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Gato montés - Felis silvestris Schreber, 1775 |
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Key
words: Wildcat, habitat, abundance, status, threats. Hábitat A pesar de que en
la literatura existen constantes referencias al hábitat del gato montés, la
realidad es que las preferencias de hábitat y los requerimientos ecológicos
de la especie apenas han sido estudiados hasta la fecha con un mínimo de
rigor. Al gato montés se le puede encontrar realmente en casi todos los
medios posibles: desde bosques de diferentes tipos a los ambientes litorales,
pasando por áreas de matorral mediterráneo, humedales y sotos riparios, e
incluyendo también zonas agrícolas y degradadas, como sería de esperar por
otra parte en una especie de tan vasta distribución (Stahl y Leger, 1992;
Nowell y Jackson, 1996; Sunquist y Sunquist, 2002). Sin embargo, se
viene considerando al gato montés europeo como una especie típicamente
forestal y por tanto asociada particularmente con el bosque (Stahl y Leger,
1992; Nowell y Jackson, 1996), debido sobre todo a ciertos estudios pioneros
realizados en centroeuropa (especialmente Guggisberg, 1975; Parent, 1975 y
Ragni, 1978), en los que se enfatiza la importancia para el gato montés de
las grandes masas boscosas, a pesar de no tratarse propiamente dichos estudios
de trabajos sobre selección de hábitat. Schauenberg (1981) afirmó en su
revisión que el hábitat preferido del gato montés en Europa es el bosque
mixto de árboles caducifolios, contribuyendo a afianzar la idea de que el
gato montés es una especie forestal. Así, la idea de
que esta especie se encuentra fuertemente asociada al medio forestal se ha
repetido posteriormente hasta la saciedad tanto en medios divulgativos (guías
de campo, artículos en revistas de naturaleza, etc.) como en la literatura
científica, hasta el punto de que el propio Consejo de Europa redactó
finalmente unas líneas básicas para la conservación del gato montés donde
contemplaba la buena gestión de las áreas boscosas como hábitat clave de la
especie, sin considerar ninguna otra posibilidad, más allá de una vaga
referencia al paisaje agrícola tradicional (Council of Europe, 1993).
Participando de la muy extendida idea, el Atlas de los Mamíferos Terrestres
de España llega a afirmar, sin la menor base empírica y con total
simplicidad, que la subespecie silvestris vive en los bosques caducifolios, mientras que la
subespecie ibérica tartessia habita
el bosque mediterráneo (García-Perea, 2002). Pero para tratarse
de una especie típica forestal, como pueda serlo por ejemplo la ardilla común
(Sciurus vulgaris), se contaba ya a
finales de los años setenta con datos objetivos que dejaban un amplio margen
para la duda. Así, Langley y Yalden (1977) pudieron comprobar que el periodo
de máxima desaparición del gato montés en Gran Bretaña no coincidió con
el periodo de máxima deforestación, que sería lo esperado en una especie
verdaderamente ligada al bosque. Esta observación llevó a los autores a
escribir en el mismo artículo que el gato montés, por tanto, no era de forma
obvia una especie forestal. Dos años después, Corbett (1979) escribió que
el hábitat donde más ejemplares de gato montés logró capturar para su
trabajo en Escocia fue ciertamente el bosque de pino escocés, pero también
había advertido sin embargo que los pinares maduros eran abandonados por la
especie. Además, trabajos posteriores sobre diferentes aspectos de la especie
realizados en Francia (Artois, 1985; Stahl, 1986), Alemania (Hossfeld et al., 1993), Suiza (Dötterer y Bernhart, 1996; Liberek, 1999),
Portugal (Sarmento, 1996), Polonia (Okarma et
al., 2002) e incluso España (Barja y Bárcena, 2002a, 2005), contenían
aspectos que permitían igualmente poner en cuestión la importancia del
bosque respecto a otros hábitats en las preferencias del gato montés. No fue sin embargo
hasta comienzos de los años noventa cuando se publicó el primer estudio
sistemático y propiamente dicho de selección de hábitat del gato montés,
abarcando en su caso toda la superficie de Escocia (Easterbee et
al., 1991). Los resultados del trabajo fueron bastante ilustrativos y
esclarecedores, demostrando que al menos en tierras escocesas, con abundancia
