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Gato montés - Felis silvestris Schreber, 1775 |
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Key
words: Wildcat, habitat, abundance, status, threats. Hábitat A
pesar de que en la literatura existen constantes referencias al hábitat del
gato montés, la realidad es que las preferencias de hábitat y los
requerimientos ecológicos de la especie apenas han sido estudiados hasta la
fecha con un mínimo de rigor. Al gato montés se le puede encontrar realmente
en casi todos los medios posibles: desde bosques de diferentes tipos a los
ambientes litorales, pasando por áreas de matorral mediterráneo, humedales y
sotos riparios, e incluyendo también zonas agrícolas y degradadas, como
sería de esperar por otra parte en una especie de tan vasta distribución
(Stahl y Leger, 1992; Nowell y Jackson, 1996; Sunquist y Sunquist, 2002). Sin
embargo, se viene considerando al gato montés europeo como una especie
típicamente forestal y por tanto asociada particularmente con el bosque
(Stahl y Leger, 1992; Nowell y Jackson, 1996), debido sobre todo a ciertos
estudios pioneros realizados en centroeuropa (especialmente Guggisberg, 1975;
Parent, 1975 y Ragni, 1978), en los que se enfatiza la importancia para el
gato montés de las grandes masas boscosas, a pesar de no tratarse propiamente
dichos estudios de trabajos sobre selección de hábitat. Schauenberg (1981)
afirmó en su revisión que el hábitat preferido del gato montés en Europa
es el bosque mixto de árboles caducifolios, contribuyendo a afianzar la idea
de que el gato montés es una especie forestal. Así,
la idea de que esta especie se encuentra fuertemente asociada al medio
forestal se ha repetido posteriormente hasta la saciedad tanto en medios
divulgativos (guías de campo, artículos en revistas de naturaleza, etc.)
como en la literatura científica, hasta el punto de que el propio Consejo de
Europa redactó finalmente unas líneas básicas para la conservación del
gato montés donde contemplaba la buena gestión de las áreas boscosas como
hábitat clave de la especie, sin considerar ninguna otra posibilidad, más
allá de una vaga referencia al paisaje agrícola tradicional (Council of
Europe, 1993). Participando de la muy extendida idea, el Atlas de los
Mamíferos Terrestres de España llega a afirmar, sin la menor base empírica
y con total simplicidad, que la subespecie silvestris vive en los bosques caducifolios, mientras que la
subespecie ibérica tartessia habita
el bosque mediterráneo (García-Perea, 2002). Pero
para tratarse de una especie típica forestal, como pueda serlo por ejemplo la
ardilla común (Sciurus vulgaris),
se contaba ya a finales de los años setenta con datos objetivos que dejaban
un amplio margen para la duda. Así, Langley y Yalden (1977) pudieron
comprobar que el periodo de máxima desaparición del gato montés en Gran
Bretaña no coincidió con el periodo de máxima deforestación, que sería lo
esperado en una especie verdaderamente ligada al bosque. Esta observación
llevó a los autores a escribir en el mismo artículo que el gato montés, por
tanto, no era de forma obvia una especie forestal. Dos años después, Corbett
(1979) escribió que el hábitat donde más ejemplares de gato montés logró
capturar para su trabajo en Escocia fue ciertamente el bosque de pino
escocés, pero también había advertido sin embargo que los pinares maduros
eran abandonados por la especie. Además, trabajos posteriores sobre
diferentes aspectos de la especie realizados en Francia (Artois, 1985; Stahl,
1986), Alemania (Hossfeld et al., 1993), Suiza (Dötterer y Bernhart, 1996; Liberek, 1999),
Portugal (Sarmento, 1996), Polonia (Okarma et
al., 2002) e incluso España (Barja y Bárcena, 2002a, 2005), contenían
aspectos que permitían igualmente poner en cuestión la importancia del
bosque respecto a otros hábitats en las preferencias del gato montés. No
fue sin embargo hasta comienzos de los años noventa cuando se publicó el
primer estudio sistemático y propiamente dicho de selección de hábitat del
