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Buitre negro - Aegypius monachus (Linnaeus, 1766) |
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Key words: Black vulture, habitat, abundance, status, threats.
Hábitat
Su hábitat de nidificación
se distribuye exclusivamente en ambientes boscosos. Las principales colonias
se asientan en bosques densos de encina y alcornoque, pino silvestre, pino
resinero y negro y menos frecuentemente en pino carrasco. Las altitudes en
que se encuentran sus nidos oscilan entre los 400 y los Eligen para la nidificación árboles maduros, situados a menudo en claros de bosque, en zonas de pendiente en la parte media o alta de las montañas (Bernis, 1966; Fargallo et al., 1998) y alejados de molestias humanas (Morán-López et al., 2006a).2 Las áreas de alimentación se sitúan mayoritariamente en ambientes no forestales, bien de monte bajo, bien en pastizales o dehesas más o menos abiertas (Hiraldo, 1977), siempre ligadas a zonas de abundancia de conejo o bien de ganado, a veces con cierta dependencia de las granjas de porcino (Del Moral et al., 2002).
El dominio vital de adultos reproductores
(10 machos y 4 hembras radio-marcados de la
colonia de Sierra Pelada en Huelva) incluye zonas abiertas (28-31%), dehesas
(25-30%) y plantaciones de pinos y eucaliptos (21-29%). Los campos de
cultivo son menos utilizados que otros tipos de hábitat (dehesas, zonas
abiertas, plantaciones forestales). Dentro de los dominios vitales el uso de
hábitats es proporcional a su disponibilidad,
tanto en la época reproductiva como en la no reproductiva. Las dehesas son
seleccionadas positivamente con independencia de su distancia a la colonia
(Carrete y Donázar, 2005).1 En
Abundancia
Durante el censo de 2006 se han detectado 1.845
parejas. Al corregir la cifra obtenida en aquellas colonias donde no se
realizó el número de visitas necesario para detectar en su totalidad las
fracciones no reproductora y la reproductora que fracasa, la población
podría ascender a 2.440 parejas (De
La población en 2004 se estimó en 1.400 parejas
reproductoras según los datos aportados por el grupo de trabajo de Buitre
Negro de La población por comunidades autónomas y núcleos reproductores según su orden de importancia es la siguiente:
Extremadura. En 2006 se han detectado un
total de 858 parejas, de ellas 336 en la sierra de San Pedro (Cáceres y
Badajoz), 33 en las Hurdes (Cáceres), 48 en la
sierra de Gata (Cáceres), 18 en Granadilla (Cáceres), 52 en los
Ibores (Cáceres), 11 en el
Cíjara (Badajoz), 63 en el Tajo internacional (Cáceres), 287 en
Monfragüe (Cáceres), 4 en la sierra de Cañaveral
(Cáceres), 3 en la sierra de Dios Padre (Cáceres), 2 en Tartamuda (Cáceres)
y una en Zarza Mayor (Cáceres) (De En el año 2000 tenía una población de 650 parejas reproductoras (Costillo et al. 2002), repartida de la siguiente manera:
-Badajoz (11 parejas). Todas ellas concentradas
en la sierra de Cíjara. Los otros dos puntos de
cría en la provincia, Cornalvo y
-Cáceres (639 parejas). Distribuidas en siete
colonias y una pareja aislada. La mayor colonia, con 265 parejas se sitúa en
las proximidades del río Tajo, en el Parque Natural de
Monfragüe. Le sigue en importancia la colonia situada en la sierra de
San Pedro, con 254 parejas estimadas en el año
Castilla-La Mancha. En 2006 se han
detectado un total de 367 parejas, de ellas 165 en Cabañeros (Ciudad Real),
49 en el área de influencia de Cabañeros (Ciudad Real), 129 en Tenía una población de 273 parejas en 2001 (Mosqueda, 2004). Según las provincias y núcleos descritos, la población se repartía de la siguiente manera: -Ciudad Real (272 parejas): Cabañeros 141 parejas, área de influencia de Cabañeros 18 parejas, sierra de los Canalizos 39 parejas y valle de Alcudia 75 parejas. -Toledo. Montes de Toledo, sólo cuenta con una pareja aislada.
