Mirlo común - Turdus merula Linnaeus, 1758

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Key words: Blackbird, habitat, abundance, status, threats.

 

Hábitat y abundancia

Según la información recogida en el atlas de las aves reproductoras (Aparicio, 2003), su amplitud de hábitat es una de las mayores obtenidas porque se distribuye prácticamente por todo el gradiente altitudinal, ocupa cualquier medio, salvo los muy deforestados, y presenta densidades parecidas en todos ellos, sobresaliendo en este apartado los alcornocales, los naranjales y los matorrales (la densidad media de estos tres hábitats es de 19,59 aves/10 ha). Otros medios con elevadas densidades en la España peninsular y Baleares son las fresnedas y melojares, los parques de las ciudades mediterráneas, los bosques esclerófilos mediterráneos y ciertas formaciones arbustivas como los jarales y lentiscares (Tellería et al., 1999). En todos ellos no existen diferencias acusadas de densidad entre el invierno y la estación reproductora. En general las mayores densidades las alcanza en zonas arboladas, ya sean densas o abiertas, ubicadas a menos de 1.000 m de altitud (Carrascal et al., 2005). En la tabla 1 se ilustran algunas densidades (aves/10 ha) obtenidas en diferentes medios, tanto de la Península como de Canarias.

Basándose en los datos obtenidos en el programa SACRE, Carrascal y Palomino (2008) establecen que el mirlo alcanza elevadas densidades en una gran variedad de hábitats y pisos biogeográficos, aunque en general destacan los ambientes ecotónicos, de transición y complejidad estructural de la vegetación intermedia, tales como frutales termomediterráneos (100,6 aves km2), mosaicos agrarios y pastos cantábricos (media de 87,8 aves km2), enebrales-sabinares (87,9 aves km2) o riberas arboladas (media de 80,6 aves km2).

 

Tabla 1. Abundancia (aves/10 ha) en época reproductora en diferentes hábitats.

 

Localidad

Hábitat

Abundancia

Referencias

Sierra de Gredos

Piornal

0,1

Sánchez, 1991

País Vasco

Pinar, P. radiata

0,2

Carrascal y Tellería, 1990

País Vasco

Eucaliptal

0,4

Tellería y Galarza, 1990

Tenerife

Pinar, P. canariensis

0,6

Carrascal, 1987

País Vasco

Hayedo-robledal

0,7

Carrascal y Tellería, 1990

País Vasco

Bosque caducifolio

1,6

Tellería y Galarza, 1990

Segovia

Soto

1,9

Tellería et al., 1988

Sierra de Gredos

Pinar, P. sylvestris

2,2

Sánchez, 1991

País Vasco

Campiña interior

2,3

Tellería y Galarza, 1990

Madrid

Encinar

3,4

Carrascal, 2004

Sierra de Cazorla

Bosque aclarado

3,5

Obeso, 1987

Madrid

Robledal, Q. pyrenaica

4,1

Carrascal, 2004

Sierra de Gredos

Olivar

5,5

Sánchez, 1991

Tenerife

Humanizado

6,2

Martín y Lorenzo, 2001

Sierra de Gredos

Robledal, Q. pyrenaica

6,5

Sánchez, 1991

Sierra de Gredos

Encinar

6,5

Sánchez, 1991

Sierra de Cazorla

Bosque espeso

6,6

Obeso, 1987

Sierra Nevada

Encinar

7,3

Zamora y Camacho, 1984

Sierra Nevada

Robledal, Q. pyrenaica

10,7

Zamora y Camacho, 1984

Tenerife

Pinar, P. radiata

11,4

Carrascal, 1987

Doñana

Matorral mediterráneo

11,6

Jordano, 1985

Pirineos

Bosque mixto

13,6

Purroy, 1975

Valencia

Naranjal

14,8

Gil-Delgado y Monrós, 1997

Valencia

Naranjal

30,7

Gil-Delgado y Monrós, 1997

 

 