gato montés, abarcando en su caso toda la superficie de Escocia (Easterbee et
al., 1991). Los resultados del trabajo fueron bastante ilustrativos y
esclarecedores, demostrando que al menos en tierras escocesas, con abundancia
de manchas boscosas, y de entre una treintena de tipos de hábitat
considerados, el hábitat preferido por el gato montés resultó ser un medio
fundamentalmente abierto y desarbolado. El segundo hábitat que presentó un
mayor índice de selección fue parecido, un medio heterogéneo abierto aunque
con más cobertura arbórea que el primero. Por tanto, los resultados no
parecen desde luego conciliables con lo que se esperaría de una especie
típicamente forestal, y así esta idea debía haber sido cuestionada
seriamente desde entonces por la comunidad científica. Pero
la verdad es que este trabajo se publicó como un informe técnico realizado
por una institución escocesa, y no como un artículo científico (a pesar de
su calidad), lo que seguramente ha limitado su difusión entre los
científicos haciendo que su contenido sea así poco conocido. Y por otro
lado, siempre cabe la posibilidad de interpretar sus resultados como una
excepción o particularidad de la población escocesa de gato montés, tal y
como sugirió Kitchener (1991), al afirmar que el gato montés europeo es una
especie forestal aunque en Escocia también vive en hábitats abiertos. No
deja de ser sospechoso sin embargo, además de las dudas previas existentes en
la bibliografía, que el gato montés sea una especie forestal en Europa
excepto en el único lugar precisamente donde se ha realizado un estudio
sistemático sobre selección de hábitat, y realizado además a una escala
espacial grande. Habría
que evitar también sacar conclusiones para la especie a partir de la
selección de hábitat de unos pocos individuos estudiados mediante
telemetría (e.g. Artois, 1985; Daniels et
al., 2001; Urra, 2003; Phelan y Sliwa, 2005, Sarmento et al., 20061), ya que estos no tienen por
qué ser significativos ni de su población ni de la especie en su conjunto,
una vez reconocida, por un lado, la alta variabilidad individual en la
selección de hábitat (Wittmer, 2001), y comprobada por el otro lado la
diferencia existente en los resultados obtenidos en trabajos realizados a
distinta escala espacial (compárese Easterbee et
al., 1991 con Daniels et al.,
2001). El
último estudio publicado y realizado a escala regional, en la provincia de
Madrid y alrededores inmediatos, sobre abundancia de gato montés en relación
a las características de hábitat (Lozano et
al., 2003), reveló en primer lugar que no había diferencias entre tipos
de hábitats considerados de forma categórica (encinares y matorral
mediterráneo, bosques de roble o pinares de montaña), sino que la abundancia
de la especie dependía más bien de la estructura interna del medio, tanto a
nivel de microhábitat como a nivel de paisaje. Así, resultó que el gato
montés fue más abundante en las áreas de mosaico constituídas por matorral
y pastizales, que en zonas propiamente forestales. Un reciente trabajo
realizado en el Parque Nacional de Monfragüe (Lozano et
al., 2007) encontró de nuevo que la variable de hábitat que más
claramente se relaciona con la abundancia de gato montés es el matorral, y no
tanto el bosque. En conclusión, no es cierto que la especie se vincule
especialmente con el medio forestal (aunque es indudable que los bosques son
un medio más en los que se puede encontrar a la especie), y en todo caso la
variable clave sería más bien el matorral, excepto en los hábitats donde el
estrato arbustivo sea inexistente. Esto explica la abundancia de gatos
monteses en las áreas deforestadas de Escocia, y de otros muchos lugares con
presencia de la especie y escasa cobertura arbórea. En
general parece, por tanto, que el gato montés prefiere hábitats en mosaico
(medios heterogéneos), con zonas abiertas y desarboladas donde poder cazar
(pudiendo ser pastizales, cultivos, barbechos, matorral aclarado, grandes
claros de bosque, etc), y zonas que por su estructura ofrezca refugio