Castilla y León. En 2006 se han detectado
un total de 287 parejas, de ellas una en Piedrahita (Avila),
7 en los pinares del bajo Alberche (Avila), 10
en la sierra de Castillejos (Avila), 27 en
Trampalones (Avila),
23 en Tenía una población de 231 parejas en el año 2000 (Azcárate y Carbonell, 2004). Según las provincias y núcleos descritos, la población se repartía de la siguiente manera: -Ávila (121 parejas): macizo oriental de Gredos 116 parejas y macizo central de Gredos 5 parejas. -Salamanca (43 parejas): sierra de Quilamas 31 parejas, río Alagón 8 parejas y sierra de Gata 5 parejas. -Segovia (66 parejas): Guadarrama 59 parejas y Navafría 5 parejas.
Andalucía. En 2006 se han detectado un
total de 233 parejas, de ellas 62 en la sierra de Andujar (Jaén), 26 en la
sierra de Hornachuelos (Córdoba), 47 en la sierra norte I (Córdoba y
Sevilla), una en la sierra norte II (Sevilla), una en Había 172-187 parejas en 2001, 182-210 parejas en 2002, 186-211 parejas en 2003 y 187-209 en 2004 (Arenas, 2004):
-Huelva (80 parejas): 79 parejas en Sierra
Pelada y una pareja aislada en -Córdoba (35 parejas): se localizan en la sierra de Hornachuelos. -Jaén (52 parejas): Todas ellas se sitúan en la sierra de Andújar. -Sevilla (42 parejas): Todas ellas situadas en Sierra Norte.
Madrid. En 2006 se han detectado un total
de 89 parejas, de ellas 11 en Valdemaqueda, 77
en Rascafría y una en el bajo
Lozoya (De
Había 60 parejas en 2001, 69 parejas en 2002, 74
parejas en 2003 y 81 parejas en 2004 (66 reproductoras). El grueso de la
población en las ZEPA de Alto Lozoya, con 74
parejas (91%), en
Islas Baleares. En 2006 se han detectado
11 parejas (De
Evolución de la población No se ha abordado en España hasta la fecha un censo de forma coordinada con un esfuerzo intensivo desde el inicio de la formación de las parejas hasta el vuelo de los pollos, con una metodología homogénea y en un mismo año en todas las localidades con presencia de la especie. Por tanto, las cifras dadas anualmente son origen de censos puntuales, estimas y aproximaciones en función de censos de otros años en distintas localidades. Sólo en los últimos años esta información es más consistente y aún así carece de la rigurosidad que se merece la especie, pues siguen sin existir censos constantes para muchas de las colonias existentes. La población de Buitre Negro en España parece que sufrió un continuo declive hasta el inicio de la década de 1980, cuando entran en vigor determinadas leyes que protegen especialmente a la especie (Directiva 79/409, Ley 4/1989 y distintos planes de recuperación regionales; Sánchez, 2004), pero realmente se desconoce el valor de este descenso al no existir censos globales anteriores a esa fecha. La primera estima es del año 1973, cuando se da una población para España de 206 parejas (Hiraldo, 1974). El segundo dato con información de muchas de las colonias y estimas para otras se da para la temporada de 1986, cuando se establece la población en 365 parejas (González et al.,1986). Los censos a partir de esta época parecen ser más constantes y se constata la ocupación de colonias que habían desaparecido en las décadas anteriores, así otra nueva estima para 1989 sitúa la población en 774 parejas (González, 1990). Aunque este incremento puede no ser real por la supuesta escasa cobertura de los primeros censos, sí se sabe que ha sido muy fuerte (Donázar, 2002).
