ENCICLOPEDIA VIRTUAL DE LOS VERTEBRADOS ESPAÑOLES
Mirlo Común – Turdus
merula, Linnaeus, 1758
Key
words: Blackbird, reproduction, reproductive success.
Biología
de la reproducción
Nido
Ambos sexos buscan lugares adecuados
para nidificar, a veces en compañía, pareciendo ser la hembra quien toma la
decisión final. Normalmente construyen un nuevo nido en cada puesta, pero a
veces crían en el mismo toda la temporada e, incluso, en sucesivas primaveras
si ha resistido las inclemencias meteorológicas del invierno. La construcción
del nido comienza habitualmente en febrero y las puestas completas en marzo son
normales. No obstante, la mayoría de las parejas comienzan la construcción del
nido en el norte de España (Noval, 1975) entre finales de marzo y principios de
abril. En Canarias el periodo de cría abarca desde diciembre hasta julio
(Martín y Lorenzo, 2001). El nido lo construye la hembra y utiliza hierba seca,
musgo y barro, también hojas, raíces y tallos. Emplea en su construcción unas
dos semanas. Su forma es en copa. 15'
Puesta
Consta de 3-5 huevos, casi siempre
4, pocas veces 3 y menos aún 5. También efectúan puestas de reemplazo. En el
norte de España (Noval, 1975) las primeras puestas completas son raras antes
del 10 de abril. En Madrid se han registrado las fechas más precoces de
primeras puestas de toda Europa, algunas a finales de enero, aunque normalmente
se efectúan entre la tercera semana de febrero y la tercera de marzo, mientras
que las últimas abarcan de finales de mayo a principios de junio. Realizan tres
puestas por temporada (Alcobendas, 2001). En los naranjales valencianos
(Gil-Delgado y Lacort, 1996) la media es de 2’9 puestas por hembra y año (rango
2-5, n = 130). Las primeras puestas se realizan en marzo y abril (fecha media
el 28 de marzo), las últimas en junio. Este valor es muy similar al de las
poblaciones antropógenas inglesas. Si la nidada tiene éxito, una hembra
necesita de
La cáscara tiene un color azulado o
azulado-verdoso y está, en general, profusamente cubierta de manchas pardo
rojizas u ocráceas que en algunos se acumulan en el extremo más ancho, formando
un pequeño casquete herrumbroso. La variación en la forma es mayor que en el
color. El peso medio es de
La puesta de cada huevo se produce
en las primeras horas de la mañana y con intervalos de 24 horas. Solamente la
hembra incuba, aunque el macho puede echarse sobre los huevos. La incubación
comienza antes de la puesta del último huevo y su duración es variable,
normalmente entre 12-15 días. El nacimiento de los pollos no es simultáneo en
todos, sino que uno por lo menos nace un día después, sobre todo en puestas de
5 huevos (Noval, 1975). La incubación promedio es de 13 días en segundas y
terceras puestas y algo más en las primeras, por la escasez de alimento y las
inclemencias meteorológicas.
Crianza
Ambos padres
alimentan a los jóvenes, siendo la hembra quien empolla continuamente los tres
o cuatro primeros días de vida de sus hijos debido a las dificultades que éstos
tienen para regular su temperatura corporal. Ambos progenitores realizan la
limpieza del nido y protegen la pollada de las inclemencias del tiempo. Los
jóvenes abandonan el nido hacia el 13er día, el 9º si son
molestados; se ocultan entre la vegetación y son atendidos por ambos padres,
que se dividen al 50% la pollada, aunque el macho se hace cargo de toda si la
hembra comienza la construcción de un nuevo nido. Permanecen unas tres semanas
atendiendo a los jóvenes, hasta que éstos se dispersan (Noval, 1975).
Éxito reproductor
En Inglaterra, el 56% de los huevos eclosionan y el 41% de los pollos logran completar su desarrollo. En la antigua Checoslovaquia, el 48% de los nidos son depredados. Las aves suburbanas ostentan mayor éxito que las silvestres (39'5% por 30'4%). En Suecia, solo el 27% logra independizarse (Cramp, 1988). En Madrid, de 78 puestas examinadas se obtuvo al menos un pollo en el 60% de ellas (Alcobendas, 2001). Las causas más comunes de pérdida de puestas fueron las inclemencias meteorológicas.
