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Chova piquirroja - Pyrrhocorax pyrrhocorax (Linnaeus, 1758) |
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Red-billed Chough, habitat, abundance, status, threats. Hábitat Hábitat de
reproducción En En la isla
de Hábitat de
alimentación Para alimentarse, explota principalmente áreas de
vegetación rala como pastizales montanos, vegetación
baja mediterránea y
sistemas agro-pastorales tradicionales con abundantes zonas de barbecho y
lindes. Las chovas seleccionan en los Monegros (Aragón) los
márgenes y bordes de las parcelas agrícolas, evitando las siembras de cereal
excepto cuando estas son recientes, en cuyo caso se utilizan de manera
proporcional a su abundancia en el paisaje (Blanco et al., 1998b). Por otro
lado, evitaron los rastrojos recientes. Las zonas de
alimentación de la chova piquirroja en Abundancia La población española
fue estimada inicialmente en 7.000 – 9.800 parejas (Purroy,
1997), con una tendencia poblacional moderadamente descendente (20-50%
entre 1970 y 1990). Una evaluación
más reciente (Blanco, 2004a), estima que la población española de chova
piquirroja está compuesta por 16.943 individuos. La densidad media en tres de las mejores zonas es de 0,04 aves por hectárea
(Blanco, 2004a). En el valle del Jarama, en El tamaño de las
poblaciones españolas de chova piquirroja fue revisado en 2004 por Blanco en
base a trabajos publicados y datos propios. Según Blanco (2004a, b), entre
las poblaciones mejor conocidas destaca la que se reproduce en los cortados
yesíferos del sureste de Madrid (Blanco et al., 1991). Esta población mostró
un ligero incremento desde 1975 (Arroyo, 1976; Blanco, datos propios no
publicados) hasta 1990 (324 parejas, Blanco et al., 1991), decreciendo después
a un ritmo de un 60% en 10 años (Blanco, 2002), tendencia que ha continuado
hasta la actualidad (Blanco, datos sin publicar). En Aragón se estimó en
1996 que había una población mínima de 975 parejas reproductoras en Los
Monegros (Blanco et al., 1996a).
En Galicia se estimó a principios de la década de los 90 una población de
56-112 parejas (Mouriño, 1995), habiendo disminuido en la actualidad y
desaparecido casi totalmente del sur de Lugo y Pontevedra (Blanco, 2004b). En
Andalucía es abundante y se estiman unos 8.000 individuos sólo para la
provincia de Granada (Soler, 1989, 2001; Zúñiga, 1989). En Murcia la población
de chovas se estimó en 4.000 individuos en 2001 (Carrete y Sánchez-Zapata,
comunicación personal a G. Blanco; Blanco, 2004b). En Castilla y León la
chova piquirroja cría en todas las provincias, con una estima del tamaño
poblacional que varía entre 2.600 y 5.800 parejas (Sanz-Zuasti y Velasco,
1999). Blanco (2003) da a conocer un total de 431 individuos en las Hoces de
los ríos Riaza y Duratón de Segovia, y estima una población total
invernante para la provincia de Segovia de 1.581 individuos. En Castilla-La
Mancha se ha estimado que el número de chovas en Cuenca es 330 parejas
(Gesnatura, 1995) y en Guadalajara 3.200 individuos (B. Arroyo, comunicación
personal a G. Blanco; Blanco, 2004b). En el País Vasco la población de
chovas no supera las 400 parejas (Carrascal, 1998). En Cataluña se estimaron
en 1.000 las parejas presentes (Estrada/ICO, in litt.; Blanco, 2004b). En La subespecie insular P. p. barbarus aparece como reproductora en la isla de
Estatus de conservación Categoría
Mundial IUCN (2008): Preocupación Menor LC (BirdLife International, 2009). Categoría
España IUCN (2004): Casi Amenazada (Blanco, 2004a, b). Categoría
Canarias IUCN (2004): En Peligro (Pais y Medina, 2004). Factores de amenaza La pérdida
de hábitat de alimentación es tal vez una de sus principales amenazas en
ambas subespecies. La pérdida progresiva de la ganadería
extensiva asociada al despoblamiento de grandes áreas rurales ha provocado la
modificación de los hábitats más utilizados por la chova piquirroja para
alimentarse en zonas de montaña (García-Dory, 1983; Baglione, 1997). La intensificación agraria, y su uso asociado
indiscriminado de agroquímicos y fitosanitarios para el aumento de la
producción, conllevan una merma del espectro trófico de la especie y
posiblemente procesos de intoxicación, envenenamiento y pérdida de
fertilidad paulatina de los individuos. La acumulación de contaminantes persistentes
tales como PCBs, dioxinas y metales pesados pueden ser también una amenaza
por sus efectos en la supervivencia y la reproducción en áreas muy
contaminadas del centro peninsular (Blanco, 2002; Blanco et
al., 2009; G. Blanco et al.,
datos sin publicar). Blanco et al.