Por otra parte, la tendencia detectada por el programa SACRE (Escandell y Palomino, 2007) ha sido de un incremento anual del 1,9% en la población reproductora durante el periodo 1998-2005. Este incremento poblacional se mantiene en los últimos datos publicados (incremento anual del 0,7%, SEO/BirdLife, 2010). Su población ha sido estimada entre 2,3 y 5,9 millones de parejas en la Península y las Baleares y de 70 a 80 mil parejas en las Canarias (Aparicio, 2003). Basándose en el programa SACRE, Carrascal y Palomino (2008) han estimado la población reproductora peninsular entre 17,1 y 20,9 millones de aves, la mayoría en Andalucía (22,6 %), Castilla y León (16,4 %), Galicia (12,2 %) y Castilla-La Mancha (8,7 %).

A escala peninsular Carrascal y Palomino (2006) han explicado su distribución en época de cría según las variables que sintetizan la variabilidad geográfica, climatológica y de tipos de paisaje-usos de suelo. Le afectan negativamente la extensión de las explotaciones agropecuarias y el porcentaje de días despejados en primavera, mientras que le afectan positivamente el rango altitudinal, es decir, la existencia de zonas abruptas o montañosas, los kilómetros de ríos y la precipitación primaveral.

Al objeto de ilustrar la amplitud y las preferencias de hábitat de esta especie en época reproductora se ha confeccionado la tabla 2, basada en Tellería y Potti (1984). En ella puede observarse que en el Sistema Central el mirlo se distribuye por todo el gradiente altitudinal y ocupa todas las formaciones forestales y arbustivas con independencia de su composición, estructura y altitud.

 

Tabla 2. Frecuencia de aparición (en %) del mirlo en las formaciones vegetales del Sistema Central (Tellería y Potti, 1984).

Mesomediterráneo

 

Supremediterráneo

 

Oromediterráneo

 

soto

encinar

jaral

fresneda

melojar

jaral

brezal

pinar

piornal

89,13

40,38

73,92

76,6

94,44

65,82

53,95

87,83

26,47

 

A escala regional se han detallado sus preferencias de hábitat en la comunidad de Madrid, tanto en época de cría como en el invierno. Durante la cría es una especie forestal que ocupa también matorrales y jardines urbanos (Díaz et al, 1994). Prefiere bosques aclarados de carácter atlántico (fresnedas y melojares), seguidos por todo tipo de pinares y matorrales. La población se ha estimado en unas 33.000 aves. Falta en zonas muy deforestadas.

En el invierno prefiere bosques de frondosas meso y supramediterráneos y matorrales basales y montanos. También enebrales, sabinares, sotos, parques y jardines (Santos, 2002). Su distribución presenta escasa diferencia con la cría, siendo lo más reseñable la ausencia o la drástica disminución de efectivos en las zonas de alta montaña y su aumento en las urbanas y los valles  (véase la tabla 3, basada en Carrascal et al., 2003). Asimismo, estos últimos autores han sintetizado las variables más determinantes en su distribución invernal en la comunidad de Madrid. Le afectan negativamente las áreas cultivadas, mientras que lo hacen positivamente las zonas urbanas y el arbolado esclerófilo.

 

Tabla 3. Densidades invernales (aves/10 ha) en los diferentes medios de la comunidad de Madrid (Carrascal et al., 2003).

Hábitat

Abundancia

Pastizal -erial central

0,1

Pastizal -erial meridional

0,2

Pinar albar

0,2

Brezal

0,2

Retamar

0,3

Campiña

0,5

Jaral

0,8

Coscojar

1

Dehesa

1,1

Fresneda

1,1

Melojar

1,1

Sabinar

1,4

Encinar

2

Parque

3,3

Pinar resinero

3,4

Carrizal

4

Casco urbano

4,8

Soto serrano

4,8

Soto de valle

6,3

 