de manchas boscosas, y de entre una treintena de tipos de hábitat
considerados, el hábitat preferido por el gato montés resultó ser un medio
fundamentalmente abierto y desarbolado. El segundo hábitat que presentó un
mayor índice de selección fue parecido, un medio heterogéneo abierto aunque
con más cobertura arbórea que el primero. Por tanto, los resultados no
parecen desde luego conciliables con lo que se esperaría de una especie típicamente
forestal, y así esta idea debía haber sido cuestionada seriamente desde
entonces por la comunidad científica. Pero la verdad es
que este trabajo se publicó como un informe técnico realizado por una
institución escocesa, y no como un artículo científico (a pesar de su
calidad), lo que seguramente ha limitado su difusión entre los científicos
haciendo que su contenido sea así poco conocido. Y por otro lado, siempre
cabe la posibilidad de interpretar sus resultados como una excepción o
particularidad de la población escocesa de gato montés, tal y como sugirió
Kitchener (1991), al afirmar que el gato montés europeo es una especie
forestal aunque en Escocia también vive en hábitats abiertos. No deja de ser
sospechoso sin embargo, además de las dudas previas existentes en la
bibliografía, que el gato montés sea una especie forestal en Europa excepto
en el único lugar precisamente donde se ha realizado un estudio sistemático
sobre selección de hábitat, y realizado además a una escala espacial
grande. Habría que evitar también sacar
conclusiones para la especie a partir de la selección de hábitat de unos
pocos individuos estudiados mediante telemetría (e.g. Artois, 1985; Daniels et al., 2001; Urra, 2003; Phelan y Sliwa, 2005; Sarmento et al., 20061), ya que estos no tienen por qué ser
significativos ni de su población ni de la especie en su conjunto, una vez
reconocida, por un lado, la alta variabilidad individual en la selección de hábitat
(Wittmer, 2001), y comprobada por el otro lado la diferencia existente en los
resultados obtenidos en trabajos realizados a distinta escala espacial (compárese
Easterbee et al., 1991 con Daniels et
al., 2001). El último estudio
publicado y realizado a escala regional, en la provincia de Madrid y
alrededores inmediatos, sobre abundancia de gato montés en relación a las
características de hábitat (Lozano et
al., 2003), reveló en primer lugar que no había diferencias entre tipos
de hábitats considerados de forma categórica (encinares y matorral mediterráneo,
bosques de roble o pinares de montaña), sino que la abundancia de la especie
dependía más bien de la estructura interna del medio, tanto a nivel de
microhábitat como a nivel de paisaje. Así, resultó que el gato montés fue
más abundante en las áreas de mosaico constituídas por matorral y
pastizales, que en zonas propiamente forestales. Un reciente trabajo realizado
en el Parque Nacional de Monfragüe (Lozano et
al., 2007) encontró de nuevo que la variable de hábitat que más
claramente se relaciona con la abundancia de gato montés es el matorral, y no
tanto el bosque. En conclusión, no es cierto que la especie se vincule
especialmente con el medio forestal (aunque es indudable que los bosques son
un medio más en los que se puede encontrar a la especie, siendo en algunos
lugares los únicos refugios disponibles; Klar et
al., 2008), y en todo caso la variable clave sería más bien el matorral,
excepto en los hábitats donde el estrato arbustivo sea inexistente. Esto
explica la abundancia de gatos monteses en las áreas deforestadas de Escocia,
y de otros muchos lugares con presencia de la especie y escasa cobertura arbórea. En general parece,
por tanto, que el gato montés prefiere hábitats en mosaico (medios heterogéneos),
con zonas abiertas y desarboladas donde poder cazar (pudiendo ser pastizales,
cultivos, barbechos, matorral aclarado, grandes claros de bosque, etc), y
zonas que por su estructura ofrezca refugio suficiente para descansar y traer
al mundo a las crías (matorral denso, zonas arboladas, roquedos, etc; véase
también Klar et al., 2008 para un
resultado similar en Alemania). El matorral, además de ofrecer refugio, es un
medio particularmente rico en presas potenciales, lo que podría explicar que
sea la variable de hábitat que más se asocia con la abundancia de gato montés.