En la década de 1990 los censos son más
continuados y rigurosos y en 1992-1993 se establece una nueva cifra que
sitúa la población en 1.027 parejas (Sánchez, 1998). A partir del año 2000,
aunque sigue sin utilizarse una metodología estandarizada, los censos o
estimas por colonias se recopilan anualmente por el grupo de trabajo de
Buitre Negro de
El número de visitas de
censo a los nidos influye en la estima del tamaño de población. Pocas
visitas (cuatro o menos) producen estimas más altas de productividad y éxito
reproductivo, recomendándose por lo menos 8 visitas a los nidos. Se estima
que el tamaño de la población española en 2004 era de 1.710 parejas, en vez
de las 1.523 parejas censadas (De
Figura 1. Evolución de la población de Buitre Negro en España.
Este incremento parece ser constante en todas
las comunidades en las últimas décadas aunque más acusado en unas zonas que
en otras; la excepción es Andalucía, donde no parece detectarse una
evolución positiva como en otras comunidades (Figuras 2-6). Destaca la
evolución de la población y de los parámetros reproductivos obtenidos en las
grandes colonias de Extremadura que, dado el gran número de ejemplares que
producen al año, podrían hacer la función de centro de dispersión de la
especie en En Andalucía, el estancamiento de la población en la última década se debe básicamente a la evolución de sus dos principales colonias Sierra Pelada y Hornachuelos, donde la población no aumenta y en algunas temporadas sufre descensos de parejas reproductoras importantes, al contrario de lo que ocurre en Sierra Norte de Sevilla y en Andújar (Figura 2; Arenas, 2004; Godino et al., 2004; Luque et al., 2004, Martín et al., 2004).
Figura 2. Evolución de la población de Buitre Negro en Andalucía.
Desde los primeros datos de presencia de la especie en Castilla-La Mancha conocidos (1973), cuando se cita una única colonia, hasta la actualidad (cinco colonias), el incremento de la población, tanto numéricamente como en colonias de nidificación ha sido muy considerable. Se desconoce el porcentaje real de incremento por falta de cifras exactas basadas en censos completos anteriores a 1980 (Figura 3; Mosqueda, 2004).
Figura 3. Evolución de la población de Buitre Negro en Castilla-La Mancha.
En Castilla y León, aunque no se dispone de datos globales para cada año, sí se conoce que la evolución ha sido muy positiva desde la década de 1970, cuando se estimaba una población de 43 parejas. El incremento numérico ha ido acompañado de colonización de nuevas áreas de reproducción, pues actualmente se describen 7 colonias, algunas de ellas con varios núcleos. Se estima un crecimiento global de 13 parejas anuales para toda la comunidad y sólo una de las colonias sufre decremento poblacional desde 1990 (Batuecas; Azcárate y Carbonell, 2004). Extremadura es la comunidad que ha experimentado mayor incremento numérico en las últimas décadas. Este crecimiento se debe especialmente a la evolución positiva de las colonias de Monfragüe y sierra de San Pedro. El crecimiento se sitúa en un 5,9% desde los años setenta hasta 1986, posteriormente este incremento aumenta hasta situarse en un 7,67-7,76%, posiblemente a la mejor calidad de los censos en parte, pero en los últimos años estas tasas son mucho menores (Costillo et al., 2002).
Figura 4. Evolución de la población de Buitre Negro en Extremadura.
En las Islas Baleares se desconoce en gran medida la población que existía antiguamente, aunque la especie se conoce como reproductora en el mismo punto donde cría actualmente (Bernis, 1966, Elósegui, 1970, 1971). La evolución desde que se inició el programa de reforzamiento de la población ha sido positiva (Figura 5) pero parece haberse estabilizado al alcanzar las 10 parejas a partir de 1998, manteniéndose en las diez parejas en 2002 con seis reproductoras (Sánchez, 2004; Tewes, 2003). En el año 2004, 12 parejas ocuparon nidos, hubo 10-11 puestas, 7-8 eclosiones y 7 pollos volanderos (Tewes, 2004).2
Figura 5. Evolución de la población de Buitre Negro en Islas Baleares.
En Madrid, la evolución ha sido claramente
positiva (Figura 6) y se ha debido al buen estado de conservación de la
colonia situada en el Alto Lozoya, pues la otra
colonia importante, la situada en
Figura 6. Evolución de la población de Buitre Negro en Madrid.