La información sobre su densidad invernal en otras zonas peninsulares es menor. En las proximidades del Estrecho de Gibraltar es una especie prácticamente ausente de los pastizales y es mucho más abundante en los alcornocales que en los matorrales (4,49 y 2,86 aves/10 ha respectivamente; Arroyo y Tellería, 1983). Es menor su densidad en las acebedas de la Cordillera Cantábrica (1,20 aves/10 ha; Guitián, 1983). En las zonas de montaña del sureste de España es mayor su densidad en los bosques aclarados que en los cerrados (entre 2,68 y 4,02 aves/10 ha en los primeros y entre la práctica ausencia y 1,29 en los segundos; Obeso, 1987). En los matorrales mediterráneos del suroeste de España no presenta variaciones interanuales significativas en su abundancia invernal (entre 10,1 y 37,4 aves/10 ha; Jordano, 1985). Estas variaciones son coincidentes con la experimentada por la oferta de frutos, pero no puede establecerse una relación de causalidad entre ambas.

En poblaciones urbanas fragmentadas como los parques de Madrid (Fernández-Juricic y Tellería, 1999) se ha demostrado que el reclutamiento de los jóvenes tiene una dependencia directamente proporcional de la superficie del parque y de la altura y el grado de cobertura de la vegetación arbustiva. El área de los parques podría considerarse como el principal indicador de la cantidad de hábitat disponible para la reproducción, disminuyendo además la interferencia de los bordes de los parques y los niveles de depredación de nidos, mientras que la cobertura y altura de arbustos serían factores de calidad de hábitat, aumentando la disponibilidad de sustrato reproductivo y de cobertura para la crianza y protección de pollos y juveniles.

Por otra parte, según la frecuencia de capturas obtenida en un área urbanizada de la Sierra de Guadarrama, en el centro de España, el mirlo es una de las dos especies dominantes de una comunidad de paseriformes compuesta por 35 especies, representando prácticamente el 25% de las capturas fuera de la época reproductora y el 22% en plena cría. Solo el gorrión común (Passer domesticus) presenta más capturas en este último periodo (Aparicio, 2002).

En Canarias es una de las aves más abundantes. Se distribuye desde la costa hasta más de 2000 m, tanto en hábitats naturales como en aquellos modificados por el hombre (cultivos, plataneras, parques y jardines, etc.). En la laurisilva y el fayal brezal es bastante abundante, siendo también común en los pinares mixtos. Sólo escasea en el matorral de alta montaña y en pinares con escaso desarrollo del sotobosque (Martín y Lorenzo, 2001). En los pinares de repoblación de Tenerife prefiere los de menor altitud, mayor cobertura y altura del matorral y menor densidad de arbolado (Carrascal, 1987). Asimismo prefiere las repoblaciones de pino de Monterrey (Pinus radiata) a las de pino canario (Pinus canariensis). Por otra parte, Carrascal y Palomino (2005) han sintetizado las variables que mejor explican la distribución de esta especie en la isla de Tenerife. Es más abundante en aquellas áreas con presencia de brezos y ausencia de pinares, en especial en el sector más septentrional de Tenerife (es decir, brezales, fayales y laurisilvas de Anaga donde alcanza un promedio de 15,1 aves/km). Si no hay brezos en el estrato arbustivo, la especie es mucho más abundante en el tercio norte de la isla, donde alcanza sus mayores densidades en medios con cobertura de matorral mayor del 68%, situados a altitudes superiores a 330 m (11,2 aves/km). Si no se cumplen los requisitos anteriores de presencia de brezos en el estrato arbustivo y elevadas coberturas de matorral, la tercera configuración del paisaje donde la especie tiene elevadas densidades es en áreas agrícolas situadas por encima de 486 m de altitud (7,7 aves/km). En los dos tercios meridionales de Tenerife es muy escaso (promedio de 0,4 aves/km).

 

Estatus de conservación

Categoría mundial IUCN (2009): Preocupación Menor LC (BirdLife International, 2010), estimándose solo en Europa una población reproductora de 120-246 millones de aves y de 162-492 millones de mirlos para el total de su área de distribución.