Por otra parte, parece que existiendo un mínimo de refugio (como por ejemplo
un soto fluvial; Virgós, 2001) la especie puede sobrevivir en cualquier lugar
que ofrezca suficiente cantidad de alimento (Virgós et al., 2002), excepto en lugares cubiertos por una gruesa capa de
nieve (a partir de Abundancia La abundancia de
gato montés varía mucho de unas regiones a otras (véanse las revisiones de
Schauenberg, 1981 y Stahl y Leger, 1992), seguramente dependiendo de la
distribución y cantidad de presas disponibles, de la organización social de
una población determinada (si solapan o no los dominios de machos y hembras),
también de la época del año, así como de factores humanos, como la
persecución directa que la especie sufre aún en algunos lugares. Las estimas
de densidad que ofrece la bibliografía abarcan prácticamente todos los
intervalos posibles: desde un individuo por 0,6 km2 (1/0,6 km2) como cifra
más elevada, calculada en una región de Alemania, hasta un gato montés por
100 km2 (1/100 km2) como densidad mínima, citada en una zona de Eslovaquia. Pero
dentro de una misma región se dan también variaciones de abundancia
importantes. Por ejemplo, en Vojvodina (en la antigua Yugoslavia) se han
registrado densidades de 1/1,27 km2 y de
1/26,45 km2; de igual modo, en el ámbito de los Cárpatos
se registró en las zonas más montañosas (menos favorables para el gato montés)
una densidad de 1/8,33 km2, mientras
que en zonas de menor altitud y formadas por colinas, la densidad de gato montés
aumentó a 1/2,86 km2. En
el este de Escocia, Corbett (1979) calculó que en su área de estudio había
una densidad de un gato montés por tres kilómetros cuadrados (1/3,3 km2), abundancia parecida a la recogida
también en otros estudios europeos: 1/3 km2 en otra
región de Alemania y 1/2,5 km2 en otra
zona de Eslovaquia (Schauenberg, 1981); 1/3,75 km2 en Bélgica (Parent, 1975) y 1/2,5 km2 en el noroeste de Francia (Stahl et al., 1988). Por tanto, quizá una densidad de alrededor de 1/3 km2 podría representar una abundancia
media de la especie en Europa, dentro de la amplia variabilidad existente. En
España puede encontrarse con seguridad valores de abundancia similares a los
del resto del continente. Por ejemplo, en el norte de la provincia de Madrid,
en una zona de encinares y matorral montano favorable para el gato montés, se
pudo registrar con total fiabilidad una densidad máxima de 1/2 km2 y una
densidad mínima de 1/27 km2 (Lozano et
al., datos inéditos no publicados). Considerando el tamaño del área
residencial de los individuos en la zona, y la existencia de solapamiento
intersexual, podría esperarse en unos 54 km2 de área de estudio una densidad de
individuos residentes y reproductores de 1/3,86 km2. Además, con la venida al mundo de los jóvenes gatos monteses,
la densidad de la especie en la misma zona aumentaría a 1/1 km2. Con la dispersión de los jóvenes
del año la densidad volvería a disminuir, pero no tendría por qué quedarse
solo en la de los individuos reproductores. Por ejemplo, en una superficie de
8 km2 de la misma zona, con solapamiento
intersexual en cuanto a uso del espacio, pueden habitar dos hembras adultas
residentes y un macho adulto residente, pero después del verano las jóvenes
hembras criadas en esa superficie de terreno podrían quedarse con sus madres
para pasar el invierno, y también sería esperable que jóvenes machos
dispersantes se encontrasean en el área deambulando por los lugares menos
defendidos de los territorios. Así, durante el otoño y el invierno, podría
estimarse para esta zona una densidad mayor que la que resultaría de
contabilizar solamente a los individuos residentes, pudiendo alcanzar valores
de alrededor de 1/1,38 km2.
