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Key
words: Coal Tit, interspecific interactions,
predation risk, predators, competition, parasites.
Interacciones entre especies
El Carbonero
Garrapinos selecciona pequeños agujeros para nidificar, incluso en
taludes del terreno (Cordero 1983), no accesibles por las especies
competidoras. Por idéntica razón, el uso que hace de cajas nido puede verse
reducido cuando las especies competidoras están presentes (ver Montes y
Armesto 1985, Brotons
2001, para más detalle). Durante el otoño e invierno forma bandos mixtos con
otras especies de páridos (ver revisión de
Senar y Borras 2004), que recorren el bosque en
busca de alimento y para beneficiarse de una mayor facilidad en la detección
de depredadores (Bautista et al. 2001; ver Lima 1990, para mayor
detalle a este respecto). Sin embargo, al ser la especie más subordinada del
bando, se ve relegado a alimentarse en los lugares más expuestos y en las
posturas más costosas para evitar la competencia con las especies más
dominantes (ver uso del espacio para mayor información). Carrascal (1984a)
ya observó un desplazamiento del uso del espacio en P.
ater desde las ramas de grosor media hasta
las ramas finas y el follaje en un estudio de avifauna de un bosque
subalpino de Pinus
sylvestris de la Sierra de Guadarrama
(Madrid), que compara el periodo reproductor con el final del verano. Este
hecho vino asociado con un sensible incremento de la densidad de los
individuos a final del verano. Durante el invierno puede incrementarse
considerablemente el solapamiento de las dietas de P.
ater con P.
cristatus cuando se hallan en presencia de un recurso
superabundante como son los piñones (Moreno 1981, Obeso 1987b).
Estrategias antidepredatorias
Se dispone de pocos estudios en la Península Ibérica, tanto en la especie descrita
como en otras especies, acerca de las estrategias de los individuos para
afrontar el riesgo a sufrir depredación. En un trabajo de campo,
Mozetich y Carrascal (1995) analizan la
influencia del nicho espacial sobre el comportamiento de vigilancia de P.
ater, en un bosque montano de
Pinus sylvestris
de la Sierra
de Guadarrama (Madrid) durante el invierno. Los
autores establecieron puntos artificiales de alimentación a diferente
distancia a la cobertura vegetal para simular dos riesgos de depredación.
Los individuos usaron menos los alimentadores separados de la cobertura, que
suponen un alto riesgo a sufrir depredación, e incrementaron la proporción
de las secuencias largas de vigilancia cuando estuvieron en ellos. Carrascal
y Moreno (1992) investigan, mediante el acceso a fuentes adicionales de
alimento, la relación entre el nicho espacial y el patrón de vigilancia de
la especie, comparándola con otras especies forestales. Concluyen que
Parus ater,
que busca su alimento en los sustratos de vegetación más densa, muestra la
mayor frecuencia entre vigilancias, cada una de ellas de duración más corta,
mientras que las especies como el Trepador Azul que buscan su alimento en
troncos y ramas gruesas presentan menos vigilancias pero de duración más
larga. Carrascal y Polo (1999) realizan un experimento de campo en grandes
aviarios, situados en la misma parcela del trabajo anterior, para analizar
si el peso de los individuos de un bando invernal desciende, tal como
predicen los modelos teóricos disponibles (e.g.,
McNamara y Houston 1990), cuando se ven
sometidos a un incremento en la presencia y/o en la agresión de los
depredadores. La reducción del peso facilitaría la maniobrabilidad a la hora
de evadir a los depredadores. Sin embargo, los resultados mostraron un
escaso descenso del peso corporal con el incremento del riesgo de
depredación (media = 2,6%, se = 0,64, n = 12). Este resultado, junto con la
carencia de efecto del coste de vuelo sobre el peso obtenida en un
experimento de manipulación de la superficie alar
(ver Carrascal y Polo en prensa), sugieren una alta resistencia al descenso
de los niveles de reserva y, por tanto, una mayor complejidad de los
procesos de gestión del peso predichos por la teoría disponible, durante la