Categoría España IUCN (2002): No Evaluado.

 

Factores de amenaza

El mirlo es una especie cinegética sometida a una excesiva presión venatoria en el norte de España, práctica que incide especialmente sobre la población autóctona y que explica el históricamente bajo nivel poblacional de la especie en esa zona del país (Tellería y Santos, 1982). Como muestra de ello, de 395 aves con anilla extranjera recuperadas en el conjunto de España (Santos, 1985), el 15,0% lo fueron por causa desconocida, el 19,4% se hallaron muertas, el 29,6% cazadas por diversos métodos, el 32,8% cazadas con escopeta, el 2,9% trampeadas y, finalmente, solo el 0,3% se controlaron por anilladores. O sea, la mayoría fueron cobrados por la caza en cualquiera de sus formas. Por otra parte, las circunstancias de recuperación de 187 aves con anilla española (Santos, 1985) indican claramente que la mayoría de los mirlos (52,9%) fueron controlados por el mismo anillador, es decir, vueltos a liberar, mientras que el 8,6% fueron encontrados muertos, el 26,4% cazados con escopeta, el 5,6% trampeados, el 3,3% capturados de algún modo y, finalmente, el 3,2% capturados de forma desconocida. Pero si se descuentan los autocontroles, también la mayoría fueron cobrados por la caza.

Asimismo se observa una disminución desde mediados de los 70 del pasado siglo en la incidencia de las artes prohibidas como la liga y las trampas de suelo en toda la Península en general y sobre todo en Andalucía y Baleares, regiones donde la pajarería tiene un fuerte arraigo (Santos et al., 1988). Esto no significa que disminuya la presión humana sobre la especie, sino que se incrementa la forma legal de captura, especialmente la caza mediante escopeta. Es más, puede decirse que la presión cinegética sobre los mirlos y zorzales se ha incrementado por la situación de legalidad proporcionada por la posesión de un arma y la impunidad devengada del históricamente pobre control ejercido sobre esta práctica venatoria (Santos, 1985).

Por otra parte, la práctica habitual de eliminar la totalidad de los arbustos del sotobosque resulta funesta para las especies que, como el mirlo, nidifican o se alimentan sobre ellos, por lo que podría constituir un factor de amenaza para algunas de sus poblaciones forestales. Tanto en la Cornisa Cantábrica (Carrascal y Tellería, 1990), como en los Montes de Toledo (Santos y Álvarez, 1990) se ha comprobado que la densidad del mirlo es notablemente menor en las repoblaciones de pinos o de eucaliptos que en los bosques climácicos correspondientes. Asimismo, la interferencia humana directa (depredadores domésticos, expolios de nidos, ruido, etc.) y la indirecta (degradación de la vegetación herbácea, empobrecimiento florístico, etc.), unidas a la falta de céspedes artificiales parecen ser la causa de la escasa presencia del mirlo de los encinares suburbanos de Madrid (Sánchez y Tellería, 1988), donde presenta una densidad mucho menor que en los encinares naturales.

Por último, el deterioro y la reducción de las campiñas en la cornisa cantábrica debido al impacto de la PAC (Política Agraria Comunitaria), podría comprometer el futuro de esta especie, según se ha comprobado en otros paseriformes (Tellería et al., 2008).

No obstante y pese a la falta de información sobre la tendencia numérica de sus poblaciones, puede decirse, en general, que la especie no se halla amenazada en ninguna parte de su área de distribución (Collar, 2005) y, por supuesto, ni en Europa ni en España (categoría de no amenazada, SPEC 4, Hagemeijer y Blair, 1997; Aparicio, 2003).

 

Referencias

 

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Rafael J. Aparicio Santos
C/Juglares, 2C, 2ºA. 28032. Madrid


Fecha de publicación: 15-01-2008

 

Versión 5-05-2011

 

Aparicio, R. J. (2008). Mirlo Común – Turdus merula. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/