suficiente para descansar y traer al mundo a las crías (matorral denso, zonas
arboladas, roquedos, etc). El matorral, además de ofrecer refugio, es un
medio particularmente rico en presas potenciales, lo que podría explicar que
sea la variable de hábitat que más se asocia con la abundancia de gato
montés. Por otra parte, parece que existiendo un mínimo de refugio (como por
ejemplo un soto fluvial; Virgós, 2001) la especie puede sobrevivir en
cualquier lugar que ofrezca suficiente cantidad de alimento (Virgós et al., 2002), excepto en lugares cubiertos por una gruesa capa de
nieve (a partir de Abundancia La
abundancia de gato montés varía mucho de unas regiones a otras (véanse las
revisiones de Schauenberg, 1981 y Stahl y Leger, 1992), seguramente
dependiendo de la distribución y cantidad de presas disponibles, de la
organización social de una población determinada (si solapan o no los
dominios de machos y hembras), también de la época del año, así como de
factores humanos, como la persecución directa que la especie sufre aún en
algunos lugares. Las estimas de densidad que ofrece la bibliografía abarcan
prácticamente todos los intervalos posibles: desde un individuo por 0,6 km2 (1/0,6 km2)
como cifra más elevada, calculada en una región de Alemania, hasta un gato
montés por 100 km2
(1/100 km2)
como densidad mínima, citada en una zona de Eslovaquia. Pero dentro de una
misma región se dan también variaciones de abundancia importantes. Por
ejemplo, en Vojvodina (en la antigua Yugoslavia) se han registrado densidades
de 1/1,27 km2 y de 1/26,45 km2;
de igual modo, en el ámbito de los Cárpatos se registró en las zonas más
montañosas (menos favorables para el gato montés) una densidad de 1/8,33 km2,
mientras que en zonas de menor altitud y formadas por colinas, la densidad de
gato montés aumentó a 1/2,86 km2. En el este de Escocia, Corbett (1979) calculó que en su área de
estudio había una densidad de un gato montés por tres kilómetros cuadrados
(1/3,3 km2),
abundancia parecida a la recogida también en otros estudios europeos: 1/3 km2
en otra región de Alemania y 1/2,5 km2
en otra zona de Eslovaquia (Schauenberg, 1981); 1/3,75 km2 en Bélgica (Parent, 1975) y 1/2,5 km2
en el noroeste de Francia (Stahl et al.,
1988). Por tanto, quizá una densidad de alrededor de 1/3 km2
podría representar una abundancia media de la especie en Europa, dentro de la
amplia variabilidad existente. En España puede
encontrarse con seguridad valores de abundancia similares a los del resto del
continente. Por ejemplo, en el norte de la provincia de Madrid, en una zona de
encinares y matorral montano favorable para el gato montés, se pudo registrar
con total fiabilidad una densidad máxima de 1/2 km2 y una densidad mínima de 1/27 km2 (Lozano et al.,
datos inéditos no publicados). Considerando el tamaño del área residencial
de los individuos en la zona, y la existencia de solapamiento intersexual,
podría esperarse en unos 54 km2
de área de estudio una densidad de individuos residentes y reproductores de
1/3,86 km2.
Además, con la venida al mundo de los jóvenes gatos monteses, la densidad de
la especie en la misma zona aumentaría a 1/1 km2.
Con la dispersión de los jóvenes del año la densidad volvería a disminuir,
pero no tendría por qué quedarse solo en la de los individuos reproductores.
Por ejemplo, en una superficie de 8 km2
de la misma zona, con solapamiento intersexual en cuanto a uso del espacio,
pueden habitar dos hembras adultas residentes y un macho adulto residente,
pero después del verano las jóvenes hembras criadas en esa superficie de
terreno podrían quedarse con sus madres para pasar el invierno, y también
sería esperable que jóvenes machos dispersantes se encontrasen en el área
deambulando por los lugares menos defendidos de los territorios. Así, durante
el otoño y el invierno, podría estimarse para esta zona una densidad mayor
que la que resultaría de contabilizar solamente a los individuos residentes,
pudiendo alcanzar valores de alrededor de 1/1,38 km2.
