ENCICLOPEDIA VIRTUAL DE LOS VERTEBRADOS ESPAÑOLES

Grulla Común - Grus grus, Linnaeus, 1758 

 

Estatus de conservación y factores de amenaza

Las grullas están entre las familias de aves más amenazadas del mundo. Sin embargo se considera que en España y en Europa occidental tiene una tendencia poblacional estable o en aumento, aunque el estatus de conservación de la especie es vulnerable en Andalucía (Consejería de Medio Ambiente 2001). Se debe advertir que la abundancia de grullas en España no representa de manera adecuada su estatus de conservación por ser una especie migradora que no cría en la península Ibérica. En Europa la especie esta afectada en cierto grado por la fragmentación de la población, donde se podría estar produciendo una concentración en subpoblaciones (Meine y Archibald 1996). Resulta complicado explicar cual puede ser el futuro a medio plazo para esta especie en España y Europa occidental debido a los cambios que se están produciendo en sus hábitats de manera acelerada (Meine y Archibald 1996; Prange et al. 1995; Sánchez et al. 1999) y a la preocupación de los agricultores que observan grandes concentraciones de grullas en sus terrenos (Prange et al. 1995; Sánchez et al. 1993).

De manera similar a los centros que existen en Suecia y Alemania, en Badajoz se planea establecer en el año 2004 algunos lugares de alimentación artificial alrededor del Centro de Interpretación de las Grullas en Moheda Alta, una vez dicho centro esté finalizado y en funcionamiento (Fernández et al. 2003).

Los riesgos potenciales para las grullas son la desecación de zonas húmedas en las que establecen los dormideros, los choques con líneas de distribución de electricidad (Alonso y Alonso 1999; Alonso et al. 1994; Janss y Ferrer 2000), la actividad cinegética por las molestias que le ocasiona, o por la caza furtiva. En general la interferencia humana tiene un efecto negativo sobre la especie, si bien pueden acostumbrarse a cierta actividad humana tradicional (e.g., presencia de tractores). Existe un riesgo de predación de muy difícil cuantificación por aves rapaces (Muñoz-Pulido et al. 1993), zorros y otros predadores oportunistas (Avilés et al. 1998). El consumo de nuevos tipos de alimento, como el cereal recién sembrado, entraña riesgos potenciales que todavía no han sido estudiados, debido a que la semilla suele tener una cobertura de productos fitosanitarios y fungicidas.

Las grandes concentraciones de grullas en pocos lugares, especialmente durante las migraciones, pueden incrementar la velocidad de transmisión de enfermedades contagiosas.

 

Hábitat

El hábitat típico de la Grulla en España es el encinar adehesado (Quercus ilex, Quercus suber) con varios tipos de uso en su superficie, como por ejemplo pastos de uso ganadero, cultivos de cereal o matorral mediterráneo escaso (Díaz et al. 1997), pero frecuenta zonas en las que el encinar está disperso y abundan los cultivos de maíz o cereal.

La llegada de las grullas a las zonas preferidas de invernada del suroeste de la Península Ibérica coincide con la maduración de la bellota, que es su principal alimento (Díaz et al. 1996; Tortosa y Villafuerte 2000). Sin embargo, la actividad ganadera o la heterogeneidad del paisaje no parecen determinantes en la distribución de las grullas entre zonas de invernada en un mismo año o entre diferentes temporadas (Avilés et al. 2002a). La gestión de las dehesas sigue mayoritariamente dos estilos: se disponen vallados para prevenir la entrada de ganado en el terreno que es sembrado con cereal, o se permite la entrada del ganado extensivo. El ganado y las propias grullas agotan la disponibilidad de bellotas en los terrenos no cultivados, pero las grullas pueden además utilizar las dehesas dedicadas al cultivo (Avilés et al. 2002b; Díaz et al. 1996). El patrón de uso de las dehesas está relacionado con la abundancia de bellotas (Díaz et al. 1996), si bien prefieren las zonas cultivadas especialmente en diciembre (Díaz et al. 1996). La relación entre la presencia de grullas y los usos del territorio es en general compleja (Avilés et al. 2002a). Algunos autores opinan que la selección de zonas cultivadas por las grullas podría atribuirse en parte a condiciones de falta de alimento en las áreas no cultivadas (Almeida 1990; Sánchez et al. 1993), y no tanto a la mayor cantidad de alimento que tienen los cultivos en comparación con las zonas no cultivadas de las dehesas.

