ENCICLOPEDIA VIRTUAL DE LOS VERTEBRADOS ESPAÑOLES
Hábitat
El ciervo existe en la mayor parte de los hábitats
presentes en
Los ciervos frotan las cuernas con los árboles, seleccionando troncos pequeños en el borde del bosque y en grandes claros (Ramos et al., 2006).1
Durante la mayor parte del año los sexos se mantienen en grupos separados. La unidad social básica es el grupo familiar de hembras, formado por una hembra y sus descendientes de los últimos 2 ó 3 años. Estos grupos pueden incluir hijos machos menores de dos años. Las hijas suelen permanecer con las madres hasta que tienen su propia cría, e incluso cuando se separan utilizan áreas de campeo que solapan con el área materna. Los machos hacia la edad de dos años se dispersan desde el área donde han nacido hacia zonas diferentes en función de las posibilidades que existan debido a barreras naturales o artificiales. Durante la mayor parte del año los machos suelen formar grupos de edad similar, donde mantienen claras relaciones jerárquicas lineales.
Los ritmos diarios de actividad y descanso, así como el uso del espacio y los movimientos tanto diarios como estacionales, son características básicas del comportamiento y la ecología de toda especie animal. Los patrones básicos de actividad y uso del espacio vienen determinados de modo fundamental por las interacciones ecológicas que los individuos de una especie mantienen con el medio ambiente en el que se desenvuelven, así como por las relaciones que mantienen con otros miembros de su propia especie. Estas interacciones incluyen tanto las fuentes de alimento que utilizan como los depredadores o la presencia de otras especies competidoras. Por todo ello, no sólo son evidentes las diferencias entre sexos y edades, sino que cada individuo puede mostrar un modo particular de resolver estas interacciones, de modo que resulta difícil alcanzar una generalización que no se vea forzada a excluir muchos casos excepcionales. Para el ciervo en la península Ibérica, el uso del espacio se encuentra además fuertemente afectado por el uso que el hombre hace del medio, ya sea para otros propósitos, o directamente para influir en las poblaciones de ciervo como especie fundamental de la caza mayor en España (Carranza, 1999).
Las técnicas más útiles disponibles hasta el momento para conocer estos aspectos de la biología de los ciervos son las que incluyen el marcaje de individuos con emisores de radio y su consiguiente seguimiento durante ciclos anuales completos. Estas técnicas requieren de un considerable esfuerzo tanto económico como de trabajo de campo, por lo que el número de ejemplares que consiguen controlarse suele ser escaso y por tanto la generalización de los resultados debe tener en cuenta esta limitación. No obstante, el radiomarcaje de machos y hembras adultos y su seguimiento durante los últimos años han hecho posible obtener información sobre estos aspectos tan fundamentales que eran desconocidos para la situación de nuestra subespecie en los ecosistemas de Iberia.
Abundancia
Desde el punto de vista numérico, el ciervo en Iberia se encuentra en expansión. Aunque no existen censos fiables para todo el territorio nacional, se puede estimar que en la actualidad el número total de ciervos en España sobrepasa los trescientos mil individuos. La distribución actual suele ser en núcleos aislados, muchas veces con elevadas densidades que llegan a sobrepasar los 40 individuos por kilómetro cuadrado, rodeados de áreas de muy baja o nula densidad (Escós y Alados, 1988; Alvarez-Giménez, 1988; Saenz de Buruaga et al., 1991; Camina, 1995; Aranda et al., 1995b; Carranza, 1999).
Estatus de conservación y amenazas
Categoría Mundial IUCN (1996): LR/lc (Deer Specialist Group, 1996).1
Categoría España IUCN (2006): Preocupación menor LC (Blanco, 2007).1
El ciervo es una especie cinegética, y ha sido desde siempre una pieza fundamental en la actividad venatoria humana. En las últimas temporadas se vienen cazando en España más de 60.000 ciervos al año, de ambos sexos. Es la pieza clave de la montería tradicional española, y muchos terrenos se organizan y se gestionan alrededor de este aprovechamiento. La explotación de la caza mayor, con el ciervo como pieza fundamental, constituye uno de los principales aprovechamientos de muchas áreas de dehesa y monte mediterráneo del suroeste español. La gestión adecuada de este recurso natural se ve hoy como un modo interesante de compatibilizar el rendimiento económico y la conservación de esas áreas de alto valor natural (Carranza, 1999).
