De acuerdo
con las recomendaciones de Servheen (1989) y Fernández Valero (2000), el
monitoreo poblacional, para ser efectivo y científicamente creíble, debe
repetirse y desarrollarse anualmente en la mayoría de los casos. La obtención
anual del número mínimo de osas con crías del año, la recogida de indicios
de presencia en una red fija de itinerarios de muestreo, la localización de
las zonas que actúan como fuentes y las que funcionan como sumideros
poblacionales, los sistemas fotográficos para el control de individuos y las
técnicas genéticas de individualización de muestras de pelo aliadas a
modelos de marcaje – recaptura en programas de simulación, son en este
momento los métodos de seguimiento más aconsejables. Couturier
(1954) estimaba la población osera pirenaica en unos 70 osos, pero en 1983 ya
solo quedaban 19, 13 en la zona occidental y 6 en la central, y, en 1991
(Caussimont et al., 1993), solo quedan 11, 7 en la zona entre Aspe y Ossau, y
4 en el sector franco-español al oeste del puerto de Somport. En 2005, la
población pirenaica se estima entre 14 y 18 individuos. En la zona occidental
(Aragón, Navarra y valles de Aspe, Ossau, Barétous y Gaves) se hallan 4 –
5 ejemplares: 3 machos adultos (Aspe-Ouest, Camille y Neré), un macho joven y
quizás otro individuo. En la zona central, el Pallars Subirá y el valle de
Arán, en España, y los valles franceses entre Barousse y Vallier, de En El ajuste
del número anual de osas con crías utilizando un modelo de crecimiento
exponencial (Palomero et al., 2007) indica que la tasa de crecimiento del núcleo
occidental, entre 1994 y 2004, es del 7,47% anual. En el oriental, entre 1989
y 2004, no se ha observado ningún crecimiento significativo. El análisis de
variabilidad genética (García-Garitagoitia et al., 2007) ha usado ocho
microsatélites como marcadores moleculares y 1.149 muestras de pelos
recogidos en heces, individualizando dos poblaciones genéticas bien
diferenciadas, la occidental y la oriental, con 31 y 27 individuos
identificados respectivamente. La variabilidad genética encontrada es una de
las más bajas del mundo y consideran que un intercambio genético entre ambos
núcleos cantábricos es fundamental para incrementar su viabilidad en el
futuro. Estatus de conservación Categoría IUCN Mundial (2008):
Preocupación Menor LC (McLellan et al., 2008). En En los núcleos reliquia del sur de Europa la
protección total de la especie viene de largo: 1969, en Grecia; 1973, en España;
1981, en Francia; y, 1992 en Italia. Cada país, en función de sus efectivos y
tendencia poblacional, define diferentes situaciones legales del oso pardo.
Por ejemplo, en Escandinavia, la reglamentación de caza y las leyes de
protección han terminado con el declive de los años 50 y la especie ha
recuperado buena parte del territorio boscoso perdido. Noruega ha pasado de
los 25 osos de Amenazas Los factores que intervienen negativamente en la
conservación del oso pardo cantábrico han sido tratados por la práctica
totalidad de los autores que se han interesado por el plantígrado en este
sistema montañoso (ver síntesis de Palomero et al., 1993), existiendo
coincidencia básica sobre el carácter de los mismos: caza furtiva y pérdida
de hábitat. Hay varios datos sobre caza furtiva de osos: de Ballesteros et al. (2006) relatan la magnitud del
problema de los lazos colocados ilegalmente para la caza del jabalí y el
rebrote reciente del uso del veneno para luchar contra el lobo, de manera que
en los últimos 8 años se conocen datos de osos envenenados, 3 en el núcleo
occidental y 2 en el oriental, con uso de carbofurano y aldicarb, además de
dos ejemplares muertos por disparos, uno en 2005 en Las infraestructuras lineales, caso del corredor de
comunicación del puerto de Pajares, exigen medidas correctoras que mitiguen
la impermeabilidad a la movilidad ursina, pues es conocida la barrera
que las carreteras y zonas colindantes suponen a los osos que pretenden
atravesarlas (McLellan y Shackelton, 1988; Clevenger y Waltho, 2000;
Ciarniello y otros, 2007). Estas infraestructuras constituyen un peligro
adicional de muerte por atropello, como el ocurrido en 2008 en el kilómetro
417 de la autovía A-6, en el término municipal de Trabadelo (León). A la caza furtiva se añaden las alteraciones en
los hábitats. Frente a la disminución y envejecimiento de la población
humana en la montaña, la reducción de la cabaña ganadera y el cambio o
abandono de los antiguos cultivos de maíz, cebada y escanda, que propician
una mayor tranquilidad en el monte, e incluso una paulatina recolonización
por prebosques, se produce un incremento de las actividades de ocio en el
medio natural (turismo y deportes de naturaleza), se realizan de manera
creciente obras de infraestructuras (autopistas, carreteras, embalse, pistas,
parques eólicos, tendidos) o se llevan a cabo explotaciones mineras y
madereras sin demasiados miramientos hacia los requerimientos ecológicos del
oso. Particularmente grave es que se diera una nueva fragmentación del área,
situación posible en la población occidental, en torno al puerto de
Leitariegos, entre Asturias y León, un estrecho pasillo de unos Medidas de conservación En Tras más de una década de aplicación de los