Estatus de conservación y amenazas El gato montés es una especie
protegida por acuerdos internacionales y por las distintas legislaciones
europea, nacional y autonómicas. Se encuentra catalogada como especie
estrictamente protegida en el Convenio de Berna (Anexo II) y por En general no
existe información precisa sobre la tendencia poblacional del gato montés en
Europa (Stahl y Artois, 1991; Nowell y Jackson, 1996), más allá de un par de
excepciones donde se han realizado sondeos a nivel nacional, que permiten el
seguimiento posterior de las poblaciones (Escocia y Hungría). Se cree que la
mayoría de las poblaciones europeas han permanecido relativamente estables,
después de una expansión de la especie al término de Basándose en la
estabilidad generalizada del gato montés en Europa, así como en las estimas
de densidad (unos 50.000 individuos reproductores) y en el área total de
distribución de la especie, Una de las
principales amenazas para el gato montés (véase una revisión resumida de
las diferentes amenazas en McOrist y Kitchener, 1994), común a muchas otras
especies, es la alteración y la destrucción de los hábitats donde vive. La
deforestación (Langley y Yalden, 1977; Nowell y Jackson, 1996), la eliminación
del matorral para combatir los incendios forestales (Lozano et al., 2003), y la creciente sustitución del medio natural por
urbanizaciones, infraestructuras de transporte y cultivos intensivos
(Easterbee et al., 1991; Stahl y
Artois, 1991; McOrist y Kitchener, 1994; Nowell y Jackson, 1996) reducen las
poblaciones del felino, las fragmentan y las aislan, incrementando su
probabilidad de extinción. Por otra parte, la
persecución directa por el ser humano a través de continuas campañas de
control de predadores, ha supuesto en el pasado la desaparición de la especie
de gran parte de su área de distribución original, tanto por ser considerado
como una alimaña por parte de los gestores de los cotos de caza, como también
por satisfacer el mercado peletero en algunos países (Stahl y Artois, 1991;
Pierpaoli et al., 2003). De hecho,
aunque la deforestación jugó seguramente un papel importante en la
desaparición del gato montés de Gran Bretaña, se atribuye principalmente al
control de predadores este fenómeno (Langley y Yalden, 1977). En Escocia,
Corbett (1979) pudo comprobar cómo casi el 80% de los gatos monteses morían
a manos de los guardas de caza. Sin embargo, y a pesar de la protección
legal, el control de predadores sigue siendo una importante amenaza para la
especie, particularmente en España: ha podido demostrarse que las capturas y
muertes en cajas-trampa son aún elevadas, por ejemplo en Castilla-La Mancha
(Herranz, 2001) y en la provincia de Málaga (Duarte y Vargas, 2001). El ejemplo más
ilustrativo del efecto del actual control de predadores sobre las poblaciones
de gato montés puede encontrarse en los resultados de un estudio realizado en
Además de la
persecución directa hay que añadir la indirecta, a través de la colocación
de cebos envenenados en el campo, práctica que se ha incrementado en España
a partir de los noventa, y que constituye de hecho un método no selectivo de
control de predadores que afecta a una gran variedad de especies (Cano et
al., 2006). El veneno puede estar afectando a las poblaciones de gato montés,
al eliminar numerosos individuos, de forma parecida a las cajas-trampa: según
los datos del Grupo de Trabajo de Ecotoxicología, después de los cánidos el
gato montés es, junto con la gineta, la especie de carnívoro silvestre más
afectada por los cebos envenenados (Ministerio de Medio Ambiente, datos inéditos
no publicados). Por otra parte, un tipo de intoxicación accidental y no
intencionada podría aparecer también por la ingesta de productos químicos
de uso agrícola e industrial, que se encontrasen en la cadena trófica de los
gatos monteses, como sugiere el descubrimiento de algún individuo con dieldrín
en sus tejidos (compuesto altamente tóxico para los felinos) y otros tipos de
pesticidas (McOrist y Kitchener, 1994), aunque no se conoce para las
poblaciones de gato montés el alcance ni la gravedad de esta posible amenaza. Recientemente se
ha descubierto un tipo de amenaza no descrita hasta el momento en la
literatura científica, responsable de la disminución de las poblaciones de
gato montés, y relacionada por un lado con la gestión de la caza mayor y por
otro con la interacción competitiva entre especies herbívoras (véase Lozano
et al., 2007). Se ha comprobado en
el Parque Nacional de Monfragüe, con una abundante población de ciervos y
jabalíes, que la abundancia del gato montés disminuye más de seis veces
donde la abundancia de estos ungulados es mayor. La abundancia de conejo se
asoció también negativamente a la de los ungulados, pero positivamente a la
del gato montés. De hecho, donde el conejo estaba ausente la abundancia media