Estatus de conservación El
gato montés es una especie protegida por acuerdos internacionales y por las
distintas legislaciones europea, nacional y autonómicas. Se encuentra
catalogada como especie estrictamente protegida en el Convenio de Berna (Anexo
II) y por En
general no existe información precisa sobre la tendencia poblacional del gato
montés en Europa (Stahl y Artois, 1991; Nowell y Jackson, 1996), más allá
de un par de excepciones donde se han realizado sondeos a nivel nacional, que
permiten el seguimiento posterior de las poblaciones (Escocia y Hungría). Se
cree que la mayoría de las poblaciones europeas han permanecido relativamente
estables, después de una expansión de la especie al término de Basándose
en la estabilidad generalizada del gato montés en Europa, así como en las
estimas de densidad (unos 50.000 individuos reproductores) y en el área total
de distribución de la especie,
Amenazas Una
de las principales amenazas para el gato montés (véase una revisión
resumida de las diferentes amenazas en McOrist y Kitchener, 1994), común a
muchas otras especies, es la alteración y la destrucción de los hábitats
donde vive. La deforestación (Langley y Yalden, 1977; Nowell y Jackson,
1996), la eliminación del matorral para combatir los incendios forestales
(Lozano et al., 2003), y la
creciente sustitución del medio natural por urbanizaciones, infraestructuras
de transporte y cultivos intensivos (Easterbee et
al., 1991; Stahl y Artois, 1991; McOrist y Kitchener, 1994; Nowell y
Jackson, 1996) reducen las poblaciones del felino, las fragmentan y las
aislan, incrementando su probabilidad de extinción. Por
otra parte, la persecución directa por el ser humano a través de continuas
campañas de control de predadores, ha supuesto en el pasado la desaparición
de la especie de gran parte de su área de distribución original, tanto por
ser considerado como una alimaña por parte de los gestores de los cotos de
caza, como también por satisfacer el mercado peletero en algunos países
(Stahl y Artois, 1991; Pierpaoli et al.,
2003). De hecho, aunque la deforestación jugó seguramente un papel
importante en la desaparición del gato montés de Gran Bretaña, se atribuye
principalmente al control de predadores este fenómeno (Langley y Yalden,
1977). En Escocia, Corbett (1979) pudo comprobar cómo casi el 80% de los
gatos monteses morían a manos de los guardas de caza. Sin embargo, y a pesar
de la protección legal, el control de predadores sigue siendo una importante
amenaza para la especie, particularmente en España: ha podido demostrarse que
las capturas y muertes en cajas-trampa son aún elevadas, por ejemplo en
Castilla-La Mancha (Herranz, 2001) y en la provincia de Málaga (Duarte y
Vargas, 2001). El
ejemplo más ilustrativo del efecto del actual control de predadores sobre las
poblaciones de gato montés puede encontrarse en los resultados de un estudio
realizado en Además
de la persecución directa hay que añadir la indirecta, a través de la
colocación de cebos envenenados en el campo, práctica que se ha incrementado
en España a partir de los noventa, y que constituye de hecho un método no
selectivo de control de predadores que afecta a una gran variedad de especies
(Cano et al., 2006). El veneno puede
estar afectando a las poblaciones de gato montés, al eliminar numerosos
individuos, de forma parecida a las cajas-trampa: según los datos del Grupo
de Trabajo de Ecotoxicología, después de los cánidos el gato montés es,
junto con la gineta, la especie de carnívoro silvestre más afectada por los
cebos envenenados (Ministerio de Medio Ambiente, datos inéditos no
publicados). Por otra parte, un tipo de intoxicación accidental y no
intencionada podría aparecer también por la ingesta de productos químicos
de uso agrícola e industrial, que se encontrasen en la cadena trófica de los
gatos monteses, como sugiere el descubrimiento de algún individuo con
dieldrín en sus tejidos (compuesto altamente tóxico para los felinos) y
otros tipos de pesticidas (McOrist y Kitchener, 1994), aunque no se conoce
para las poblaciones de gato montés el alcance ni la gravedad de esta posible
amenaza. Recientemente
se ha descubierto un tipo de amenaza no descrita hasta el momento en la
literatura científica, responsable de la disminución de las poblaciones de
gato montés, y relacionada por un lado con la gestión de la caza mayor y por
otro con la interacción competitiva entre especies herbívoras (véase Lozano
et al., 2007). Se ha comprobado en
el Parque Nacional de Monfragüe, con una abundante población de ciervos y
jabalíes, que la abundancia del gato montés disminuye más de seis veces
donde la abundancia de estos ungulados es mayor. La abundancia de conejo se
asoció también negativamente a la de los ungulados, pero positivamente a la
del gato montés. De hecho, donde el conejo estaba ausente la abundancia media
del predador cayó un 61,5%. Parece que la excesiva densidad de ciervo y
jabalí, favorecida en los cotos de caza mayor, puede acabar con las
poblaciones presa del felino (conejos y roedores, que compiten
desventajosamente con los grandes ungulados), y dejar así sin alimento a las
poblaciones locales de gato montés, que verían disminuir su abundancia y