Estructura y dinámica de
poblaciones
Como en otros paseriformes, después
de una alta mortalidad juvenil que dura unos cuantos meses, la mortalidad se
hace constante, de manera que las probabilidades de que, por ejemplo, un mirlo
de dos años de edad muera al cabo de un año son aproximadamente las mismas que
las de un individuo de cinco años (Hutchinson, 1981). La duración media de vida
del mirlo común y otras especies emparentadas como el zorzal común (Turdus philomelos) y el zorzal robín (Turdus migratorius), se estima en 1,9
años y no es más que una pequeña fracción, del orden del 10%, de la vida máxima
conocida. Prácticamente no hay aves que sobrevivan hasta dar pruebas de
senilidad. Conforme a los datos obtenidos de mirlos en Inglaterra (Cramp,
1988), la mortalidad llega al 60% el primer año, descendiendo de manera acusada
el segundo año y no superando el 50% hasta el sexto. En general, la mortalidad
es mayor el primer año de vida (incluso el doble), no existiendo diferencias
según sexos. Menor mortalidad en las aves urbanas que en las silvestres (30%
por 50% en Alemania, Cramp, 1988).
En España no se han efectuado
estudios sobre supervivencia. No obstante, los datos obtenidos por Aparicio
(1998) en el centro de España constituyen una prueba indirecta de la elevada
mortalidad que experimentan estas aves en su primer año de vida, ya que los
mirlos jóvenes disminuyen su porcentaje a lo largo del ciclo anual desde un
máximo en la época postnupcial (85%), un punto medio en el invierno (78%) y un
mínimo en la época de cría (62%), pese al aporte de aves de esta edad en otoño
e invierno.
Asimismo, un total de 71 mirlos
anillados y recuperados en España con edad conocida (Santos, 1985), permitieron
construir una tabla de vida orientativa: 26 no pasaron del primer año, 23
vivieron al menos un año, 12 sobrevivieron al segundo año, 6 al tercero, 1 al
cuarto, 2 al quinto y 1 al sexto. La máxima longevidad registrada de un ave
española corresponde a una hembra anillada en Valencia y controlada en la misma
localidad nueve años y dos meses después (Cantos y Gómez-Manzaneque, 1999).
Por otra
parte, la edad media de recuperación de 244 individuos europeos capturados en
España (Santos, 1985), fue estimada en un año y cuatro meses y medio, mientras
que 30 de ellos cumplieron al menos tres años; el ave de mayor edad se recuperó
a los catorce años y ocho meses de su nacimiento.
Referencias
Alba, E. (1981). Medidas de huevos
de algunas especies de aves ibéricas. Ardeola,
28: 142-144.
Alcobendas,
G. (2001). Datos sobre la reproducción del Mirlo común (Turdus merula) en dos áreas urbanas de Madrid. Pp. 38-43. En: Bermejo,
A., De
Aparicio,
R. J. (1998). Variación estacional en la proporción de sexos y edades en los
mirlos (Turdus merula) del centro de
España. Butlletí del Grup Català
d’Anellament, 15: 25-31.
Cantos, F.
J., Gómez-Manzaneque, A. (1999). Informe sobre la campaña de anillamiento de
aves en España. Año 1998. Ecología, 13: 311-457.
Cramp, S.
(Ed.). (1988). The birds of the western Paleartic.
Gil-Delgado, J. A., Lacort, P.
(1996). La estación de nidificación del mirlo (Turdus merula) en los naranjales: tiempo de nidificación y número
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Hutchinson, G. E. (1981). Introducción a la ecología de poblaciones.
Blume,
Barcelona.
Martín, A., Lorenzo, J. A. (2001). Aves del archipiélago canario. Francisco
Lemus,
Muntaner, J., Ferrer, X.,
Martínez-Vilalta, A. (1983). Atlas dels
ocells nidificants de Catalunya i Andorra. Kestres, Barcelona.
Noval, A. (1975). El libro de la fauna ibérica. Naranco,
Oviedo.
Santos, T. (Dir.). (1985). Estudio sobre la biología migratoria de la
tribu Turdini (aves) en España. Monografía 39. Instituto para
Rafael
J. Aparicio Santos
C/Juglares,
Fecha de publicación: 15-01-2008
Aparicio, R. J. (2008). Mirlo Común – Turdus merula. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/
Sociedad de
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