del predador cayó un 61,5%. Parece que la excesiva densidad de ciervo y jabalí,
favorecida en los cotos de caza mayor, puede acabar con las poblaciones presa
del felino (conejos y roedores, que compiten desventajosamente con los grandes
ungulados), y dejar así sin alimento a las poblaciones locales de gato montés,
que verían disminuir su abundancia y podrían llegar a desaparecer. Una amenaza que
inquietaba mucho a la comunidad científica hasta hace poco tiempo y que ha
generado un gran debate científico (Stahl y Artois, 1991; Nowell y Jackson,
1996), es la “hibridación” o introgresión de alelos procedentes del gato
doméstico en el acervo génico de las poblaciones de gato montés, que podrían
comprometer su pureza genética. La inquietud inicial se debió
fundamentalmente al descubrimiento de que la mayoría de los gatos monteses de
Escocia presentaban introgresión (Hubbard et
al., 1992), extremo que se confirmaría más adelante en sucesivos
trabajos para la población escocesa (Beaumont et
al., 2001; Pierpaoli et al.,
2003). Sin embargo la investigación con distintas poblaciones de gato montés
en el continente europeo terminó concluyendo que, salvo los casos de Escocia
y de Hungría (este país con un grado de introgresión mucho menor en sus
poblaciones respecto al de Escocia, del orden del 25 al 31%; Lecis et
al., 2006), en general el flujo génico entre los gatos domésticos y
monteses de las distintas poblaciones europeas es escaso, siendo por tanto, y
de momento, solamente un problema local (Randi et
al., 2001; Pierpaoli et al.,
2003). El mismo resultado se
ha encontrado para el gato montés africano en el sur de África (Wiseman et
al., 2000). Recientes trabajos genéticos han
mostrado que la “hibridación” con gatos domésticos podría ser una
amenaza en Portugal1. Aunque en un primer estudio no se detectó
una introgresión significativa en los gatos portugueses (véase Pierpaoli et
al., 2003), posteriormente se encontraron 4 “híbridos” en una muestra
de 34 gatos monteses procedentes sobre todo del sur del país (Oliveira et
al., 2008a), implicando un grado de introgresión del 12%. En una ampliación
del tamaño de muestra se encontró un quinto individuo con alelos domésticos
entre un total de 44 gatos monteses (Oliveira et al., 2008b), arrojando un
grado de introgresión genética para el país vecino de alrededor del 11%.
Será por tanto necesario un seguimiento continuado de sus poblaciones de gato
montés, incrementando los tamaños de muestra en el centro y norte del
territorio, para conocer la tendencia genética de la especie en Portugal y
poder evaluar mejor si la introgresión supone un serio riesgo en todo el país
o solamente en lugares particulares, tomando en todo caso las medidas
pertinentes para evitar un incremento de la misma. En
España, Fernández et al. (1992)
determinó con análisis craneométricos que al menos el 80% de los gatos
monteses de Extremadura eran “puros”, sin que hubiese mezcla con gatos domésticos.
Aunque los análisis genéticos, más precisos para el tema en cuestión, son
muy escasos todavía, parece que en
general el grado de introgresión es muy bajo, sin que de hecho fuera
detectada por el trabajo de Oliveira et
al. (2008b). Se ha podido demostrar en una muestra
de gatos monteses de la provincia de Albacete que el grado de introgresión
que presentaban no superaba el 4% (Ruiz-García et
al., 2001), y estudios aún en marcha en la provincia de Granada parecen
confirmar que tampoco allí la introgresión de alelos procedentes de gato doméstico
es frecuente (Ballesteros-Duperón, com. pers.). El grado de introgresión
podría aumentar y convertirse en un serio problema allí donde exista una
población mermada de gato montés (por la alteración del hábitat o por
persecución directa), o en zonas de baja densidad de la especie (áreas de
baja calidad de hábitat o que han sido recientemente colonizadas), donde la
abundancia de gato doméstico sea elevada (Stahl y Artois, 1991). Parecería
por tanto que evitar una excesiva presencia humana en el medio natural
(asociada con una mayor abundancia de gato doméstico), y sobre todo el
mantener poblaciones de gato montés con buenas densidades, sería suficiente
para impedir una introgresión significativa. Algunos autores
han llegado afirmar de hecho que del contacto con los gatos domésticos es
mucho más preocupante la posible transmisión de enfermedades que el riesgo
de introgresión (Nowell y Jackson, 1996). No obstante, tampoco se ha evaluado
la incidencia real y los efectos posibles que el contagio de enfermedades
procedentes del gato doméstico pudiera acarrear a las poblaciones de gatos
monteses. Algunos virus, como el de la leucemia felina (FeLV), son comunes de
por sí y mantenidos por las propias poblaciones de monteses,
independientemente de que el gato doméstico pudiera actuar como fuente de
infección (McOrist et al., 1991).