Los agricultores utilizan en las zonas de invernada en Extremadura una rotación de los cultivos trianual. El cereal es sembrado un año, seguido de dos años de barbecho en los que el terreno es utilizado para el pastoreo del ganado. Con este sistema agrícola la fragmentación del terreno se produce principalmente entre campos cultivados, rastrojos de cereal de un año y rastrojos en su segundo año o barbechos, también denominados posíos en esa zona de invernada de Extremadura (Avilés 2004; Avilés et al. 2002b). Además, las dehesas ocasionalmente se clarean extrayendo los arbustos e incluso los propios árboles (Sánchez et al. 1999), favoreciendo los cultivos intensivos y variando los recursos utilizados por una gran variedad de aves además de la grulla común (Díaz et al. 1997).

El número de grullas en cada zona de invernada no se relaciona con el grado de intensificación de la agricultura ni con la disponibilidad de bellotas. Sin embargo, el tamaño de los bandos disminuye y aumenta la presencia de familias aisladas en zonas menos alteradas que se caracterizan por la predominancia de posíos. Por tanto, el sistema de rotación de cultivos favorece el mantenimiento de las poblaciones invernantes de grulla (Avilés, 2004).1

En Extremadura, la selección de una localidad de invernada y la permanencia a lo largo de los años no parece estar relacionada con las actividades agrícolas, la heterogeneidad del paisaje o la estabilidad del dormidero (Avilés et al. 2002a). Sin embargo, diversos estudios demuestran la influencia de las actividades agrícolas en la presencia de las grullas en zonas de la Península Ibérica que antes no eran visitadas (Alonso et al. 1984; Alonso et al. 1994; Alonso et al. 1987; Bautista et al. 1992; Sánchez et al. 1999). La rapidez del cambio de áreas de invernada de las grullas, y su actividad en los campos de cultivo, en ocasiones produce considerables perjuicios a la agricultura de la zona (Sánchez et al. 1993), por lo que es recomendable la actualización de las áreas de distribución de las grullas cada pocos años, así como el diseño de medidas compensatorias y sobre todo el diseño de métodos de estima de daños, dado que en ocasiones el cereal puede contrarrestar la actividad de las grullas o incluso ser beneficiado por la actividad de aclareo del exceso de semillas que los agricultores siembran (Alonso et al. 1990).

Las familias suelen preferir lugares relativamente pequeños localizados en las zonas tradicionales de invernada, pero las grullas inmaduras o adultas no reproductoras suelen agregarse en lugares que, quizás por la abundancia de alimento, resultan bastante concurridos y en los que las interferencias entre las aves son frecuentes (Alonso et al. 2000; Avilés 1999). El reciente cambio en las últimas décadas del uso agrícola de las dehesas (Sánchez et al. 1993; Tellería et al. 1992) ha producido que los grandes bandos de grullas se observen con frecuencia en áreas de cultivo intensivo, mientras que las zonas de dehesa no cultivada mantienen numerosos grupos familiares (Avilés 1999; Sánchez et al. 1993). No obstante, esta distinción puede ser la simplificación de una situación bastante compleja (Avilés et al. 2002a; Avilés et al. 2002b).

Los adultos de grupos familiares participan en más encuentros agresivos que los adultos sin jóvenes cuando están en bandos grandes. Por el contrario, en bandos pequeños, los adultos acompañados de jóvenes participan en menos encuentros agresivos que los adultos sin jóvenes. Además, los adultos con jóvenes muestran preferencia por dehesas con ganado, en donde el tamaño de los bandos es menor que en dehesas sin ganado, lo que podría reducir los encuentros agresivos con otras grullas (Avilés, 2003).1

 

Referencias

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Luis M. Bautista
Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Ministerio de Ciencia y Tecnología

Fecha de publicación: 30-09-2003

Otras contribuciones: 1: Alfredo Salvador. 6-03-2007

Bautista, L. M. (2003). Grulla Común – Grus grus. En: Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Carrascal, L. M., Salvador, A. (Eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. http://www.vertebradosibericos.org/

 

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