Estatus de conservación Categoría Mundial IUCN (2008): Casi Amenazado NT (BirdLife International, 2009).5 Categoría España IUCN (2004): Vulnerable VU (Sánchez, 2004). La especie está catalogada a escala mundial como "Casi Amenazada", debido básicamente al declive sufrido en el último siglo, aunque algunas poblaciones se empezaron a recuperar en la última década (Collar et al., 1994). En Europa está considerada "Rara" e incluida en la categoría SPEC 1 (BirdLife International, 2004), debido a que sus poblaciones requieren medidas de conservación a nivel global. En España, dentro del Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (Real Decreto 439/1990), el Buitre Negro queda incluido como especie de "Interés Especial". La catalogación que tiene en cada comunidad autónoma es la siguiente: Extremadura "Sensible a la alteración de su hábitat", Castilla-La Mancha "Vulnerable", Islas Baleares "En Peligro" y Madrid "En Peligro".
Factores de amenaza Intoxicación por veneno. Posiblemente la mayor causa de mortalidad de la especie sea el veneno. En numerosas fincas de caza menor se utilizan cebos envenenados para regular el número de predadores que consumen presas cinegéticas (conejo y perdiz básicamente). También es importante, aunque de forma más puntual, el uso de venenos por ganaderos por ataques de perros asilvestrados y lobos. Entre 1990 y 2002 se encontraron más de 400 ejemplares de Buitre Negro envenenados (Sánchez, 2004). La mortalidad por esta causa es general en todo su área de distribución, así se encontraron un mínimo de 91 Buitres Negros muertos en Castilla-La Mancha para el periodo 1995-2005 (Cano y Hernández, 2005) y 43 en Castilla y León (Azcárate y Carbonell, 2004). Esta causa de mortalidad sigue en activo, así en 2003 se constata la muerte de 13 ejemplares en Andalucía (Arenas, 2004). Otro ejemplo de la gravedad de esta amenaza sería la muerte de un mínimo de 16 Buitres Negros en cotos de caza en un año a partir de marzo de 2004 en las provincias de Toledo y Ciudad Real (Cano y Hernández, 2005). De 259 episodios de intoxicación ocurridos en España en el periodo 1990-2006 que afectaron a 501 buitres negros, 492 fueron encontrados muertos. Los tóxicos más importantes son el carbofurano, el aldicarb y la estricnina, que representan el 71,4% de los episodios investigados (n = 185) (Hernández y Oria, 2007).3 Destrucción de hábitat. El establecimiento de infraestructuras produce destrucción y/o fragmentación de hábitat, y un aumento de la accesibilidad y presencia humana. Son actuaciones que aumentan la accesibilidad (construcción de pistas), protección contra el fuego (construcción de cortafuegos, instalación de torres de vigilancia), aprovechamientos cinegéticos, aprovechamientos energéticos (energía eólica, tendidos eléctricos, explotaciones de minería e hidráulica) y promoción del turismo. Ver detalles en Moreno-Opo (2007b). Gestión inadecuada de los montes como la apertura de pistas, cortafuegos, accesos a excursionistas, etc. En la colonia de Cabañeros (Ciudad Real) se ha determinado que las zonas próximas a los caminos no son utilizadas para situar los nidos en una banda aproximada de 400 m (Jiménez, 2002). El fracaso reproductivo en siete colonias de Extremadura en el año 2000 se relacionó positivamente con la distancia a la pista más cercana (Morán-López et al., 2006b).2 Gestión forestal. Explotación inadecuada de determinadas masas forestales, como la llevada a cabo en Huelva (Sierra Pelada) en la última década, que junto con el veneno originó un gran declive de aquella colonia (Galán et al., 1998; Donázar et al., 2002). En este sentido la especie no solo se puede ver afectada por la tala indiscriminada sino también por extracciones, no solo de madera sino de derivados como el corcho, quemas, clareos, etc., en épocas especialmente sensibles de su periodo reproductor. Se han encontrado diferencias en las densidades de arbolado, en las distancias entre nidos ocupados y en la tolerancia a los caminos que se explican por la diferente explotación de distintos