Aunque no parece ser el caso del virus de la inmunodeficiencia felina (FIV),
descrito de momento solamente en una población francesa de gato montés
(Fromont et al., 2000), y que podría
representar una amenaza real para la especie. Por otra parte, también se ha
afirmado que la baja prevalencia de la mayoría de los agentes víricos por un
lado, y la vida generalmente solitaria de los gatos monteses por el otro, hace
que los virus no puedan dispersarse rápidamente en las poblaciones
(Leutenegger et al., 1999).
Medidas de conservación Las principales medidas de conservación
del gato montés deben dirigirse a eliminar las causas de pérdida de
efectivos y poblaciones, debido a la mortalidad no natural y a la destrucción
del hábitat. Así pues es necesario: -Regular el control de depredadores para
evitar la captura de gatos monteses (Virgós y Travaini, 2005). -El mantenimiento y conservación de
zonas con calidad de hábitat para la persistencia de poblaciones de gato montés,
favoreciendo los medios heterogéneos y respetando las formaciones de matorral
(Lozano et al., 2003; Mangas et
al., 2008), así como impidiendo la instauración de modelos insostenibles
de gestión cinegética que alteren el equilibrio de las comunidades naturales
(Lozano et al., 2007). Además, aunque no se traten de medidas
directas de conservación, es necesario realizar más estudios y seguimientos
a largo plazo de las poblaciones de gato montés, para obtener información
científica que permita: -Conocer la distribución detallada de
la especie a escala nacional (Palomo et
al., 2007). -Evaluar la tendencia poblacional de la
especie en España (Lozano et al.,
2005). -Evaluar el grado de introgresión de
alelos procedentes de gatos domésticos (López-Martín et al., 2007). -Conocer la prevalencia en las
poblaciones de gato montés de enfermedades transmitidas por gatos domésticos
y/o cimarrones, y evaluar el posible impacto o grado de amenaza que podría
implicar para su conservación a largo plazo (Leutenegger et al., 1999). Otras medidas de conservación de carácter
particular, cuya conveniencia para problemas y lugares concretos debe ser
cuidadosamente valorada y justificada, podrían ser las siguientes (para el
caso de España, y a la luz del conocimiento actual, ninguna de estas medidas
parecen de momento necesarias): -Traslocaciones de individuos para
refuerzo genético de poblaciones bajo depresión por endogamia y/o para
repoblar áreas con hábitat adecuado en las que la especie desapareció, sin
que haya grandes probabilidades de una recolonización natural. -Reintroducción de ejemplares nacidos
en cautividad, básicamente con el mismo fin que las traslocaciones. Presenta
el grave incoveniente de que las tasas de supervivencia de los individuos
reintroducidos son relativamente bajas: gatos monteses criados en cautividad y
reintroducidos (n = 37) en las montañas de los Ports de Tortosa i Beseit
(Tarragona), tuvieron una tasa de supervivencia del 24,7% a los 180 días de
la suelta, con una supervivencia media de 47 días (Such-Sanza et al., 2007)1.
-Control de las poblaciones de gatos
cimarrones donde se demuestre previamente que suponen realmente un problema
para el gato montés. Aunque esta medida se recomienda a veces de forma
general (véase López-Martín et al.,
2007), lo más probable es que sólo esté justificada en casos excepcionales
y a nivel local, ya que los gatos monteses no suelen cruzarse con los domésticos
(Pierpaoli et al., 2003; Klar et
al., 2008) y es bastante dudoso que el posible contagio de enfermedades
suponga un serio problema en general (Leutenegger et
al., 1999). Además, y particularmente en España, los resultados
obtenidos en campañas de foto-trampeo por diferentes lugares de nuestra
geografía indican que no hay poblaciones estables de gatos cimarrones en el
medio natural (Lozano et al., datos inéditos), por lo que en caso de existir alguna será
más bien excepcional. Así pues, y antes de emprender costosas campañas de
erradicación de gatos supuestamente asilvestrados sin saber siquiera si es
necesario, las medidas de conservación deben concentrarse en mantener el hábitat
y una buena densidad de gatos monteses, lo cual se estima como suficiente para
evitar problemas con el gato doméstico (véase Stahl y Artois, 1991). Referencias Artois,
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Jorge
Lozano Dpto.
Matemáticas, Física Aplicada y Ciencias de Universidad
Rey Juan Carlos. C/ Tulipán s/n. 28933 Móstoles, Madrid
Fecha de publicación: 10-07-2007
Revisiones: 3-02-2009
Otras contribuciones: 1. Alfredo Salvador. 29-05-2008
Lozano, J. (2007). Gato montés – Felis silvestris. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/
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