época más restrictiva del invierno. Bautista y Lane
(2000) analizan, mediante un experimento de laboratorio, la respuesta de 8
individuos cuando se les somete durante la noche a voces procedentes de un
depredador (Cárabo) y de un control (Chotacabras). Los individuos fueron
sometidos a 14 llamadas (una por hora) durante la noche, tratando de simular
un entorno natural. Los resultados mostraron un incremento del peso al final
de la tarde, pero no al inicio de la mañana, en el día siguiente al que
escucharon las llamadas nocturnas del depredador con respecto al peso
encontrado cuando las llamadas procedieron del ave nocturna no depredadora
(media = 0,24g, se = 0,17, n = 8). Esta respuesta satisface la necesidad de
incrementar las reservas nocturnas cuando se prevé un aumento del estado de
vigilia y, por tanto, del gasto metabólico con respecto al reposo, para
evitar el ser capturado por un depredador nocturno y no comprometer el nivel
de reservas al inicio de la mañana (Bautista y Lane
2000). Rodríguez y colaboradores (2001) estudian la influencia de la presión
de depredación, la visibilidad y la variación espacial en la cobertura
vegetan y el tamaño del grupo en el comportamiento
antidepredatorio de varias especies forestales del género
Parus. Sus resultados indican que estas
pequeñas aves tratan de evitar los espacios abiertos en los bordes de
vegetación en condiciones de baja luminosidad y en las fases crepusculares.
El grado de cohesión entre el grupo se incrementa a la hora de cruzar
regiones de baja cobertura, que suponen riesgo más elevado a sufrir
depredación (Rodríguez et al. 2001).
Depredadores
Por su pequeño tamaño y sus hábitos forestales
es presa común de aves rapaces medianas y de pequeño tamaño, tanto diurnas (e.g.,
Gavilán) como crepusculares (e.g., Cárabo, ver
Bautista y Lane 2000 y el Mochuelo Chico, ver
Rodríguez et al. 2001).
Se ha encontrado entre las presas del aguililla
calzada (Hieraaetus
pennatus) (1 ejemplar de un total de 1.105
presas) (García-Dios, 2006).1
Los pollos y huevos son también depredados por
otras especies de aves (e.g., Arrendajo Común),
mamíferos y reptiles.
Parásitos y patógenos
Hay muy pocos datos sobre
prevalencia de parásitos internos y externos en
la especie, lo que impide extraer conclusiones generales acerca de las
posibles variaciones poblacionales, estacionales
u ontogenéticas en la presencia de parásitos y
menos aun sobre las variables que explican la presencia de parásitos y los
efectos de la intensidad de infección sobre la historia de vida y la
condición de los individuos. Merino y colaboradores (1997) analizaron la
presencia de parásitos sanguíneos en una muestra de individuos adultos
pertenecientes a 16 especies de paseriformes del centro de España. Seis de
los siete P. ater analizados (recogidos
en un bosque montano de coníferas de la Sierra de
Guadarrama durante el invierno) resultaron
infectados, conteniendo todos ellos hematozoos
del género Leucocytroon y dos de ellos de
Tripanosoma. Rodríguez y colaboradores (1989) han estudiado las
características morfológicas de los ácaros nasales de la especie
Ptilonyssus pari,
procedentes de una muestra de P. ater
recogidos en Granada. Sin embargo no presentan datos sobre la frecuencia e
intensidad del número de parásitos en los individuos y sobre su estado de
salud.
Referencias
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Senar, J. C.,
Borras, A. (2004). Sobrevivir al invierno: estrategias de las aves
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Vicente Polo
Museo Nacional de Ciencias Naturales - CSIC
Dirección actual:
Universidad Rey Juan Carlos, ESCET, Área Biodiversidad y Conservación,
Tulipán S-N, Madrid 28933
vicente.polo@urjc.es
Fecha de publicación: 17-10-2005
Otras contribuciones: 1:
Alfredo Salvador. 25-01-2007
Polo, V. (2005). Carbonero Garrapinos –
Periparus ater. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles.
Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales,
Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/
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