podrían llegar a desaparecer. Una amenaza que inquietaba mucho a la comunidad científica hasta hace poco tiempo y que ha generado un gran debate científico (Stahl y Artois, 1991; Nowell y Jackson, 1996), es la “hibridación” o introgresión de alelos procedentes del gato doméstico en el acervo génico de las poblaciones de gato montés, que podrían comprometer su pureza genética. La inquietud inicial se debió fundamentalmente al descubrimiento de que la mayoría de los gatos monteses de Escocia presentaban introgresión (Hubbard et al., 1992), extremo que se confirmaría más adelante en sucesivos trabajos para la población escocesa (Beaumont et al., 2001; Pierpaoli et al., 2003). Sin embargo la investigación con distintas poblaciones de gato montés en el continente europeo terminó concluyendo que, salvo los casos de Escocia y de Hungría (este país con un grado de introgresión mucho menor en sus poblaciones respecto al de Escocia, del orden del 25 al 31%; Lecis et al., 2006), en general el flujo génico entre los gatos domésticos y monteses de las distintas poblaciones europeas es escaso, siendo por tanto, y de momento, solamente un problema local (Randi et al., 2001; Pierpaoli et al., 2003). El mismo resultado se ha encontrado para el gato montés africano en el sur de África (Wiseman et al., 2000). La hibridación con gatos domésticos es una amenaza en
Portugal. Se han detectado un 14% de híbridos en una muestra de 34 gatos
silvestres procedentes de todo el país (Oliveira et al., 2008) (Oliveira et
al., 2008)1. En
España, Fernández et al. (1992)
determinó con análisis craneométricos que al menos el 80% de los gatos
monteses de Extremadura eran “puros”, sin que hubiese mezcla con gatos
domésticos. Aunque los análisis genéticos, más precisos para el tema en
cuestión, son muy escasos todavía, se ha podido demostrar en una muestra de
gatos monteses de la provincia de Albacete que el grado de introgresión que
presentaban no superaba el 4% (Ruiz-García et
al., 2001), y estudios aún en marcha en la provincia de Granada parecen
confirmar que tampoco allí la introgresión de alelos procedentes de gato
doméstico es frecuente (Ballesteros-Duperón, com. per.). El grado de
introgresión podría aumentar y convertirse en un serio problema allí donde
exista una población mermada de gato montés (por la alteración del hábitat
o por persecución directa), o en zonas de baja densidad de la especie (áreas
de baja calidad de hábitat o que han sido recientemente colonizadas), donde
la abundancia de gato doméstico sea elevada (Stahl y Artois, 1991).
Parecería por tanto que evitar una excesiva presencia humana en el medio
natural (asociada con una mayor abundancia de gato doméstico), y sobre todo
el mantener poblaciones de gato montés con buenas densidades, sería
suficiente para impedir una introgresión significativa. Algunos autores han llegado afirmar de hecho que del contacto con los gatos domésticos es mucho más preocupante la posible transmisión de enfermedades que el riesgo de introgresión (Nowell y Jackson, 1996). No obstante, tampoco se ha evaluado la incidencia real y los efectos posibles que el contagio de enfermedades procedentes del gato doméstico pudiera acarrear a las poblaciones de gatos monteses. Algunos virus, como el de la leucemia felina (FeLV), son comunes de por sí y mantenidos por las propias poblaciones de monteses, independientemente de que el gato doméstico pudiera actuar como fuente de infección (McOrist et al., 1991). Aunque no parece ser el caso del virus de la inmunodeficiencia felina (FIV), descrito de momento solamente en una población francesa de gato montés (Fromont et al., 2000), y que podría representar una amenaza real para la especie. Por otra parte, también se ha afirmado que la baja prevalencia de la mayoría de los agentes víricos por un lado, y la vida generalmente solitaria de los gatos monteses por el otro, hace que los virus no puedan dispersarse rápidamente en las poblaciones (Leutenegger et al., 1999).
Medidas
de conservación -Regular el control de depredadores para evitar la
captura de gatos monteses. -Control de las poblaciones de gatos cimarrones. -Evaluación del grado de hibridación con gatos
domésticos. -Evaluación de la prevalencia de enfermedades
transmitidas por gatos domésticos y/o cimarrones. -Mantenimiento y conservación de zonas con calidad de hábitat para la persistencia de poblaciones de gato montés (López-Martín et al., 2007)1. -Reintroducción
de ejemplares nacidos en cautividad. Las tasas
de supervivencia de individuos reintroducidos son relativamente bajas. Gatos
monteses criados en cautividad y reintroducidos (n = 37) en las montañas de
los Ports de Tortosa i Beseit (Tarragona), tuvieron una tasa de supervivencia
del 24,7% a los 180 días de la suelta, con una supervivencia media de 47 días
(Such-Sanza et al., 2007).1
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Jorge
Lozano Dpto.
Matemáticas, Física Aplicada y Ciencias de Universidad
Rey Juan Carlos. C/ Tulipán s/n. 28933 Móstoles, Madrid
Fecha de publicación: 10-07-2007
Otras contribuciones: 1. Alfredo Salvador. 29-05-2008
Lozano, J. (2007). Gato montés – Felis silvestris. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/
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