tipos de pinar (Fargallo et al., 1998). Por otro lado Por otro lado, en Grecia, donde la especie nidifica en un hábitat muy similar a algunos de los utilizados por el Buitre Negro en España y sometido a explotación forestal, se ha determinado como factores clave para conservar a la especie la conservación de los árboles más viejos aislados, el mantenimiento de áreas de estricta protección para la especie, proteger el hábitat potencial no utilizado por la especie para preservarlo de posibles alteraciones y realizar un seguimiento de los posibles cambios en el hábitat (Poirazidis et al., 2004). Donázar et al. (2002) indica que los efectos negativos de la explotación forestal pueden persistir por mucho tiempo aun después de que esta disminuya. También concluyen que para conservar eficientemente la especie es necesario proteger el hábitat de actividades humanas cerca de los nidos. Los conflictos entre los conservacionistas y la población local que trabaja en los trabajos forestales pueden ser evitadas dirigiendo los trabajos a zonas sin importancia para la conservación y redirigiendo el trabajo de la población local a actividades relacionadas con la conservación de la naturaleza. Existen numerosos tipos de molestias que afectan al buitre negro, especialmente durante la reproducción. El descorche es una práctica que puede incidir en el éxito reproductor. El seguimiento del descorche realizado en la Umbría de Alcudia reveló que la distancia a que actúan los trabajadores determina la actividad de los buitres. La probabilidad de que los buitres se espanten se incrementa cuando la distancia se reduce a menos de 300 m. Los adultos reproductores no vuelven al nido hasta que los corcheros se retiran a más de 500 m y una vez transcurridos una media de 88,5 min fuera del nido, tiempo durante el que los pollos pueden sufrir procesos de deshidratación acusados. De un total de 22 nidos controlados, en dos el pollo murió por deshidratación (Moreno-Opo y Arredondo, 2007).3 Cabaña ganadera. Las cabañas ganaderas forman una parte fundamental de la dieta del buitre negro, que se alimenta tanto de cadáveres de reses muertas por enfermedad o accidente como de restos depositados en muladares (Moreno-Opo et al., 2007). Uno de los aspectos más importantes de la gestión de la ganadería es el control sanitario, por tratarse de productos destinados al consumo humano. Las enfermedades que afectan al ganado son muy variadas y en los últimos años han surgido algunas que han alcanzado gran notoriedad, como es el caso de la encelopatía espongiforme bovina o enfermedad de las vacas locas. Para evitar el consumo de restos que pudieran estar afectados por el prión causante de esta enfermedad, se ha regulado la gestión y eliminación de cadáveres, especialmente de vacas, ovejas y cabras. Desde el año 2000 las comunidades autónomas han establecido procedimientos de recogida y eliminación de cadáveres, lo que ha producido una considerable reducción del alimento disponible para los buitres (Camiña, 2004). Como consecuencia de esto, se ha observado reducción del éxito reproductivo en las colonias de Sierra Morena y Sierra de San Pedro, que no ha superado el valor de 0,6 (Moreno-Opo et al., 2007).3 Se ha sugerido que los tratamientos sanitarios al ganado pueden afectar a los buitres negros. Se han detectado elevadas concentraciones de antibióticos en sangre de pollos. También se ha detectado enrofloxacina y ciprofloxacina en el hígado de ejemplares muertos. La exposición a antibióticos podría incrementar las tasas de mortalidad (Lemus et al., 2008).3 Pollos que han consumido antibióticos muestran depresión de su sistema immune celular y humoral (Lemus y Blanco, 2009).5 Colisión con tendidos eléctricos y electrocución. Se citan tres casos en los últimos años en Castilla y León (Azcárate y Carbonell, 2004) y al menos tres aves de la colonia de Rascafría (Madrid) en la última década (datos propios). Durante el periodo 1990-2006 se tiene conocimiento de la muerte de 34 ejemplares en tendidos eléctricos. La colisión