(2009) han comprobado en el campo la elevada resistencia a antibióticos de
enterobacterias, debido al contacto con bacterias resistentes presentes en
purines y lodos de depuradora depositados en campos agrícolas de Segovia y el
sureste de Madrid, respectivamente. La
urbanización y construcción de infraestructuras en el hábitat de alimentación
es otra amenaza en zonas muy humanizadas, como por ejemplo Madrid (Blanco,
2002). En zonas de montaña la pérdida de hábitat debido a la construcción
de infraestructuras como estaciones de sky, urbanizaciones y embalses es una
amenaza continua, especialmente en las poblaciones de chovas del Pirineo y
cordillera Cantábrica (García-Dory, 1989; Baglione, 1997). Otra de las
amenazas más importantes para las chovas en paisajes de montaña es la
reforestación de pastizales idóneos para su alimentación (García-Dory,
1989; Baglione, 1997). En lo
relativo a la nidificación de la chova piquirroja, la destrucción y abandono
de antiguas edificaciones agropecuarias en el campo, ocupadas por estas aves
bien para criar o para refugiarse, genera una pérdida de lugares idóneos
donde poder ubicar sus nidos. Esta situación se hace mucho más gravosa para
la especie en aquellos lugares donde la oferta de sustratos de nidificación o
refugio se restringe a este tipo de edificaciones (Tella et al., 1993; Blanco et al.,
1996a; Banda, 2007). El elevado grado de fragmentación de las poblaciones
propicia la pérdida de pequeños núcleos reproductores o de parejas
aisladas. Las molestias humanas y la depredación son dos de las principales
causas del fracaso reproductor de la especie (ver apartado de Interacciones
entre especies). Las
principales amenazas para la subespecie barbarus
se resumen en la persecución humana, en la pérdida de hábitat de alimentación
en las zonas de baja y media altitud, debido al crecimiento urbanístico en la
isla y a la intensificación agraria. La creciente introducción de cultivos
bajo plásticos (plataneras) y el abandono de las prácticas agrarias
tradicionales de ámbito familiar, que provocan una pérdida de zonas de
medianía, dan lugar a una disminución de la oferta alimentaria de las aves,
así como a un aumento en el uso de productos fitosanitarios (Martín y
Lorenzo, 2001; Pais y Medina, 2004; Pais, 2005, Blanco et
al., 2007). Además, la caza ilegal, el expolio de nidos y las molestias
en las áreas de cría conforman otro factor de amenaza de la subespecie
insular (Pais y Medina, 2004). Debido al elevado grado de aislamiento y a lo
reducido del tamaño poblacional de la chova piquirroja en la isla de La presencia
de especies introducidas e invasoras, y en especial para el caso de la
subespecie canaria, puede representar ciertos problemas de conservación, como
aumento de la depredación de nidos por ratas y gatos domésticos, así como
la presencia de trasmisores de patógenos (por ejemplo, palomas domésticas). La caza y
persecución activa de otros córvidos (principalmente grajillas) por parte de
agricultores y cazadores, pueden provocar la muerte de individuos de chova
piquirroja por confusión, en el mejor de los casos,
o por el uso de técnicas poco específicas en la captura de las aves
durante los descastes de estas aves. Medidas de conservación No hay datos disponibles sobre los resultados de las estrategias de
conservación en España. Según Blanco (2004b), la restauración de varios edificios que albergaban colonias de cernícalo
primilla ha beneficiado indirectamente la nidificación de algunas parejas de
chova piquirroja (Blanco y Tella, 1997). Se proponen
las siguientes medidas de conservación prioritarias (listadas en orden de
importancia), elaboradas a partir de las propuestas por Blanco (2004b): -Censo
nacional de chova piquirroja, sin el cual no es posible identificar las
posibles afecciones y los cambios en el tamaño de la población. -Mantenimiento
en el territorio de pastos, eriales, lindes y barbechos. -Reducción
de la agricultura intensiva a favor de una agricultura extensiva y ecológica,
por el efecto negativo de la primera y positivo de la segunda sobre las
comunidades de artrópodos y otros invertebrados consumidos por las chovas. -Mantenimiento
de la ganadería tradicional con reducción de los tratamientos veterinarios
que perjudican a la fauna coprófaga, y por tanto a una de las fuentes de
alimento principales de las chovas (Soler, 2001). -Control de
depredadores y sensibilización y educación de los cazadores para evitar la
persecución de esta especie y la destrucción de sus nidos. -Protección
efectiva de las áreas de nidificación y dormideros comunales en invierno,
fomentando la creación de acuerdos entre entidades de custodia y particulares
o entidades públicas y de primas económicas o desgravaciones fiscales a
particulares y empresas que realicen actividades de conservación. -Investigación
aplicada a la conservación. Se desconoce no sólo el tamaño de la población
de chovas en España, sino los patrones de dispersión, la dinámica de
colonización y transferencia genética entre subpoblaciones, especialmente en
subpoblaciones aisladas (Blanco, 2004b). También se desconoce la importancia
de la chova piquirroja como dispersante de semillas de especies nativas e
introducidas en las Islas Canarias, que podría ser determinante en el
mantenimiento de los sistemas vegetales canarios (Blanco et al., 2007). La
misma subespecie barbarus podría
contribuir al mantenimiento del pino canario al alimentarse del lepidóptero Calliteara
fortunata (Piersma y Bloksma, 1987), pero estas posibilidades
requieren el desarrollo de investigaciones específicas (Blanco et al.,
2004b). Referencias Arroyo, B. (1976). Avifauna en un cantil
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and Land-use in Jesús
Ángel Cuevas Centro
de Investigaciones Ambientales de Ctra.
Madrid-Colmenar Viejo (M-607), km 20. 28760 Tres Cantos, Madrid jesus.angel.cuevas@madrid.org Guillermo
Blanco Dpto.
de Ecología Evolutiva, Museo Nacional de Ciencias Naturales, CSIC c/
José Gutiérrez Abascal, 2. 28006 Madrid gblanco@mncn.csic.es Cuevas,
J. A., Blanco, G. (2009). Chova piquirroja – Pyrrhocorax pyrrhocorax. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles.
Salvador, A., Bautista, L. M. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales,
Madrid. http://www.vertebradosibericos.org
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