Desde el punto de vista numérico no sufre amenaza alguna. Sin embargo, a pesar de su elevado número y de la tendencia a la expansión de sus poblaciones y áreas de distribución (Gortázar et al., 2000), el ciervo ibérico se enfrenta a un riesgo real de alteración genética que podría suponer su desaparición como subespecie ibérica (Carranza y Martínez, 2002; Carranza et al., 2003a). Estos riesgos se derivan de criterios erróneos en su manejo como especie de caza. Las principales amenazas son tres:
1.- la entrada de ejemplares procedentes de otras subespecies europeas: principalmente de Cervus elaphus hyppelaphus, introducidos con la finalidad de cruzarlos con los autóctonos y producir individuos con trofeos de mayor tamaño. Existe igualmente la posibilidad de entrada de material genético (semen) sin que se importen ejemplares (Carranza et al., 2003a).
2.- los cambios genéticos producto de la fragmentación y aislamiento de sus poblaciones: tanto las cercas cinegéticas como la desproporción de sexos en muchas áreas sin cercas cinegéticas, pueden contribuir a acentuar la pérdida de variabilidad genética (Martínez et al., 2002).
3.- la selección artificial de los reproductores, especialmente en condiciones de cría en cautividad para su posterior introducción en la naturaleza: los criterios utilizados en la selección artificial producen cambios genéticos que difieren de los seleccionados por la selección natural y que son posteriormente introducidos en las poblaciones naturales (Carranza y Martínez, 2002).
De los tres factores anteriores, podemos diferenciar el primero como más grave y los otros dos como secundarios. La introgresión genética por importación de animales centroeuropeos ha ocurrido durante las últimas décadas y está ocurriendo en la actualidad. Estos animales se utilizan para producir híbridos que fenotípicamente son difíciles de diferenciar de los puros autóctonos, y que se incorporan con facilidad a las poblaciones naturales. La demanda de ejemplares con trofeos de mayor calidad en las fincas cinegéticas hace que los híbridos sean apreciados y puedan utilizarse para repoblaciones en otros terrenos y por tanto extenderse por todo el territorio nacional.
Medidas de conservación
La conservación del ciervo como elemento de la fauna pasa por evitar realizar sobre él los manejos propios de ganadería doméstica y en cambio explotarlo cinegéticamente como un recurso natural renovable.
Las medidas de prevención de los efectos de la selección artificial (factor de amenaza 3), deben basarse en reducir las repoblaciones en áreas naturales con animales procedentes de granjas cinegéticas donde se realice selección artificial sobre los reproductores.
Los efectos de la fragmentación (factor de amenaza 2) pueden paliarse con las siguientes medidas:
a) Reducción de la existencia de cercados cinegéticos: esta medida no se puede adoptar de modo indiscriminado, y siempre se debe garantizar que no va a haber repercusiones negativas, como por ejemplo sesgo en la proporción de sexos, o cambio de uso de la tierra. En el caso de mantenerse los cercados, promover el restablecimiento de los flujos génicos mediante la introducción periódica de algunos ejemplares de áreas colindantes.
b) Promover el equilibrio de sexos mediante gestiones comarcales o normativas que limiten la presión cinegética (por ejemplo en forma de cupos, etc.).
Los efectos de la introgresión genética con ejemplares de otras subespecies, pueden combatirse por medio de al menos dos procedimientos:
a) Las normativas autonómicas en contra de la importación de ejemplares no autóctonos, pero que por desgracia tienen una efectividad limitada.
b) Control genético de los trofeos presentados a
Adicionalmente, las autoridades en materia de gestión de caza y fauna silvestre pueden adoptar medidas de control de calidad en la gestión de las poblaciones, de modo que puedan incentivarse todas las actuaciones que contribuyan a paliar los efectos indeseables, tales como limitar las densidades y la presión de caza, mantener equilibrio de sexos y edades, evitar las traslocaciones, así como favorecer la actuación de la selección natural frente a la artificial.
Referencias
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Juan Carranza
Cátedra de Biología y Etología, Facultad de
Veterinaria, Universidad de Extremadura, 10071 Cáceres
Fecha de publicación: 29-10-2004
Otras
contribuciones: 1. Alfredo Salvador. 7-08-2008
Carranza, J. (2004). Ciervo – Cervus elaphus. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/
Sociedad de Amigos del MNCN - Museo Nacional de Ciencias Naturales - CSIC