planes, objetivos estratégicos como eliminar la muerte de osos causada por
personas, garantizar la conectividad sobre los núcleos reproductores o evitar
la pérdida de hábitat de
calidad, no han sido resueltos satisfactoriamente. Probablemente (Comisión
Nacional de Protección de la Naturaleza, 2001), los planes adolecen de ser
demasiado orientadores, predominando las directrices sobre las actuaciones
concretas. Para mejorar estos aspectos se ha desarrollado la Estrategia para
la conservación del oso pardo cantábrico, centrada en los siguientes
objetivos: a) reducir el número de osos matados por personas; b) conservar y
mejorar el hábitat; c) asegurar la conectividad entre poblaciones y núcleos
de población; y, d) garantizar el apoyo público a la conservación de la
especie. Sus líneas básicas contemplan: a) conservación
de la especie (eliminación de la muerte de osos causadas por personas,
reducción de conflictos osos-humanos, conservación del núcleo oriental, y
estudio de la viabilidad de un programa de conservación ex-situ); b) manejo
de los hábitat (conservación y restauración de los hábitat, y comunicación
entre poblaciones y núcleos reproductores); c) investigación aplicada a la
gestión (fomento de la investigación aplicada a la gestión, y
establecimiento de métodos estandarizados de seguimiento poblacional); d)
educación y conciencia pública; e) participación pública; y, f) desarrollo
rural, línea esta última aplicable mediante Fondos Estructurales en el marco
del Reglamento CE 1257/1999, a cargo del Fondo Europeo de Orientación y
Garantía Agrícola, con acciones del tipo de ganadería extensiva y
mantenimiento de pastos de altura, plantación de terrenos con Fagáceas
nativas y otras. En la Unión Europea (Comisión Européenne, 1998),
los proyectos de conservación del oso financiados por LIFE-Nature contemplan
protección de la especie apoyada en un control de la actividad cinegética,
protección y gestión del hábitat con adecuada gestión silvícola y mejora
de los recursos alimenticios, y una política eficaz de indemnización y
protección contra los daños causados por la especie a colmenas, ganado
extensivo y cultivos (ver características de estos daños en la Montaña Cantábrica
en las aportaciones de Purroy, 1991; García-Gaona y Roy, 1993, y Pollo,
2006). Datos concretos sobre gestión forestal aplicable al bienestar del
plantígrado (Torre, 2007), a la regulación de actividades tradicionales
(Zuazúa, 2000) o a la compatibilidad con la explotación cinegética (Nores y
Palomero, 2000), sugieren medidas oportunas a llevar a cabo en el areal cantábrico. En Europa, la imagen del oso es percibida de manera
positiva, a diferencia de la del lobo. Las campañas de sensibilización
llevadas en diferentes países encuentran gran adhesión pública. Sin
embargo, a escala local, la sensibilización de comunidades rurales en montañas
donde cohabitan con el oso es más difícil, oponiéndose frecuentemente al
control por parte de administraciones ambientales o cinegéticas. Un buen
ejemplo es la reticencia de varios valles pirenaicos a la presencia del oso y
a las traslocaciones procedentes de Eslovenia (Palazón et al., 2002). Consejos detallados
para manejar al grizzly bajo un amplio abanico de condiciones de hábitat
y de jurisdicción se han formulado en Norteamérica por las agencias
responsables de la conservación del oso (ver: Habitat Management Guidelines
for Grizzly Bears of the Greater Yellowstone Area 1976). Peek y otros (1987)
revisan la conservación y manejo del grizzly. Las sugerencias de silvicultura
van a suministrar variedad de rodales de diferente clase de edad en el
arbolado y diversidad de estructuras botánicas
que garanticen áreas alimenticias disponibles, además de procurar que
no haya pistas forestales cercanas a zonas alimentarias óptimas como las
arandaneras, los prados húmedos y las riberas. El impacto de las extracciones
mineras y de hidrocarburos proviene más por vía indirecta, a través de la
construcción de viales y la mayor presencia humana. En Alaska, la mortalidad
inducida por los osos sobre las crías de alce, recurso cinegético muy
valioso, lleva a cazar plantígrados de forma moderada para mantener el
equilibrio entre depredador y presa. En las zonas de gran uso turístico, caso
de los parques nacionales, proponen reducir al máximo los contactos entre
gente y osos, mediante una zonificación adecuada. En poblaciones reliquias,
como la de Yellowstone, apuestan por reducir al máximo la mortalidad ursina,
en especial la de hembras adultas, prioridad que exige restricciones a la
acampada, el senderismo, la caza, la pesca y el pastoreo del ganado doméstico.
Primm (1996) describe una aproximación pragmática a la hora de conservar al
oso grizzly, centrada en el manejo del hábitat y en la ordenación de los
usos humanos, en especial los forestales y el desarrollo de infraestructuras. Referencias Alcántara de Alonso, M., Toldra, L. J. (1993). El
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Francisco J. Purroy Departamento
de Biovidersidad y Gestión ambiental Facultad
de Biología, Universidad de León
Fecha de publicación: 15-12-2008
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