y electrocución causa el 7% (n = 28) de los ingresos (n = 400) de buitre negros en centros de recuperación de fauna (Moreno-Opo, 2007c).3 Incendios forestales. Existe cierta mortalidad ocasionada por incendios forestales, muchas veces naturales (originados en tormentas; Galán et al., 1998; Azcárate y Carbonell, 2004). Los incendios tienen un efecto relativamente bajo. En Sierra Pelada, durante el periodo 1984-1992 la muerte de pollos en incendios fue la causa del 7% de los fracasos reproductores y del 38% del total de los pollos muertos. La mejora de las medidas de prevención han permitido que en el periodo 1993-2006 solo se ha producido un incendio, arrojando el total de los 23 años de estudio un balance 17 pollos muertos, equivalentes al 1,5% de los nacimientos, al 3% de los fracasos reproductores y al 14% del total de pollos muertos (Galán et al., 2007).3 Energía eólica. El impacto de la energía eólica sobre el buitre negro es casi inexistente; solamente se conocen dos colisiones, una en Soria y otra en Zaragoza, aunque el trabajo se ha realizado fuera del área de distribución habitual de la especie (Camiña, 2007). Caza ilegal. El número de buitres negros ingresados por disparo en centros de recuperación alcanza los 14 ejemplares de un total de 410 en el periodo 1990-2005 (Moreno-Opo, 2007d).3
Medidas de conservación Planes de conservación. Las herramientas más útiles para la conservar actualmente la especie son los planes de recuperación o los planes de conservación a escala autonómica. Actualmente existen planes en marcha para el Buitre Negro en Castilla-La Mancha, Islas Baleares y Extremadura. La falta de catálogos regionales en algunas comunidades como Castilla y León y la falta de planes de conservación o de recuperación según obliga la catalogación de la especie en esos catálogos originan vacíos legales para trabajar en la conservación de la especie. Protección de hábitat. Deberían protegerse los hábitats tanto de las zonas de reproducción como de las zonas aledañas, con el fin de que haya áreas boscosas para la nidificación y áreas más abiertas para la obtención de alimento (Morán-López et al., 2006a). 2La conservación de las colonias de reproducción exige no sólo la protección de los sitios de nidificación, que ocupan áreas relativamente reducidas, sino también de las dehesas donde los adultos obtienen su alimento, que pueden extenderse por grandes áreas. El seguimiento de 14 adultos radiomarcados en la colonia de Sierra Pelada (Huelva) reveló un área total de movimientos alrededor de la colonia de 592.572 ha, con desplazamientos hasta 86 km de distancia (Carrete y Donázar, 2005).1 La combinación de recogida de datos en el campo con el uso de métodos de cartografía predictiva aplicados al conocimiento del hábitat potencial puede ser beneficiosa para la gestión y conservación del buitre negro (Morán et al., 2007).3 En la actualidad las dehesas están orientadas a la producción ganadera mixta (vacuno, ovino y porcino) y al aprovechamiento cinegético (Guil et al., 2007b).3 Se recomiendan actuaciones de gestión de hábitat en dehesas para incrementar la eficacia de los rendimientos económicos respetando que sean respetuosos con el medio y sean sostenibles en el tiempo. Ver detalles en Moreno-Opo et al. (2007a).3 Gestión forestal. Se recomienda que las actividades forestales se dirijan a proteger árboles grandes, ya sean encinas, alcornoques o pinos, y a sustituir los eucaliptos por especies autóctonas. Las actividades recreativas o económicas (forestales o de caza) alrededor de las zonas de reproducción deberían ser programadas y organizadas para evitar las molestias, especialmente las derivadas de la proximidad de carreteras y pistas (Morán-López et al., 2006a). 2 La madera de pino silvestre, especialmente la de los pinares de la sierra de Guadarrama, es muy apreciada. Es fundamental hacer compatible el aprovechamiento forestal de los pinares con la conservación del buitre negro (De la Puente, 2007c).3 El buitre negro es muy sensible a las molestias provocadas por los trabajos forestales, que pueden provocar la destrucción o alteración del hábitat o de los nidos, molestias en época de cría que produzcan la pérdida de huevos o pollos y el abandono de áreas de nidificación (De la Puente, 2007d). 3 Para una gestión forestal de los pinares compatible con la conservación, se recomienda la anticipación para evitar afecciones, periodos de trabajo que respeten la fenología reproductiva del buitre negro, respetar las distancias mínimas de trabajo a los nidos y gestión del hábitat que favorezca la nidificación como por ejemplo el mantenimiento de grandes árboles espaciados que sobresalen sobre los demás (De la Puente, 2007e).3 La planificación y desarrollo de los trabajos forestales del pinar de Rascafría se lleva a cabo cada año en base a la información sobre la localización de los nidos (Vielva y De la Puente, 2007).3 En la colonia de Valsaín (Segovia) se han establecido restricciones de actividad alrededor de los nidos. En 100 m alrededor no se efectúa ninguna corta o trabajo silvícola y entre 100 y 500 m solamente se realizan actividades forestales entre octubre y diciembre (Donés et al., 2007).3 Los aprovechamientos tradicionales del monte mediterráneo, basados en el pastoreo con cabras, el carboneo, la caza y la extracción de corcho han dado paso en la actualidad a la caza mayor y el corcho (Guil et al., 2007). En el monte mediterráneo se llevan a cabo hoy en día tareas relacionadas con: la gestión forestal, la prevención de los incendios, actividades cinegéticas y actividad ganadera (Guil et al., 2007).3 Las actividades que lleva a cabo el hombre en el monte mediterráneo pueden afectar al buitre negro (Morán et al., 2007).3 La conservación de los hábitats de reproducción actual en el monte mediterráneo debe dirigirse hacia el arbolado de porte suficiente para albergar los nidos, sobre todo alcornoque y encina. Por otro lado, la programación de actuaciones selvícolas debe evitar el periodo reproductor en la cercanía de los nidos. Ver más detalles en (Guil et al., 2007a).3
Variabilidad genética. La distribución de haplotipos mitocondriales y la divergencia de loci nucleares indica que las poblaciones ibérica y balcánica son cada una de ellas unidades evolutivas que deberían ser manejadas con el fin de mantener o incrementar los niveles actuales de variabilidad genética (Poulakis et al., 2008).5
Gestión cinegética. Se han propuesto medidas de gestión de las poblaciones de ungulados y de la actividad cinegética. Ver detalles en Moreno-Opo et al. (2007b). Se ha propuesto el fomento de las poblaciones de conejo de monte. Ver detalles en Guil et al. (2007).3
Cabaña ganadera.
La gestión de la cabaña ganadera, especialmente del ganado ovino, en las
zonas de alimentación del buitre negro es muy importante para su
conservación. El ovino es la cabaña más beneficiosa para la alimentación del
buitre negro por su tamaño, abundancia y el carácter extensivo de su
explotación. Por otro lado, es importante el desarrollo de la alimentación
de aves carroñeras en muladares (Moreno-Opo et
al., 2007).3
Medidas de participación social. El hábitat en el que vive el buitre negro está influenciado por numerosas actividades humanas, que son llevadas a cabo por distintos grupos sociales que tienen responsabilidad sobre ellas: administración, propietarios de terrenos, gestores cinegéticos, guardería de fincas, agentes medioambientales, agricultores y ganaderos, conservacionistas, cazadores, silvicultores e investigadores. La conservación del buitre negro requiere aunar la participación de todos los agentes mencionados (Moreno-Opo et al., 2007).3
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Juan Carlos del Moral y Javier de la Puente SEO/BirdLife C/ Melquiades Biencinto, 34 28053 Madrid
Fecha de publicación: 19-12-2005
Otras contribuciones: 1: Alfredo Salvador. 10-10-2006; 2. Alfredo Salvador. 19-01-2007; 3: Alfredo Salvador. 21-02-2008; 4: Alfredo Salvador. 26-08-2008; 5. Alfredo Salvador. 12-03-2010
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